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Joaquín de Fiore y la Conferencia Episcopal

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Joaquín de Fiore, monje calabrés de principios del segundo milenio de enorme influencia posterior, dividía la historia universal en tres etapas correspondientes a las tres Personas de la Santísima Trinidad. La Edad del Padre, desde la Creación hasta el nacimiento de Cristo, habría estado dominada por el miedo a la sanción divina y su virtud teológica principal sería la esperanza; la Edad del Hijo, hasta el final del primer milenio de nuestra era, estaría marcada por la fe; y la tercera edad, la del Espíritu Santo, hasta el final de los tiempos, vendría regida por la caridad.

Joaquín preveía para esta última una humanidad que hoy llamaríamos utópica, donde no habría más guerras ni enemistades, la Iglesia abandonaría su estructura jerárquica, renunciando a todo poder terrenal y todos vivirían a la perfección los consejos evangélicos al modo de los monjes.

La Iglesia nunca ha condenado a la persona de Joaquín de Fiore -que es, de hecho, beato-, pero sí varias de sus formulaciones teológicas. Y, desde luego, como ‘Maestra en Humanidad’, no ha dado ninguna aplicación doctrinal a sus peregrinas tesis historicistas. Con el tiempo, y ya fuera del catolicismo, se han sucedido los intentos de imponer sistemas ideológicos que propiciasen la humanidad que soñaba De Fiore para la Tercera Edad, con resultados invariablemente desastrosos.

¿Qué tiene que ver este místico medieval con la Conferencia Episcopal Española de hoy, con la jerarquía católica de ahora mismo? Mucho, como revela el mensaje de la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado 2019, publicado por la Comisión Episcopal de Migraciones de la CEE.

En él se insta al Gobierno a que cumpla el Pacto Mundial para la Migración de las Naciones Unidas -que estipula un ‘derecho’ a emigrar y, por tanto, un ‘deber’ de todo país a acoger a cuantos inmigrantes aparezcan a sus puertas-, además de que “traten de erradicar y prevenir las situaciones de vulnerabilidad, o la desatención de los derechos humanos vinculadas bien a la irregularidad administrativa (siguen existiendo en la calle mujeres embarazadas, o menores no acompañados) o a las dificultades provenientes de nuestras fronteras, a leyes discriminatorias, o a la reclusión tan doliente y dura en los Centros de Internamiento, por ejemplo. Para estos últimos nuevamente pedimos su cierre con alternativas claras y legales”.

Cita el documento palabras de su anterior presidente, hablando de la “necesidad de formar, informar y crear conciencia sobre la movilidad humana, sin silenciar la aportación positiva que la inmensa mayoría de los migrantes hace al país que los acoge en todos los planos: económico, cultural y también en el religioso, rejuveneciendo y revitalizando nuestras parroquias y comunidades”. Teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de los recién llegados son musulmanes, uno no entiende demasiado bien de qué forma “revitalizarán nuestras parroquias”, salvo en el sentido de que las conviertan en mezquita, lo que ha dejado de ser en absoluto insólito en Europa.

Nuestros obispos, pues, quieren “formar, informar y crear conciencia”, pero solo de lo que juzguen positivo en este fenómeno, lo que podría considerarse una forma grosera de manipulación. El cierre de los Centros de Internamiento, por ejemplo, significaría que cualquiera de los que han asaltado la valla de Melilla -violentamente e hiriendo a varios agentes, aunque eso no se deba decir en presencia de Osoro- podrían pasearse por España sin ningún tipo de identificación, sin figurar en ninguna parte, imaginamos que de parroquia en parroquia donde obtener las necesarias ayudas.

La idea es netamente milenarista, la que se niega a ver en el hombre a un ser caído.

Naturalmente que los inmigrantes ilegales son un problema. Puede defenderse que se les acoja, que se les integre, incluso que se les deje entrar a todos los que lo deseen; pero es sencillamente deshonesto y suicida negar que sean también un problema, presente o potencial.

Hay choque cultural, hay el peligro evidente de la delincuencia -¿a qué se va a dedicar un extranjero procedente de una remota cultura sin conocimientos suficientes del idioma, sin cualificación profesional, en un país extraño con un paro del 20%?-, hay el peligro de violencia inherente a toda población joven masculina sin mujer ni familia, hay el peligro obvio de marginación, hay el peligro de colapso de los servicios sociales… No es como si no tuviéramos a nuestro alrededor ejemplos de los problemas que aportan, incluso si se quiere pensar que son menores que sus presuntos beneficios.

Pero de nuestros pastores solo nos queda constatar, con infinita tristeza, esta enésima prueba de la falsa ‘sinodalidad’. Quiero decir que nada de esto es idea suya, no hay una súbita conversión propia e independiente de nuestros pastores que les lleva a entender la centralidad de la inmigración en el mensaje cristiano, eclipsando incluso a la necesidad de salvación, como no la hay a la urgencia de ‘salvar el planeta’. Es solo que el Papa -que para los católicos es el Vicario de Cristo, pero para ellos es, además, su jefe- tiene estas obsesiones y los obispos marcan el paso de la oca, copiando incluso los modismos verbales.

Y en el Papa, la reverberación de este utópico milenarismo a lo Joaquín de Fiore es más que evidente en toda su ‘renovación’, desde el entusiasmo por las Naciones Unidas -a la que “debemos obedecer”- y sus planes globalistas hasta su condena a la condena de muerte y a la cadena perpetua, su confianza en un ‘pacto educativo global’ con las autoridades civiles -no exactamente bien dispuestas hacia la fe- que haga un mundo solidario (¿anula la educación la libertad humana?), su petición para que los países abandonen el uso de combustibles fósiles, su intento de diseñar una ‘nueva economía’ y tantos otros proyectos meramente humanos que poco o nada tienen que ver con el anuncio del Evangelio.

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9 comentarios en “Joaquín de Fiore y la Conferencia Episcopal
  1. Y si no compiten en parafrasear los tópicos de Francisco y en endosar sus manías ideológicas, ¿cómo pretende usted que los eclesiásticos asciendan y hagan carrera? ¡Estamos en el siglo XXI, no en los tiempos color sepia en que monseñores con bonetes y breviarios iban por ahí creyendo y soñando en Dios!

  2. No deja de ser triste y preocupante que el Papa se dedique dia si y dia tambien a dar lecciones de cómo hay que gobernar el mundo y cómo solucionar sus problemas. Los problemas de la inmigración no se arreglan abriendo puertas . Esto trae más problemas que soluciones. Me preocupa el desprestigio y el deterioro de imagen que está sufriendo el Papa y los obispos por hablar de temas que deben reservarse a las autoridades civiles. El evangelio marca pautas de conducta, pero no es un reglamento . Hay que recordar siempre el espíritu evangélico y dejar al César lo que es del César.

  3. Estamos en los tiempos del fin. El Hijo de Gog ((Ber Gog) lío, ya dio la orden de condenar a muerte a la Iglesia. por rígida y falta de amor (es que no había llegado èl)

  4. «hay el peligro de violencia inherente a toda población joven masculina sin mujer ni familia,» y agreguemos, islámica, con todo lo que eso significa en cuanto a aprecio y respeto de los derechos de la mujer.

  5. ¿ A quien favorece la emigración masiva ? Claramente a las multinacionales, por el abaratamiento de la mano de obra. Antes se decía «es mileurista»; ahora «ojala fuera mileurista». Si a ello se le añade desarraigo y ruptura de la unidad familiarar, el cuadro no puede ser más desastroso. Los problemas de los países subdesarrollados se resuelven ayudándoles en su desarrollo, no fomentando las migraciones calamitosas.

  6. El emigracionismo selectivo de la CEE (del Islam a Europa) favorece al liberalismo (bajos sueldos) y al progresismo (diversidad, poliamor por poligamia): obispos españoles, brazos tontos del NOM.

    La declaración de la CEE es de risa, irreal, absurda e ilógica, jamás se cumplirá, y lo saben, pero deben obedecer y hacer el paripé al coro de ranas del Vaticano, sumiso al NOM-ONU, sede de masones liberales y progresistas.

    Por mi lado, ni caso al croar de ranas, y votaré a partidos que limiten la emigracion y hagan todo lo contrario al Imperio NOM. Amor, bien y paz en la alegría de la libertad de los Hijos de Dios en la Luz del Padre.

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