“Ningún César puede disponer sobre la vida”,  Obispo denuncia impuestos y cobro de piso

“Ningún César puede disponer sobre la vida”,  Obispo denuncia impuestos y cobro de piso

El 18 de octubre de 2026, en la catedral de Apatzingán, el obispo Cristóbal Ascencio García ofició la misa del XXIX Domingo del Tiempo Ordinario con una intención precisa y dolorosa: el eterno descanso de Bernardo Bravo Manríquez, líder de los citricultores del Valle de Apatzingán, asesinado el 19 de octubre de 2025. A un año exacto del crimen, la viuda Amelí Navarro Lepe estaba presente en el templo. La celebración coincidió con el Domingo Mundial de las Misiones y con el Evangelio de Mateo 22,15-21, la trampa de fariseos y herodianos sobre el tributo al César y la respuesta de Jesús: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Ascencio García no se limitó a la exégesis litúrgica. En su reflexión, leída y predicada desde el ambón, aplicó el texto a la realidad inmediata de su diócesis. Describió la alianza circunstancial de fariseos y herodianos para destruir a Jesús y la contrapuso a la realidad contemporánea de quienes, desde el legalismo o el poder político, mantienen el corazón lejos de Dios y del pueblo. La moneda del tributo lleva la imagen del emperador; el ser humano, según el Génesis, lleva la imagen de Dios. Por eso, afirmó, ningún César puede arrogarse derecho absoluto sobre la vida, la libertad o la conciencia.

El prelado fue explícito sobre el doble gravamen que asfixia a la región. “Los impuestos los pagamos nos guste o no”, recordó, pero preguntó de inmediato si se da a Dios lo que le pertenece. En el escrito de la homilía se lee que “nuestros pueblos viven bajo el asedio de los cobradores de impuestos, por un lado, los impuestos establecidos por el gobierno, siempre al alza y que no podemos dejar de pagarlos, por otro, lo que se llama el ‘cobro de piso’, las famosas cuotas, que también deben pagarse si se quiere seguir trabajando o no arriesgar la vida”. Quien no puede pagar, añadió, debe abandonar la región. En su diócesis ha visto “tantas familias emigrar en busca de una vida mejor; buscando esa paz para seguir trabajando, golpeadas por las injusticias y sintiendo la impotencia de no poder hacer nada”. Esta denuncia también coincide con las actuales discusiones en el Poder Legislativo Federal sobre el paquete económico, el aumento a impuestos establecidos y, en los próximos días, de la aprobación del presupuesto para el año fiscal 2027.

El obispo señaló que esos “impuestos fuera de la ley” o “solapados por la ley”, “en complicidad con la ley”, laceran al pueblo mientras “aquellos que prometieron protegerlo, siguen sordos y con narrativas de que todo está bien”. Pagar impuestos se ha convertido, dijo, en acciones que “nos han desangrado poco a poco” y conducen a la desesperación. Ante la frase “Dar al César lo que es del César”, se preguntó de manera radical: “¿Qué es del César? Nada, ni los impuestos, porque no son para el César, sino para que el César de turno se preocupe de que el pueblo que lo ha elegido tenga un mejor vivir”. Y añadió otra pregunta incómoda: ¿no será el César quien debe restituir a los sin voz, a los excluidos, a los desplazados por la violencia, a las víctimas de una justicia lenta? Citó el principio jurídico de que “justicia retardada es justicia negada”.

En el marco de esa crítica, el prelado cuestionó el destino y la visibilidad de los recursos públicos. Si se cobran impuestos  como el predial, sobre adquisiciones, derechos diversos y las contribuciones federales y estatales, “¿dónde se notan?” La presencia militarizada de seguridad (Ejército, Guardia Nacional, Guardia Civil) es constante en la región de Tierra Caliente, con bases de operaciones interinstitucionales y patrullajes. Sin embargo, Apatzingán vive una violencia continua que no se detiene. El Observatorio de Seguridad Humana de la Región de Apatzingán (OSHRA) documentó nueve homicidios y tres tentativas entre el 12 y el 18 de octubre de 2026, precisamente la semana previa y el propio día de la homilía, elevando el acumulado del año a 144 muertes violentas en el municipio.

Los hechos de esa semana acentúan la brecha entre el discurso de seguridad y la realidad. El 12 de octubre murió en un hospital un joven conocido como “El Macaco”, atacado el día anterior en la colonia 18 de Marzo. El 13, hombres armados irrumpieron en una vivienda de El Guayabo y asesinaron a Jorge Luis N.; su hija Alexa, de ocho años, resultó herida en el abdomen y falleció en la madrugada del 14 en el Hospital Infantil de Morelia, pese a que cerca opera una Base de Operaciones Interinstitucionales. El mismo día se localizaron dos cuerpos en Exhacienda La Huerta, relacionados con enfrentamientos entre grupos. El 16 fue la jornada más cruenta, tres hombres asesinados con huellas de tortura (uno en Cagüingas, dos en El Varillero), un vendedor de hamburguesas herido en Los Limones, y por la noche Verónica G., de 35 años, ejecutada a balazos en su vivienda del fraccionamiento Generalísimo Morelos, frente a sus hijos menores. También resultaron lesionados Valeria G.R. y Miguel Irán M.H., ambos de 25 años, en la colonia Buenos Aires. El OSHRA advirtió riesgo de desplazamiento masivo en Guanajuatillo y documentó el desplazamiento forzado de al menos cuatro familias de Exhacienda La Huerta. Una regidora municipal y una diputada local solicitaron la intervención de los tres órdenes de gobierno.

El asesinato de Alexa y su padre ocurrió a poca distancia de presencia institucional. La ejecución de una mujer frente a sus hijos sucedió en zona urbana. El hallazgo de cuerpos encobijados o con signos de tortura se repite. El limón, motor económico de la región, que genera cientos de millones de dólares anuales, se cotiza entre 5.50 y 6 pesos el kilo, por debajo del costo de producción estimado en 10 pesos, mientras el cobro de piso y las cuotas siguen operando.

La intención de la misa por Bernardo Bravo, además reflejó la cercanía del pastor. Bravo, presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán, había denunciado públicamente las extorsiones del crimen organizado a los productores de limón. En febrero de 2025 reportó amenazas que obligaron a cerrar oficinas del tianguis limonero. En septiembre describió una crisis de seguridad intensificada en Apatzingán y Buenavista por enfrentamientos entre grupos desde 2023, a pesar de reuniones con gabinetes de seguridad. Exigía estrategias para terminar con la extorsión al limón y convocó movilizaciones por precios justos y protección. El 19-20 de octubre de 2025 su cuerpo fue hallado en su vehículo, con signos de violencia, en la zona de Los Tepetates. Las investigaciones señalaron inicialmente a Rigoberto López Mendoza (“El Pantano” o “El Plátano”), ligado a células de extorsión (Los Blancos de Troya, relacionadas con Los Viagras y el CJNG). Reportes posteriores de El País apuntaron a César Sepúlveda, alias “Bótox”, como figura central de una red que cobraba dos o tres pesos por kilo a empacadores en más de 100 mil hectáreas. El valle de Apatzingán es descrito como un “ecosistema enmarañado” donde las fronteras entre empresarios, políticos, policías y criminales son difusas.

A un año, la viuda Amelí Navarro Lepe, quien ha exigido “justicia integral” y ha señalado que ninguna resolución reparará la ausencia de su esposo, estuvo en la catedral. Horas después de la misa se bendijo un mural en el tianguis limonero. El lema de las conmemoraciones fue “Por una vida libre y en paz duradera”. La homilía de Ascencio García, al recordar a Bravo y al denunciar el doble tributo, conectó la memoria de la víctima con la situación actual, los mismos mecanismos de cobro ilegal que Bravo denunció siguen operando, las familias siguen emigrando o desplazándose, y los números de homicidios no ceden pese a la militarización.

El prelado advirtió contra la interpretación más torcida de la frase de Jesús, abandonar el campo del mundo y la sociedad a los gobiernos y encerrar a Dios en la sacristía. Cuando la Iglesia se opone a leyes sobre aborto, educación viciada o eutanasia, se le acusa de meterse donde no le llaman. Exactamente, dijo, hay que colaborar con el César en la creación de una sociedad mejor y más igual, cumpliendo las leyes justas y pagando impuestos por los servicios que se reciben, pero ningún César, por muy mayoría absoluta que tenga, puede disponer de la vida, la libertad o la conciencia. Cuanto más fuerza tiene el Estado, más tentación de creerse poder absoluto; la conciencia individual se manipula desde los medios y el hombre se convierte en máquina de votar. Todo gobierno está llamado a servir al hombre, a buscar su bien y a crear el ambiente para que sea feliz, sin olvidar el elemento trascendental que hay en él.

San Agustín, citado al cierre de la homilía, resume la exigencia: “El César busca su imagen, dásela; Dios busca la suya, devolvédsela. No pierda el César su moneda por vosotros; no pierda Dios la suya en vosotros”. “¿Qué Césares ocupan hoy un lugar que sólo corresponde a Dios? ¿Estamos dando realmente a Dios lo que le pertenece?”

El fragmento de la homilía puede ser vista aquí:

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