León XIV llega a Francia, la fe en la frontera de Europa

Editorial de la Agencia Católica de Noticias

León XIV llega a Francia, la fe en la frontera de Europa

En cinco días, León XIV aterrizará en Orly. No será una visita de cortesía. Será el primer viaje apostólico de esta magnitud a Francia, del 25 al 28 de septiembre, desde Benedicto XVI en 2008, cuatro jornadas entre París, Saint-Denis, Lourdes y Metz y la sede de la UNESCO, con el lema “Para que el mundo tenga vida”. Francisco pisó Estrasburgo, Marsella y Ajaccio, pero nunca acometió una visita nacional comparable. El sucesor llega ahora a un país que es, al mismo tiempo, laboratorio de la laïcité y escenario de un fenómeno que ha desconcertado a sociólogos, obispos y agnósticos.

Las cifras de fondo siguen siendo duras. La misa dominical regular se mueve en torno al 5 por ciento; los sacerdotes diocesanos activos son una fracción de lo que fueron hace medio siglo; las parroquias se han agrupado; los bautismos infantiles se han desplomado. Europa cristiana se ha vuelto, en buena medida, un continente de memoria cultural y de práctica residual. Francia no es la excepción, es el caso más elocuente porque allí la separación entre fe y esfera pública no es un accidente, sino un dogma republicano.

Paradójicamente, sin embargo, en la Pascua de 2026 más de 21.000 adultos y adolescentes recibieron el bautismo, unos 13.200 adultos, un 28 por ciento más que el año anterior y más de 8.000 adolescentes. En una década, los bautismos de adultos se han triplicado. El perfil no es el de una Iglesia que envejece en silencio, una parte muy visible de esos catecúmenos tiene entre 18 y 25 años. No es, como a veces se simplifica, un milagro de las redes. Lo que aparece una y otra vez en los testimonios es más antiguo y denso, la lectura de la Biblia, la búsqueda de una identidad que no se disuelva, el encuentro con otros creyentes y hacer identidad cristiana en un país que se islamiza.

Ese es el terreno sobre el que León XIV va a hablar. El itinerario lo dice con más claridad que cualquier comunicado. En el Elíseo se medirá con el Estado laico y también con las organizaciones internacionales. En Notre-Dame, reconstruida, rezará vísperas con el clero de un país que ya no produce sacerdotes al ritmo de sus iglesias. En el Stade de France esperan 80.000 jóvenes. En la plaza de la Concordia se han inscrito unas 600.000 personas para la misa. En Lourdes estará con enfermos, religiosas contemplativas y, de manera privada, con víctimas de abusos. En Metz, tierra de Robert Schuman y de fronteras heridas, hablará de Europa, paz y unidad, y firmará un llamado interreligioso. La geografía del viaje es un mapa de heridas y de reservas espirituales.

La cuestión migratoria atraviesa ese mapa. El sábado 26 el Papa visitará la Maison Bakhita, casa diocesana de acogida a personas exiliadas. No es un detalle pastoral menor. Francia se asoma a un año electoral en el que la inmigración vuelve a ser argumento central y Europa sigue sin una política común que no oscile entre la impotencia y la dureza.

León XIV ya pidió en España y en Canarias una respuesta coordinada, solidaria y eficaz y recordará una doctrina incómoda, el derecho a no tener que huir, el deber de socorrer al que naufraga y la exigencia de integrar al que llega. Esas palabras tendrán consecuencias políticas precisamente porque no son partidistas.

La prospectiva de la visita no debe confundirse con un pronóstico de recristianización. Un estadio lleno no reconstruye una transmisión familiar rota. Veintiún mil bautismos no compensan cientos de miles de niños que ya no reciben el sacramento. Lo que sí puede ocurrir, y eso basta para que el viaje importe, es que el Papa confirme en la fe a quienes se han dejado de sentirse parte de la Francia cristiana, que obligue a la Iglesia francesa a tomar en serio a sus catecúmenos y que recuerde a una República laica que la fe pública no es una amenaza automática al pacto civil. Si acierta, Francia dejará de ser solo el emblema del vaciamiento europeo y pasará a ser el laboratorio de una pregunta más difícil, ¿cómo habitar una sociedad secular sin renunciar a nombrar a Dios?

El viaje francés es la catapulta del salto que León XIV dará en noviembre a Sudamérica. Del 6 al 17 visitará Uruguay, Argentina y Perú, primera gira americana de su pontificado. Irá a la tierra donde ejerció largo ministerio, Chiclayo, Lima, Cusco, Pucallpa y a la patria de su antecesor, Francisco, que jamás regresó a Argentina mientras ocupó la Sede de Pedro. Lo que se juegue en París y Lourdes, dignidad del migrante, credibilidad de una Iglesia herida, posibilidad de una fe joven en un continente viejo, no quedará en Europa. Cruzará el Atlántico con él.

 

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