Empezamos otro día, hoy tenemos el funeral del cardenal Camillo Ruini en la Basílica de San Pedro, presidido por el Papa León XIV. Posteriormente, el féretro será trasladado a la diócesis natal del cardenal para una segunda misa, presidida por el arzobispo Giacomo Morandi en la Catedral de Reggio Emilia el viernes. La audiencia de ayer estuvo centrada en el viaje España que, sin duda, ha impresionado tanto a León XIV y necesita de digestión también en Roma.
Audiencia del miércoles sobre el viaje a España.
Calor, mucho calor en Roma, pero seguimos con números muy aceptables de asistencia en la audiencia general. Los niños, como de costumbre fueron los principales protagonistas del recorrido de León XIV a través de los distintos sectores. Una niña vestida de ángel, completamente blanca, con alas incluidas con una incitación: «¿Me das un abrazo?».
León XIV interrumpió su ciclo de catequesis sobre el Concilio Vaticano II y centró su atención en sus experiencias en España durante los últimos días. Ayer por la noche, cuando los periodistas a las afueras de Castel Gandolfo le preguntaron sobre su viaje, al no haber podido hacerlo en la habitual rueda de prensa de regreso, quiso relatar a los fieles allí reunidos este viaje apostólico, que fue un éxito y impresionó profundamente al Papa.
Después de «el largo viaje a cuatro países africanos», esta vez se encontraba inmerso en un país europeo «con una antigua y riquísima tradición católica». Y es precisamente sobre la relación entre esa tradición y una España profundamente transformada social y culturalmente que el Papa ha construido toda su catequesis. León XIV hizo hincapié en algo que, como obispo de Roma, afirmó no haber dado por sentado: la expectación y la calidez con la que fue recibido «por personas de todas las edades y condiciones», tanto en catedrales como en estadios. «Este hecho no era algo que se diera por sentado y merece reflexión». La participación expresa la fe del pueblo español, pero también manifiesta «la necesidad generalizada de encontrarnos unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni sesgado». Un fundamento que solo Cristo puede garantizar y que el Evangelio transmite a través de las necesarias «inculturaciones», respondiendo así a dos cuestiones que mantuvo unidas a lo largo de su discurso: la búsqueda de la verdad y la sed de justicia. En este contexto, situó el servicio propio del Sucesor de Pedro: fortalecer a los fieles y animarlos a superar «toda forma de división y oposición» cultivando la comunión, el diálogo y la «unidad en la diversidad».
Recorriendo los escenarios —las grandes catedrales y los estadios ultramodernos, el Rosario en la Abadía de Montserrat, la celebración en la Sagrada Familia, descrita como una sinfonía de piedra y luz—, interpretó ese encuentro entre lo antiguo y lo moderno como el carácter propio de Europa: una riqueza que no debe considerarse obsoleta, sino que debe ser cuidadosamente preservada para poder invertirla en el presente global.
Enumeró los rostros que encontró. Reconoció la necesidad del «Evangelio de la esperanza», especialmente «en los rostros de los pequeños y los pobres»: el niño que le leyó una carta en la parroquia, «algunas víctimas de abuso que piden ser escuchadas», los reclusos que lo esperaban en prisión, los jóvenes «llenos de ansiedad y planes», y los migrantes en los primeros centros de acogida en las Islas Canarias. El archipiélago mismo, última parada del itinerario, le ofreció, según dijo, «una interpretación integral»: debido a su posición geográfica y a una Iglesia local que acoge a un gran número de migrantes forzados, especialmente de África. Reconoció que el fenómeno «requiere planes de acción orgánicos y concertados», el Papa trazó una perspectiva más amplia, la del intercambio de dones entre culturas y el diálogo «en espíritu de fraternidad» como camino hacia «la civilización del amor».
Al finalizar la audiencia, el Papa acogió con satisfacción el acuerdo alcanzado entre la República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, que, según anunció, se firmará el viernes, fruto de un diálogo y una negociación pacientes. Expresó su gratitud a los países mediadores y manifestó su esperanza de que el acuerdo fortalezca la confianza mutua, la seguridad y la estabilidad en Oriente Medio. Su segundo llamamiento, dedicado a Ucrania, tuvo un tono diferente, al recibir noticias dolorosas sobre la escalada del conflicto: víctimas inocentes, rescatadores asesinados, iglesias y sitios del patrimonio cultural devastados por las llamas. De ahí la invitación a rezar por el fin de la guerra y por la apertura de vías de diálogo hacia una paz justa y duradera.
Ruini es mucho Ruini.
Reafirmó el deber de los católicos, en su plena autonomía, de seguir la doctrina de la Iglesia en las decisiones éticas y sociales. Siempre intentó que los políticos escucharan y prestaran atención a los temas importantes para la Iglesia y para Juan Pablo II en particular, y lo hizo con gran diplomacia, entablando un diálogo constructivo y abierto con Berlusconi y con D’Alema, y en cambio, enfrentándose abiertamente con Romano Prodi, discípulo de la escuela de Dossetti, quien nunca perdonó a Ruini por haber favorecido la disolución del catolicismo político italiano al declarar que la experiencia del partido católico único había concluido.
Tras su muerte, la CEI perdió por completo la prominencia que «Don Camillo» le había asegurado, pues quienes le sucedieron carecían tanto del carisma como de la capacidad para liderar a los obispos italianos y, sobre todo, para influir concretamente en la política italiana. Un solo discurso de Ruini bastaba para inclinar la balanza del voto católico y determinar el resultado de las elecciones. Por ello, fue «odiado» por el mundo secularista y anticlerical, por el club Repubblica, pero también por católicos de izquierda como Famiglia Cristiana y Jesus, quienes a menudo adoptaban posturas abiertamente contrarias a la orientación de la CEI, con la bendición de cardenales y obispos como Martini, Silvestrini y Bettazzi, abiertamente hostiles hacia él.
Un hombre de fe inquebrantable hasta el final, que se mantuvo firme y alzó la voz contra un papa como Bergoglio, a quien consideraba alejado de la claridad doctrinal y pastoral de Wojtyla, ambiguo en sus declaraciones y, sobre todo, excesivamente condicionado por los aplausos y el consenso del mundo, empezando por esos mismos círculos radicales y secularistas que habían sido sus acérrimos enemigos. Sufrió, como muchos católicos, al ver a un papa, sucesor de Pedro, considerar más dignas de ser escuchadas y de recibir más atención a otras veces más que un cardenal como él, que tanto había dado a la Iglesia y a quien la Iglesia tanto le debía.
El nuevo Bambino Gesù.
No termina de concretarse el futuro del hospital Bambino Gesù, propiedad de la Santa Sede y asentado en zona extraterritorial. Se daba por hecho que ya estaba todo preparado para la compra del antiguo hospital Forliani. Hoy sabemos que parece que hay un cambio de planes y la Santa Sede está considerando construir un centro de salud desde cero en un terreno propio dentro de un parque en la capital, en lugar de comprar el antiguo hospital Forlanini. Nuestra imagen de hoy es el proyecto de nuevo hospital que se ha filtrado y que parece estar muy avanzado, sin duda impresionante. La Santa Sede ha optado por retomar la idea planteada en los estudios de reforma de la curia de una nueva construcción con espacios amplios buscando una imagen más actual. Los grandes pabellones abandonados de Monteverde quedan de lado en el vasto complejo, cerrado desde 2015.
Las ordenaciones cismáticas.
El Papa León XIV se dirigió a la próxima ordenación de obispos por la Sociedad de San Pío X, diciendo el martes en Castel Gandolfo que el Vaticano podría hacer una solicitud final a la FSSPX para que reconsidere sus consagraciones episcopales. Las ordenaciones están previstas para el 1 de julio en su seminario de Écone, Suiza, donde cuatro sacerdotes de la sociedad serán consagrados obispos. «Los hemos invitado, y aún estoy considerando hacer otro llamamiento, para decirles: “No hagan esto. Tratemos de vivir en comunión en la Iglesia”. Pero es su decisión. Deben comprender lo que esto significa para ellos y para la Iglesia». El Papa hizo alusión a algunas reformas y enseñanzas del Concilio Vaticano II : «Ciertamente, la división entre los cristianos siempre es dolorosa. Pero se niegan a aceptar ciertos elementos fundamentales de la Iglesia, empezando por varios puntos del Concilio Vaticano II. Y si toman esas decisiones, lo lamento. Pero debemos seguir adelante».
Comunión: Encontrando mi camino de regreso a la fe.
Están causando furor los primeros textos de las memorias recién publicadas, Comunión: Encontrando mi camino de regreso a la fe , en las que Vance detalla un tenso encuentro con el Secretario de Estado del Vaticano, el Cardenal Pietro Parolin. El enfrentamiento, que tuvo lugar en abril de 2025, giró en torno a las políticas migratorias de línea dura de la administración Trump. Vance, converso al catolicismo, escribe que le inquietó la negativa de la Iglesia a respaldar el derecho de una nación a asegurar sus fronteras, y describe la experiencia como un punto de inflexión en su relación con la Iglesia institucional. La disputa pone de manifiesto una profunda brecha ideológica entre la actual administración estadounidense y la Santa Sede, bajo el pontificado del Papa Francisco. El Vaticano ha defendido sistemáticamente los derechos de los inmigrantes y la obligación moral de las naciones ricas de brindarles refugio. Vance argumenta que esta postura ignora las implicaciones prácticas de la seguridad nacional y el Estado de derecho. Vance consideraba que el énfasis del cardenal Parolin en el «trato humano» de los migrantes era una crítica velada a las estrategias de deportación de la administración.
En sus memorias, Vance se presenta como defensor del catolicismo «auténtico», que debería priorizar la estabilidad de las comunidades cristianas dentro de fronteras soberanas por encima del globalismo. Expresa su frustración porque la Iglesia, una institución con «autoridad moral y perspectiva global», optó por la diplomacia en lugar de abordar de frente las complejidades de la crisis migratoria. Esta exposición pública de quejas internas es muy inusual para un vicepresidente en funciones y evidencia una creciente división dentro de la comunidad católica estadounidense.
La Iglesia Católica en Estados Unidos es actualmente una de las instituciones más polarizadas políticamente del país. Los comentarios de Vance sirven para alentar a los católicos conservadores que consideran que la trayectoria actual del Vaticano está demasiado alineada con el internacionalismo progresista. Las implicaciones de esta tensión se extienden más allá de las fronteras estadounidenses. El carácter público de las críticas de Vance podría complicar la futura cooperación entre Estados Unidos y el Vaticano en temas como el cambio climático y la pobreza. Vance claramente busca atraer a un segmento específico del electorado: votantes religiosos conservadores que ven la «crisis fronteriza» como un imperativo moral. Las críticas aumentan la presión sobre los obispos estadounidenses, quienes deben encontrar un equilibrio entre la lealtad al Papa y las realidades políticas de sus feligreses.
Para los católicos de África y otras partes del mundo, la disputa pública entre el vicepresidente de Estados Unidos y el Vaticano genera una mezcla de preocupación y curiosidad. En Kenia, donde la Iglesia Católica desempeña un papel fundamental en la educación, la sanidad y la mediación política, la idea de que un alto funcionario del gobierno reprenda públicamente al Vaticano resulta casi impensable. Los temas de migración y soberanía nacional son igualmente relevantes en África Oriental. Las memorias de Vance son más que una historia personal de fe; son un manifiesto para un nuevo tipo de identidad religiosa en Estados Unidos y se presenta como una respuesta a la supuesta «debilidad» del Vaticano. Vance intenta redefinir lo que significa ser católico en el ámbito político actual. El libro llega a las librerías y el Vaticano aún no ha emitido una respuesta oficial, manteniendo su habitual silencio diplomático, que el propio Vance ha criticado.
«…bien sabe vuestro Padre de qué tenéis necesidad antes de que se lo pidáis».
Buena lectura.