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Desde el sínodo de Alemania al monasterio de Bose. Anatomía de las revoluciones católicas

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Nada parece ralentizar la carrera del “camino sinodal” emprendida por la Iglesia católica alemana. Ni las críticas ni las deserciones de los raros obispos disidentes. Ni las serias preocupaciones de Roma:

> Francisco y el cisma de Alemania. Crónica de una pesadilla

Al cardenal Reinhard Marx le ha sucedido, a la cabeza de la conferencia episcopal, el obispo de Limburgo, Georg Bätzing (en la foto). Pero sin ninguna corrección de rumbo. No menos locuaz de su predecesor, el reciente nombrado presidente ha concatenado una serie de declaraciones temerarias sobre las cuestiones más delicadas de la agenda del sínodo, desde el sacerdocio femenino a las parejas del mismo sexo, con además la pretensión de dictar a la Iglesia universal el rumbo a seguir:

> Bätzing: “Die Zeit läuft uns weg”
> Bischof Bätzing für Segnung gleichgeschlechtlicher Paare
> German bishop calls for Rome synod to discuss German synod

Los objetivos del ala impulsora de la Iglesia alemana están a la vista de todos, en los textos producidos hasta ahora por el sínodo:

> Sexo, mujeres, poder. Los tres desafíos que Alemania lanza a la Iglesia

Pero en la base de este propósito es evidente la voluntad de subvertir la estructura original de la Iglesia, no solo alemana, sino también universal, en nombre de una democratización que vaya al paso con los tiempos.

Contra esta deriva ya se expresó a mediados de mayo, en Settimo Cielo, el profesor Pietro De Marco, filósofo e historiador en la Universidad de Florencia y en la Facultad teológica de Italia central:

> El sínodo de la Iglesia alemana, bajo la lupa de un analista. Una revolución que se autodestruye

Pero las declaraciones del nuevo presidente de la conferencia episcopal de Alemania han llevado a De Marco a añadir nuevos elementos a su crítica del “Synodale Weg”, en el que ve en marcha las temerarias modalidades revolucionarias típicas de cierta “intelligentsia” católica no solo alemana, como por ejemplo representa en Italia la comunidad de Bose y su fundador Enzo Bianchi, castigado en los días pasados por el papa Francisco a salir del monasterio.

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Sínodo alemán. Sobre el nuevo presidente de la conferencia episcopal y otras desaventuras

por Pietro De Marco

En las aventuras revolucionarias, las formulaciones de la cultura “crítica” ven alternarse -según los interlocutores y las situaciones- enunciados radicales con objetivos subversivos y enunciados circunscritos con objetivos reducidos, a primera vista banales. Este bilingüismo ideológico pertenece también a la opinión pública crítica católica, en cuanto se inscribe también en esa categoría de las “sociétés de pensée” [«sociedades de pensamiento»] revolucionarias analizadas por Augustin Cochin.

En Italia, las recientes medidas disciplinarias aplicadas a la comunidad de Bose y a la persona de su fundador, Enzo Bianchi, tienen que ver, de hecho, con un nudo importante de una red de “sociétés de pensée”, católicas y reformadas, en las cuales la oscilación comunicativa entre moderación y radicalismo teológico es una praxis difundida. Es difícil de decir cuánto de ello sea sincero y cuánto disimulado. Bianchi es sensible a las críticas de ortodoxia; hace años se disgustó por una observación que le hicimos Sandro Magister y yo. Pero muchos críticos, entre los cuales el difunto Antonio Livi (al cual le debemos un libro decisivo contra el colapso neomodernista del lenguaje teológico, “Vera e falsa teologia”, Roma, 2012), habían mostrado el gran vacío del planteamiento dogmático del prior de Bose, vacío invisible para la mayoría y, por tanto, hecho para ser asimilado y reproducido sin cautela.

En muchas subculturas católicas hay, por un lado, el crítico-destructor, en general un clérigo o teólogo, hombre o mujer, relativamente joven, con pocas nociones biblistas y sin formación dogmatica, es decir, un ideólogo; por el otro, una mayoría, clérigos y laicos, que usa eslóganes radicales pero que aspira a resultados más fáciles de conseguir. Muchos obispos participan de esta oscilación pragmática, más que del radicalismo de los líderes subversivos. En Alemania parecen ser la mayoría.

Ahora bien, ¿dónde se coloca el presidente de la conferencia episcopal alemana, el obispo de Limburgo, Georg Bätzing?

Llegado al cargo recientemente, Bätzing enseguida confirmó los proyectos reformistas del “Synodale Weg”, el camino sinodal en curso en Alemania. Respondiendo a la pregunta: “¿Cuál es su visión del próximo futuro de la Iglesia?”, excluyó ser “un hombre de visiones”; el mensaje esencial del sínodo a los hombres será que la vida es más fuerte que la muerte, transformando como consecuencia el significado de ser y definirse católicos, por lo que en este sentido también él puede ser incluido entre los visionarios. Las maneras expresivas parecen cautas, pero la “konkrete Vision” no lo es.

El “Synodale Weg” –dijo Bätzing – sigue pidiendo una “bendición” para los divorciados que se han vuelto a casar (materia difícil pero, tal vez, tratable caso por caso desde un punto de vista canónico, sin vaciar teológicamente el sacramento) y la intercomunión eucarística ente católicos y cristianos de otras confesiones, que también  en el pasado se concedía en Roma,  si se podía justificar y se concedía de manera excepcional. Por lo tanto, no hay nada de dramático en ello. Pero, como siempre en el “Synodale Weg”, son las motivaciones erróneas y supuestas las que son causa de asombro. “Hay ahora mucho acuerdo sobre el significado de aquello en lo que creemos y celebramos”, aseguró Bätzing. He aquí la oscilación sintomática.

En Alemania es, efectivamente, una tesis difundida el hecho de que la concepción de la Santa Cena sea ya la misma entre protestantes y católicos. Este consenso sólo puede haber madurado con la protestantización de la teología católica de los sacramentos. No tenemos noticia de que los protestantes alemanes hayan recuperado significativamente la común teología eucarística de la Iglesia universal, de la cual se excluyen. Que los cristianos, como ha dicho Bätzing, en base a este contexto objetivo puedan “decidir con buenos argumentos y según su conciencia” cuestiones como la intercomunión es un enunciado vergonzoso, mucho más condenable en boca de un obispo, que está llamado a ser maestro, no instigador de opiniones de conveniencia. Lo que está aquí en juego, en realidad, es la concepción de la práctica de la buena eucaristía, en el sentido del clásico “saber y pensar lo que se va a recibir”; y el significado católico del sacramento tiene que ser protegido celosamente también con el discernimiento de las diferencias con las demás confesiones.

Bätzing también sostiene que las decisiones del sínodo encontrarán sujetos, mejor, “alianzas”(Koalitionen) capaces de implementarlas; es un asunto que, en sí, es banal pero amenazador, porque en cambio no es banal, salvo en la mente de la conferencia episcopal alemana, el tipo de  sujetos que se ocuparían de la “implementación” de instancias que están, todas ellas, desde el punto de vista teológico, en el filo de la navaja. Igual de arrogante es, aunque no tenga futuro, la idea de exigir al papa un sínodo universal, con sede en Roma, para aplicar a toda la Iglesia el análisis ampliado de los resultados del “Synodale Weg” de Alemania. ¿No basta la congregación para la doctrina de la fe?

Y cuando después Bätzing afirma que “no se aceptan» los “argumentos que no están a favor” del sacerdocio femenino (que en realidad son enunciados de alcance doctrinal vinculante), muestra que el “Magisterio” episcopal y la cultura media teológica han formado en Alemania, no un pueblo cristiano, sino una opinión pública tan trastornada que lo que se quiere conseguir es un sinsentido: rehacer babélicamente la Iglesia. Se ha generado de hecho un secularismo católico, para después exhibir esta mentalidad reciente, y querida, como argumento contra la tradición de la “lex credendi”, del canon del creer (Glaubensregeln).

Creo que se debe invitar a los católicos alemanes, la mayoría, que están sufriendo la iniciativa de sus obispos y de supuestos representantes de la población laica como el “Zentralkomitee der deutschen Katholiken”, un verdadero grupo de poder presente en fuerzas en la asamblea, a oponerse a la incontrolada carrera del “Synodale Weg”.

Deben reaccionar como clero y como laicado allí donde vivan, parroquias, órdenes religiosas, prensa. Los intelectuales católicos deben recuperar su fuerza. Y se debe actuar también por vía canónica. La corrupción de la doctrina y una praxis de “reforma” absolutamente anormal están a la vista de todos. La catolicidad alemana no debe doblegarse, como si fuera una especie de obsequio absolutamente mal fundamentado y ciertamente no debido, ante una jerarquía que se está autofiniquitando.

3 comentarios en “Desde el sínodo de Alemania al monasterio de Bose. Anatomía de las revoluciones católicas
  1. Los pecados mortales por omisión de los pastores de la Iglesia
    “La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero” es frase que nos dice un ignoto sabio y que, al escucharla, Agamenón dice: “Conforme”, mientras que el porquero replica: “No me convence”.” (Infovaticana, blog de Specola artículo Quis ut Deus? Miguel, Mija – El, la deed church, la eterna lucha entre la luz y las tienieblas, ¡No tengais miedo!)
    Hay muchas frases que uno puede traer a colación de hombres famosos sobre la verdad humana y la Verdad divina que muy pocos quieren escuchar. Veamos qué pasa con los hombres que dicen la verdad y cómo los tratan la mayoría de los mortales:
    “Podemos añadir que el Libro de la Sabiduría conocía quizás la hipótesis teórica de Platón, que en su obra sobre el Estado intenta imaginarse cuál hubiera sido el destino del justo perfecto en este mundo, llegando a la conclusión de que habría sido crucificado (cf. Politeia II, 361e-362a). Tal vez el Libro de la Sabiduría ha tomado esta idea del filósofo, la ha introducido en el Antiguo Testamento y, ahora, esta idea apunta directamente a Jesús.” (BENEDICTO XVI, Jesús de Nazaret. Ed. Planeta, 2011, pág. 246)
    Sócrates había sido puesto como un abejorro sobre la ciudad de Atenas para preguntar lo siguiente: cómo es que siendo tan excelentes los atenienses no se ocupan de la virtud y la verdad y, en cambio, se ocupan del poder, del dinero y de los placeres. Estas palabras a Sócrates iban a costarle caro: la enemistad con los poderosos y del pueblo y su propia vida.
    Churchill decía que si uno tiene enemigos es que ha hecho algo bueno en esta vida.
    No es que esa dificultad y negativa de los hombres a escuchar cierta verdad humana y divina ocurra solo en esta época pero sí cabe señalar que su intensidad es tal que ha generado la más grave crisis de la historia de la Iglesia.
    En esta época personas que como Sócrates señalan esta crisis de la Iglesia no son apreciadas y sí ocultamente odiada y se les busca dar cierta muerte social pues resultan como un abejorro puesto sobre la Iglesia para que no se adormezca.
    La corrupción de lo óptimo es lo pésimo y ¿qué es eso óptimo que está corrupto en esta vida? La Iglesia.
    Hay una crisis en la Iglesia y todo aquel que dice esa verdad y que trata de despertar a nuestros dormilones obispos y sacerdotes (ni siquiera me ocuparé de los fieles a los que les cabe una culpa mucho menor), todos los que tratan de despertar a esos dormilones se convierten en enemigos de ellos y de la Iglesia y así son tratados.
    Por supuesto, para estos dormilones constituyen, ellos mismos, lo mejor de la Iglesia pues son obedientes, discretos, respetuosos de la autoridad, fieles a la Iglesia, etc. y se convencen a sí mismos que el que oculta la verdad o no dice la verdad que debe ser dicha no peca gravemente contra Dios y tratan de presentarse ante el pueblo de Dios y ante sí mismos como lo excelente que no es tocado por la crisis de la Iglesia y omiten el tema, ellos son los verdaderos santos.
    “¿No sufren ellos lo suficiente y no se martirizan todo el día escuchando las barbaridades que pasan y callando sobre ellas? Bastante bien hacen con ese callar y omitir cualquier crítica que pudiera dañar a la Iglesia, por ello, su sufrimiento en silencio y su espera en el Señor les será recompensada de sobremanera. Son los obedientes, los discretos, los prudentes, los sabios, los que confían en el Señor.” Necedades como esta se dicen a sí mismos para pecar fuertemente por omisión y no entrar en ningún buen combate, la verdad es mejor eludirla si es molesta y dejar a Dios solo para que Él mismo y sin la colaboración de la creatura humana y de su Iglesia solucione todos los problemas de la Iglesia mientras ellos se dedican a escribir sobre otras verdades humanas y divinas que no están en discusión o a escribir o hablar sobre el sexo de los ángeles.
    Pero ni sobre estos temas pueden escribir o hablar de manera prolongada sin cometer errores graves desde el punto de vista teológico porque al que abandona a la Verdad, la Verdad lo abandona a él, el que prostituye su inteligencia y su conciencia y la deja divagar en sueños, ensueños e invenciones humanas no puede, luego, intentar razonar seriamente sobre Dios y sobre los hombres sin caer en graves errores. El que adultera sus escritos para no tocar ciertos temas la Verdad lo abandona y le cobra su precio con la mediocridad, el Espíritu Santo lo abandona y cae en desgracia, pues le falta la gracia de Dios por haber pecado gravemente por omisión y cada vez que come la Eucaristía come su propia condenación.
    Digamos que salvo que sea un gran necio su conciencia no puede estar totalmente tranquila por omitir la verdad que debe ser dicha y evitar el buen combate por Cristo y su Iglesia. La conciencia de sus pecados la tienen bien presente y lo peor que pueden hacer los nuevos Sócrates es recordarles a estos necios sus faltas.
    Por supuesto que hay obispos y sacerdotes valientes y así les va – dicen ellos – como si sus omisiones en el buen combate no fueran la principal causa de la pobre defensa que pueden llevar a cabo estos pocos pastores fieles.
    Otro dicho señala: corrige a un necio y te ganarás un enemigo, corrige a un sabio y se hará más sabios.
    ¿Y dónde está esta necedad y por qué ha florecido en esta época y dentro de la Iglesia? La necedad es maldad mezclada con ignorancia, el necio es malo dos veces por la ignorancia buscada y forzada en su inteligencia para acallar su conciencia pero también por la maldad en la voluntad y es que el necio se ama a sí mismo hasta el desprecio de la verdad, por lo menos de aquella verdad que le es molesta, pero el necio también puede decir Señor, Señor, muchas veces, y parecer un hombre de Dios pero el amor a sí mismo antes que a la Verdad lo delata en el camino elegido.
    Muestra que su primer amor es a su propia persona, no se separan de Dios pero se aman más que a Dios y ello hace que se equivoquen muchas veces en lo que dicen, hacen y omiten y ello genera que a la corta o a la larga persigan y se enemisten con quienes dicen la verdad humana o divina que no quiere escuchar porque se tienen por buenos y quieren que los demás los tengan por buenos y Bueno solo es Dios, por lo que terminan no juntando sino desparramando y siendo tontos útiles a los servicios de la contraIglesia.
    Escuchan solamente las palabras que alagan sus oídos y dicen solamente aquellas palabras que sean gratas a los hombres.
    ¿Es que la Iglesia está repleta de necios en esta época?
    Han abundado en todas las épocas pero en ésta desbordan y la colman de su necedad pero lo grave no termina allí porque el necio por su tibieza pronto, y en tanto le convenga, se convertirá en un apóstata de su fe y ello realizado en comunidad o en manada y pasará a formar parte de los enemigos declarados de Cristo porque el que no crece en el amor debe decrecer en el mismo y el que no crece en la fe por abandono de las verdades incómodas empieza a decrecer en todas las virtudes sobrenaturales hasta que pecando gravemente pierde no solamente la gracia sino la fe y la esperanza imperfectas que, muchas veces, quedan como un remanente para la conversión futura a favor del que ha pecado de forma grave.
    De tal manera que los hijos de la oscuridad siendo más astutos que los hijos de la luz los logran gobernar y hasta se enojan estos necios cuando alguien les señala que los hijos de la oscuridad los están gobernando.
    “¿Cómo va a suceder una cosa así siendo ellos tan espléndido y tan sabios? ¿Cómo habiendo estudiado filosofía, teología, latín, griego y hebreo los pueden gobernar unos pocos astutos? ¿Cómo perteneciendo ellos a la Iglesia van a gobernarlos los hijos de la oscuridad?” Esas son ideas conspirativas y ellos no creen en conspiraciones y piensan que no es conveniente hablar de esas cosas por el bien de la Iglesia y del mundo.
    Pero los necios como dijimos son ya enemigos anónimos de Cristo pero no lo saben, son herejes anónimos dentro de la Iglesia terrenal y forman parte de la contraIglesia sin saberlo, si Cristo volviera y les dijera qué cosas van a suceder en el futuro, ellos dirían como en los Evangelios decían los discípulos que eso no es posible y así, mientras, Judas vela, Simón duerme y así, mientras los nuevos fariseos, doctores de la ley y escribas del Templo del NOM conspiraban contra Cristo y su Iglesia, estos discípulos no escuchan las advertencias y les reprochan a los nuevos Socrates que hablan de crisis y de peligro de muerte de la Iglesia de la misma manera que Simón le reprochaba a Jesús y por lo cuál fue reprendido con las palabras: “apártate de mí Satanás pues me sirves de escándalo porque piensas como los hombres.” Así, se comportan muchos de los pastores de su Iglesia.
    Los necios actuales dormilones y soñadores son peligrosos enemigos de la Verdad, no quieren verla, quieren escudarse en sus artículos y conferencias plagadas de enseñanzas que no se relacionan en nada con aquel miembro que escandaliza y que debe ser amputado y arrojado lejos, no quieren hablar ni escribir sobre la crisis de la Iglesia, piensan: “mejor no se hable de ello porque puede hacerse realidad”, “mejor nadie corrija a nadie porque puede perderse el prestigio de los hombre de la Iglesia y la fe en los hombres” cuando Dios dijo maldito el que pone su fe en los hombres, se dicen a sí mismos: “mejor esperar a que la crisis pase y no exponer el pellejo”, “lo astuto es ser prudente y no ir contra la corriente”, “las puertas del infierno no prevalecerán así que no debo ocuparme de que no prevalezcan” y necedades por el estilo y así se convierten en grandes pecadores que pecan fuerte porque teniendo que defender a las ovejas de los lobos faltan en las obras adecuadas, no llevan a cabo las obras meritorias que podrían salvar sus almas y las de muchos fieles en la Iglesia, las dejan a merced de los lobos mientras duermen su siesta que parece eterna en la que sueñan con un futuro glorioso para la Iglesia, ¡qué bello sueño! y que nadie se atreva a sugerir y decir lo contrario.
    Los necios persiguen a los que dicen la verdad, oculta o niegan la verdad y pecan por omisión muy fuertemente y con muchas ganas. Ellos han visto que hay demasiados necios en la Iglesia por lo que piensan que no es prudente intentar despertarlos no sea que se vuelvan contra ellos y no sea que pierdan algo que consideran más precioso que la salvación de su alma.
    Así, si les es posible omiten todo comentario de la carta de Viganó a Trump y no advierten ni hablan de los problemas y de la crisis de la Iglesia. Cuando alguien les señala sus pecados mortales contra la Iglesia por la falta de defensa de la Verdad se vuelven como endemoniados contra él.
    Y es que el necio que sueña e inventa la realidad es tibio y el tibio está muy cerca de ser malvado, con una maldad ciega, por ello a los que no creen en Dios se los llama necios y a los malvados que luchan contra Dios se les da el mismo nombre.
    El pecado de la acedia los ha atrapado primero por el amor a sí mismos puesto sobre el amor a Dios y en esos cuidados personales y comunitarios se van olvidando de Dios y se encuentran, sin saberlo, un buen día persiguiendo a quienes dicen o enseñan la verdad y defienden la Iglesia.
    Y si todos estos necios no persiguen a los nuevos Sócrates, es porque algunos necios solamente los ignoran y van por la puerta ancha muy cómodamente pero algo en las conciencias les pesa y, por eso, les molesta tanto la Verdad que debía ser dada a conocer.
    Qué nadie se de cuenta de lo que son y muy especialmente ellos mismos. Quieren vivir tranquilos y no llevar adelante el buen combate y de esa forma ganar el Cielo sin arriesgar ni un solo talento y lo entierran en el suelo.
    Así, los Sócrates de esta época puestos sobre la Iglesia para que no se duerma y para despertarla en la Verdad son perseguidos más por los necios que por los malvados del NOM, los necios son los idiotas útiles del NOM al que tanto benefician.
    Ratzinger ve en la muerte de Sócrates una semejanza con el deicidio de Jesucristo. Por eso advierto, a estos pastores de no seguir con su silencio, desprecio y persecución contra los nuevos Sócrates que señalan la crisis de la Iglesia porque su enemistad última no es con ellos sino con Cristo que es el modelo de estos nuevos Sócrates, aunque ellos no sean más que parciales y deficientes imitaciones de Cristo.
    En ese sentido, nos dice Joseph Ratzinger: “El hecho de que cuando apareció el justo por excelencia fuese crucificado y ajusticiado, nos dice despiadadamente quién es el hombre: eres tal que no puedes soportar al justo; eres tal que al amante lo encarneces, lo azotas, lo atormentas. Eso eres, porque, como injusto, siempre necesitas la injusticia de los demás para sentirte disculpado; por eso no necesitas al justo que quiere quitarte la excusa.” (RATZINGER, Joseph, Introducción al cristianismo. Editorial Planeta-DeAgostini, S.A., 1995, pág. 255)
    “El justo crucificado es el espejo que se presenta ante los ojos del hombre para que vea claramente lo que es.” (RATZINGER, Joseph, Introducción al cristianismo. Editorial Planeta-DeAgostini, S.A., 1995, pág. 255)
    Por otra parte, Charles Baumgartner nos dice que la “(…) muerte de Jesús es el crimen supremo cometido por los hombres, el coronamiento del pecado del mundo, “que colma la medida de los padres”.” (BAUMGARTNER, Charles, El pecado original. Editorial Herder, 1981, pág. 208) “Schoonenberg parece querer decir que el haber dado muerte a Jesús, ese coronamiento supremo del pecado del mundo, ese rechazamiento de Cristo fuera de nuestro mundo, tuvo una importancia y una gravedad incomparablemente mayores que cualquier otro pecado que los hombres hayan cometido o podrían cometer.” (Idem., pág. 209) “En este sentido se podría añadir que, antes de Cristo, todo pecado anuncia, prepara y prefigura la muerte de Jesús; y después de Cristo, todo pecado ratifica en cierto modo esa muerte, sépanlo o no los hombres que lo cometen.” (Idem., pág. 209) Estas consideraciones “(…) significan que la caída causante del pecado original en nosotros no es solamente el primer pecado o el conjunto de los que le han seguido; más bien, la caída, propiamente hablando, de la humanidad (el peccatum originale originans) consiste en el rechazamiento del Hijo de Dios.” (Idem., pág. 210)
    ¿Cuál es la gravedad del pecado de Francisco?
    No podemos dejar de señalar que según la definición de ley de Santo Tomás de Aquino el gobernante es el que tiene a cargo el cuidado de la comunidad en orden al bien común. En el caso de la Iglesia el Bien Común de la Iglesia es Cristo y Francisco no lo ha cuidado como debería de que la Iglesia se ordene adecuadamente a ese Bien Común por la evangelización, santificación y la lucha contra el pecado y contra la antiIglesia dirigida por el NOM y, más en profundidad, contra los espíritus malignos de este Mundo.
    Es evidente que la gravedad de la crisis actual de la Iglesia no sería tal si otro hubiera sido electo papa, el rechazo de la teología y cada una de las expresiones de Francisco son las que dieron lugar al sínodo alemán que en este momento es la avanzada de la contraIglesia con la posibilidad de una Iglesia reformista católica nacional pronta a separarse de Roma impulsada por el camino sinodal de Francisco y pronta a ser imitada por otros países, su posición pro comunista y pro atea favoreció el progresismo y ha impulsado un acuerdo secreto con China por el cuál se está creando una Iglesia comunista católica china que depende del gobierno chino para la elección de obispos y que asesina a la Iglesia santa según el cardenal Zen, por ello, los católicos de a pie se sienten más representados por Trump que por Francisco con sus obispos en EE.UU, en Argentina favoreció el regreso del kirchnerismo y también favoreció a gobiernos dictatoriales como Venezuela, Rusia, Cuba, etc.
    Como ejemplo o mal ejemplo de lo que debe hacerse es el principal impulsor de la actual crisis.
    Pero ello no reduce en un ápice el pecado gravísimo por omisión de sacerdotes y obispos porque siendo pocos como señala Viganó los partidarios de la contraIglesia dentro de la Iglesia terrenal han permitido por cobardía que llaman prudencia el crecimiento de esa antiIglesia y su fortalecimiento y no han dado el buen combate, se fueron lejos a otras regiones teológicas, pastorales y doctrinales que no estaban en conflicto para no tener que luchar por Cristo Rey y su Santa Iglesia.
    A ellos les aseguro que por su omisión y si no se rectifican cada vez que comulguen comerán su propia condenación. Saludos en la Santa Virgen María y en Cristo Rey

  2. Me veo obligado a hacer ciertas críticas cuidando la persona de la Santa María Virgen objeto de la conferencia del P. Delgado y por amor a la Virgen.
    Dice el P. Delgado: “si la encarnación tiene sentido salvífico María también viene pensada en relación con la salvación” (minuto 8:50), “María por especial y único designio divino fue elegida para colaborar en la obra de la salvación” (minuto 9), “el designio salvífico divino de la salvación preside la creación entera” (minuto 9:33), “el designio salvífico divino de la encarnación preside la Creación entera” (minuto 9:50), “la salvación que Dios por misericordia aporta al hombre no es un plan elaborado por él luego que el primero fuera frustrado por el mismo hombre desde el comienzo de todo Dios pensó la encarnación como redentora y solamente en vista de esa encarnación creo el mundo y permitió el pecado” (minuto 10:00), “lo que Dios ofrece a Adán y a los pecadores no es un segundo plan porque el plan de la Creación haya salido mal sino que todo estaba contemplado desde un comienzo así” (minuto 20:00).
    No es cierto y no es correcto que María haya sido creada y que la encarnación de Cristo haya sido pensada en un primer momento a los sólos fines salvíficos o a los sólos fines de la redención.
    Sí, puede afirmarse que Dios gratuitamente dispuso como designio divino la creación del hombre y su posterior participación en la vida divina como creatura de Dios. Ese es el verdadero fin del ser humano y no la salvación y hay que tenerlo presente porque sino se parte de un principio erróneo en materia de la causa final de la Creación que puede llevar a errores teológicos que se distribuyan en el desarrollo posterior de la teología.
    Pero pudiera haber creado al ser humano de forma tal que participe de la vida de la gracia, de la inmortalidad y de la sabiduría y sin que participe de su vida divina, o sea, no era necesario que Adán participara de la visión beatífica para ser bueno a los ojos de Dios y ser una creación buena.
    Adán y Eva antes de pecar eran inmortales, sabios y estaban en gracia su finalidad, si permanecían sin cometer el pecado original, no era su salvación sino la visión beatífica y la participación del Cuerpo Místico de Cristo, o sea, participar de la vida de Dios siendo creaturas divinizadas, seguramente, por la encarnación de Cristo en María y ello surge por la creación de Eva, por el sacramento del matrimonio y la orden de Dios de multiplicarse y enchir la tierra.
    Pero Adán y Eva con el demonio aspiraron a ser como dioses de otra manera por la desobediencia y la rebelión. Esta es teología sana y correcta.
    Con lo cuál vemos que la Providencia tiene como primer objetivo para la creatura humana no su salvación porque la creo sin pecado sino para su divinización pero los hombres quisieron ser como dioses pero no de la manera en que Dios se lo ofrecía, como un regalo, sino por derecho propio y por la fuerza quisieron ser como dioses, se rebelaron contra Dios y aceptaron la posibilidad de dar muerte a Dios, pues era una rebelión y revolución y consintieron el deicidio.
    Tanto el P. Bojorge cono el P. Delgado parecen no comprender que el hombre es creado no para salvarse sino para participar de la vida divina.
    Sobre esa participación de la vida divina por parte del hombre antes del pecado original nos dice Santo Tomás de Aquino que el demonio y los primeros hombres supieron de la futura venida de Cristo y encarnación del Verbo que Adán y Eva lo supieron por el sacramento del matrimonio, por otra parte, es teología católica de catecismo que la finalidad del alma es la bienaventuranza eterna pero como el alma no es persona se necesita la resurrección de los cuerpos y la Jerusalén Celestial y en Ella se puede ver la finalidad con la que Dios creó al hombre y la mujer.
    Los hombres tienen como fin participar por gracia de Dios y como creaturas humanas de la vida divina y ese es principal fin de la Creación de María y del designio de Dios de la encarnación del Verbo y no sólo la salvación.
    Ello es sumanente importante para tener una idea sana y católica de lo que es el pecado del demonio, el pecado original y el sentido de la obra de salvación.
    Poner como obligatoria y necesaria la salvación del hombre es poner como obligatorio y necesario el pecado del demonio y de los primeros hombres. Si bien el P. Delgado no saca esa conclusión necesaria de su razonamiento ello se debe a una falta en el juicio de razonamiento, ello no significa que el juicio de razonamiento sea errado en cuanto a la conclusión porque el P. Delgado concluye bien y en reiteradas oportunidades señala que Dios permite el pecado pero no lo quiere y que no existe predestinación al mal en el hombre pero como dijimos si bien su conclusión es correcta sus principios son erróneos y, por lo tanto, deben ser corregidos.
    Ni María fue en el designio pensada a los fines sólo de la salvación ni la encarnación de Cristo fue un designio a los solos fines de la redención.
    El pecado lo que determinó es la necesidad de salvación del hombre no la obligación de Dios de salvar al hombre y, tampoco, la manera cruenta e incruenta en que el hombre por medio de María y su Hijo podría llegar a salvarse para participar de la vida divina como creatura.
    Es más, Dios pudo negarse después del pecado a salvar al hombre como hizo con los demonio por lo que no puede afirmarse que después del pecado y por el solo designio divino de la creación María y de la encarnación del Verbo, Dios estuviera obligado a salvar al hombre porque la teología siempre ha admitido la posibilidad de que Dios condenara al hombre y a todos los hombres y ha considerado la salvación como un acto de misericordia de Dios y no de justicia divina, como un primer mérito que no es posible merecer de ninguna manera y que el hombre no puede darse a sí mismo ni tampoco exigir como propio. Eso es lo que siempre enseñó la Iglesia.
    Y en ello no existen dos designios de Dios sino un mismo designio que podía llevarse delante de manera incruenta si Adán y Eva no hubieran pecado, Cristo hubiera tomado naturaleza humana y el hombre hubiera participado de la vida divina como creatura, pero ese designio de Dios frente al pecado podía ser dejado de lado por Dios por la gravedad del pecado y condenado por la eternidad como sucedió con los demonios, o sea, Dios no estaba obligado a salvar al hombre que cometió el pecado original y, menos aún, entregando a su Hijo en sacrificio, el hombre se había ganado por el pecado la condenación y no estaba obligado Dios en justicia a salvarlo pero podía Dios después del pecado continuar ese designio divino de hacer participar a la creatura humana de su vida divina pero para ello era necesario salvar al hombre y esa salvación se llevó a cabo por un sacrificio cruento del Verbo encarnado perpetuado por el mismo sacrificio pero esta vez incruento de la Santa Misa.
    Si partimos de un falso dogma o principio de que Dios tiene como primer y único designio de María y de Cristo la salvación se deducirían muchos errores y la Santa Virgen María no va a permitirlo, especialmente, cuando se la invoca en una conferencia.
    El primer error de la necesidad de la salvación se deduce la necesidad del pecado original y no importa que el P. Delgado diga que luego Dios estableció que habría una enemistad entre el linaje de la mujer y el linaje de la serpiente y que de allí quiera extraer como necesario que el hombre no está predestinado al mal porque de manera necesaria se saca de sus principios que tanto la serpiente como Adán y Eva estaban predestinados a obrar mal o al pecado y eso por poner como necesaria la obra de salvación, es decir, no observa como posible por la posibilidad que les dio Dios que Adán y Eva no pecaran o de que Dios después del pecado condenara al hombre y no lo salvara.
    De allí, puede deducirse sin mucho esfuerzo que Dios quiso esos primeros males y no solamente los permitió porque quería que el hombre y María fueran creados y Cristo encarnado a los fines de la salvación y de la redención por lo que debió querer el pecado del diablo y de la serpiente (no es que el P. Delgado concluya eso sino que eso debe concluirse por empezar el P. Delgado con un error grave: entender que el primer designio de Dios con respecto a la Creación fue la salvación).
    De allí a introducir un elemento el origen del mal en Dios no hay más que un paso y, por lo tanto, se debería terminar si se parte de tan mal principio en un satanismo o en la presencia del mal en Dios o de un mal anterior a Dios y del cuál Dios sale como hace la Cábala.
    De allí la necesidad de señalar que ni el hombre, ni María fueron creados y pensados por Dios ni Cristo fue encarnado a los sólos fines de la salvación sino que la finalidad supera la salvación y aspira a que el hombre participe de la visión beatífica.
    Por otra parte, al establecer la obligatoriedad de la salvación del hombre necesariamente se establece que no era opcional para Dios salvar al ser humano por lo cual no es un don la salvación sino una necesidad y obligación de Dios para consigo mismo y siendo así se puede terminar considerando al hombre como de naturaleza divina y no creatural, por la obligación que Dios tiene consigo mismo de salvarlo (no ocurre así con los demonios, es decir, Dios condena a los demonios por sus pecados y no los salva) vemos que Dios no sería libre frente al pecado del hombre y no puede decidir entre salvarlo o no.
    Por otra parte, no se ve por qué si el primer hombre necesariamente debía pecar para ser salvado puede atribuirle tal pecado al hombre con toda justicia porque si Dios lo creó a Adán y Eva para que pecaran y fueran salvados como consecuencia el pecado pasa a ser un bien porque forma parte del designio de Dios y de su plan original de salvación necesaria del hombre.
    Dios creo a María, al hombre y dispuso la encarnación de Cristo para que participaran los hombres de la vida divina. Y el que opine lo contrario sea anatema.
    Reiteramos lo señalado: independiente de la Providencia Divina y de que Dios supiera que el demonio y el hombre iban a pecar el Plan de la Creación o designio divino no se edificó sobre la base del pecado y a los fines de la sola salvación.
    El Plan de la Creación implicó el libre albedrío de Adán y Eva para que obraran bien y para que participaran de la vida divina como creaturas o de la visión beatífica por la encarnación del Hijo en María, el pecado solamente involucraba un obstáculo al Plan de Dios. Ante ante el pecado del hombre Dios no tenía obligación de salvar al hombre, no había ninguna obligación por parte de Dios ni de crear ni de salvar al hombre, frente al pecado el Plan de Dios o designio de Dios fue por su exclusiva misericordia salvar al hombre para que participe de la vida eterna y del Cuerpo de Cristo en la Jerusalén Celestial y por el pecado la encarnación del Hijo terminó en la crucifixión de Cristo y su posterior resurrección para la salvación de muchos.
    Si bien el Plan de Dios o el designio de Dios era uno sólo desde el punto de vista de la Providencia eso no significa que el hombre lo viera como distintas intervenciones de Dios en la historia de salvación, esas intervenciones fueron pensadas en un principio y en un solo designio pero ellas se deben a la exclusiva misericordia divina y a cierta justicia en las buenas obras de los hombres y los méritos segundos.
    Aquí pongo la parte opinable de mi teología que tiene como bases a Baumgartner, Guardini, Santo Tomás de Aquino, Ratzinger, etc.: que al rebelarse contra Dios el hombre aceptó la posibilidad de enfrentarse con Dios e incluso darle muerte por eso Guardini habla de un pecado original consumado en el deicidio de Cristo y por eso todos los pecados son contra Dios y preparaban antes de Cristo su muerte y los pecados posteriores son contra Cristo pues completan lo que falta del sacrificio de Cristo en la Cruz en los miembros de su Iglesia y en su Cuerpo místico, o sea, todo pecado es contra Dios sino no podrían ser perdonados por Dios en el sacramento de la confesión y aunque los pecados veniales no separan al hombre de Dios ni destruyen la gracia muchas veces preparan los pecados mortales y dificultan el crecimiento de santidad en el hombre. Cristo transformó el deicidio del Justo en sacrificio de salvación.
    En el caso de la Santa Virgen María no es esposa de Cristo sino esposa del Espíritu Santo, si bien, el P. Delgado señala que María y Cristo son el modelo pero la pregunta es ¿El modelo de qué? De la Jerusalén celestial, de Cristo y su Cuerpo Místico que es la finalidad de la Creación. Saludos en la Santa Virgen María y en Cristo Rey

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