EL MÁS ALLÁ DE LA MUERTE ¿EXISTEN REALMENTE LOS FANTASMAS?

|

En las clases de lectura del mes de noviembre, mes de las ánimas, del último curso de “Latín y Humanidades” en el seminario diocesano se hizo ritual leer alguna de las leyendas becquerianas, especialmente la titulada El Monte de las Ánimas[1]. La imaginación quinceañera era capaz de oír “el doblar de las campanas, su tañido monótono y eterno”, y de ver las “ánimas de los difuntos, envueltas en jirones de sus sudarios, corriendo entre las breñas y los zarzales” en torno al convento de los templarios del Monte de las Ánimas, ubicado no en Soria como dice la tradición, sino en el convento jerónimo de Fresdesval –aledaños de Burgos- donde pensó retirarse el emperador Carlos I antes de decidirse por Yuste. Veíamos también “impresas en la nieve las huellas”, pero no “de los descarnados pies de los esqueletos” como las describe Bécquer, sino de seres fantasmales, también las del protagonista que, tras dejar su cuerpo despedazado por los lobos, fue capaz de pronunciar el nombre de su amada, oído por ella durante el sueño, y de dejar su banda azul sobre el reclinatorio de la capilla de su palacio.

  1. EL HOMBRE UN SER PARA LA TRANSMUERTE

El más allá y el más acá de la muerte son como los dos polos de un campo magnético que, en dirección opuesta y con intensidad variable, atraen las aspiraciones de los hombres de todos los tiempos y regiones. El filósofo Martin Heidegger acierta cuando afirma: “El hombre, un ser para la muerte”, aunque sea más acertado decir “para la transmuerte”. Desde el instante de la concepción caminamos hacia el más allá de la muerte, que es la vida eterna. El cristiano es hombre de perspectiva, capaz de mirar lo eterno y ultramundano situado más allá de la línea del horizonte, sin dejar de ver lo temporal e intramundano, como el buen conductor, mientras maneja el volante, contempla el paisaje a través del parabrisas sin verse forzado a mirar alternativamente la inmediatez del cristal o su más allá paisajístico. El hombre moderno tiene miedo a la muerte. Por eso, la oculta y hasta rehúye mencionarla. “Corremos sin cuidado hacia el precipicio tras haber puesto algo delante de nosotros para no verlo[2]”. Cualquier día y mes, especialmente noviembre, es bueno para pensar en la muerte y en el más allá de ella sin olvidar algunos de los fenómenos conocidos cada vez mejor. Para hacerlo sin el miedo de animal herido, pero con “la gracia del miedo” al mismo tiempo que solo con “miedo al miedo”, aparte de la fe, puede servir un libro de fino humor irónico, cuyo autor se define “un judío de apellido árabe y de religión católica”[3].

  1. “ÁNIMAS, ALMAS, ESPÍRITUS, FANTASMAS, YO CONSCIENTE[4]

En el plano del conocimiento y del lenguaje no es posible el encuentro con lo transcendente, con lo estrictamente espiritual (alma, espíritu, etc.,), sino a  través de mediaciones metafóricas o simbólicas. Por eso, el significado de “ánima”[5] y de “espíritu” salta desde el básico o etimológico “aliento, aire, viento” al metafísico, transcendente a los sentidos, al espiritual. Probablemente sirvió de punto de apoyo para dar el salto la comprobación de que el hombre vive mientras respira, expira o muere cuando deja de hacerlo. Son palabras sinónimas en cuanto a su etimología. En cambio, no lo es “alma” aunque lo parezca a primera vista. Su étimo relaciona esta palabra con el radical al- de alo, alere = “alimentar” más el sufijo grecolatino –ma, en latín originariamente –men, más tarde –mentum, por ejemplo alimentum > “alimento”. Luego etimológicamente “alma” designa lo “nutriz, vivificador” del cuerpo[6]. Estas mismas palabras, en determinado contexto (apariciones, visiones) designan realidades no estrictamente espirituales, aunque tampoco propiamente materiales, sino inmateriales si bien perceptibles de alguna manera por los sentidos; a veces quedan reducidos a algo meramente intramental o imaginario. Precisamente el Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española, Madrid 200121) define “fantasma” como “imagen de un objeto que queda impresa en la fantasía. /Visión quimérica como la que se da en los sueños en las figuraciones de la imaginación. /Imagen de una persona muerta que, según algunos, se aparece a los vivos, etc.,”. Todas las palabras, también estas, son “polisémicas” o portadoras de “muchos significados”, que a veces se entrecruzan coincidiendo en alguno de ellos, o sea, son sinónimas. La sinonimia de las señaladas se refiere también al principio vital y espiritual del hombre en sí y en cuanto subsistente tras a muerte, que a veces se aparece como sensible o captable por los sentidos e inmaterial. Pero nunca designan al yo completo. No se entiende por qué, en décadas pasadas, se ha generalizado la interpretación del sustantivo antropológico acompañado del adjetivo posesivo: “mi alma, mi espíritu, mi cuerpo, mi carne”[7] como si el substantivo se identificara con todo el ser humano y significara “yo”. De ahí se deducía el monismo antropológico bíblico que se opondría al dualismo griego. Pero, en estos textos y contextos, en hebreo y arameo, el yo es designado por un pronombre personal sufijo afijado; en griego (texto inspirado del Nuevo Testamento) por el correspondiente pronombre personal no sufijado, sino independiente. La traducción literalísima: “el alma de mí” refleja la disociación entre el yo y sus elementos constitutivos –si cabe- mejor que el español: “Mi alma proclama…, mi espíritu exulta…”[8]. La antropología neotestamentaria, culmen de la revelación divina es la dualidad antropológica, no el dualismo, o sea, la unidad psicosomática con dos vertientes, la material y la espiritual, constitutivas de la cima del yo consciente. La originalidad antropológica, sobrenatural, de la revelación cristiana constituye al hombre en “creatura de Dios” (A. Testamento) y en “nueva creatura en y para Jesucristo” (N. Testamento).

  1. EL CUERPO FÍSICO O MATERIAL Y EL CUERPO ENERGÉTIO O INMATERIAL[9]

Prescindo ahora del alma espiritual, acerca de la cual las ciencias positivas no tienen nada que decir; no pueden afirmar ni su existencia ni que no existe, aunque los científicos suelen ceder a la tentación de invadir el campo de lo metafísico, de lo espiritual. Con razón el filósofo Bergson critica la mentalidad cientificista coetánea suya e indirectamente a la posterior: “Solo hemos pedido a la ciencia que siga siendo científica, que no se disfrace de metafísica inconsciente, presentándose entonces a los ignorantes y semidoctos bajo la máscara de la ciencia. Durante medio siglo este cientificismo ha obstaculizado el camino de la metafísica”[10]. 3.1. El cuerpo físico o material Cuando se visita el Museo de Historia en Washington, donde hay un sinnúmero de “cosas” de variado interés histórico, llama la atención una sala pequeña. En una de sus paredes, una lámina reproduce la figura anatómica (sistema óseo, nervioso, circulatorio) de un hombre, cuya estatura se adapta al peso de 77 kilogramos. Ante él, en las ramas de una especie de árbol metálico, recipientes de cristal de distintos tamaños contienen sus productos naturales y químicos: 48 kilos de agua, 17 de grasa, cuatro de fosfato de cal, kilo y medio de albúmina, una placa de gelatina de cinco kilos; frascos menores corresponden al carbonato cálcico. almidón, azúcar, cloruro de sodio y de calcio, etc. En la parte superior de la pared con grandes letras negras, una palabra: “El hombre”. ¿Pero, eso es el hombre? ¿Eso es la sonrisa de un niño, la ternura de una madre, el genio de Homero, Virgilio, Cervantes, Bach, Einstein, etc., la juvenil y viril santidad de san Juan Evangelista, la belleza y bondad de la Inmaculada Virgen María, la majestuosa y acogedora humanidad de Jesús de Nazaret, verdadero Dios y Hombre perfecto? Eso es el cuerpo físico o material de un hombre de 77 kg de peso, su cadáver un instante después de su muerte. A eso se reduce el hombre a ojos de un científico, en cuanto químico. 3.2. El cuerpo energético o inmaterial Una constante de signo más bien esotérico afirma la existencia de un “cuerpo” distinto del físico. Lo apellida “etéreo, etérico, astral, sutil, luminoso”. Descarto “etéreo, etérico” porque –desde 1905 gracias a Einstein- es sabido que el éter no existe y, por consiguiente, no puede haber un cuerpo hecho de éter, como afirma el yoga, etc., ni prana o “la esencia del éter” puede identificarse con lo divino panteísta (Átman-Brâhman, lo Uno-´Todo), como creen los hindúes. Prefiero llamarlo “energético”, para recoger la aportaciones de la física cuántica o moderna, e “inmaterial” para reflejar el sôma asómaton, “cuerpo incorpóreo” como consideraban los atomistas y los estoicos griegos a los espíritus y a lo divino, así como algunos escritores cristianos de los primeros siglos de la Iglesia a los demonios y-en algunas circunstancias- a los espíritus de los muertos. Mediante el cuerpo energético pueden explicarse algunos fenómenos, por ejemplo la bilocación, que, como su mismo nombre indica, consiste en “la acción” o presencia simultánea de la misma persona en “dos lugares” distintos y distantes. Sería metafísicamente imposible y físicamente irrealizable que la misma persona se hallara al mismo tiempo en dos lugares distintos, si estuviera en el mismo estado y condición. Pero no lo es si está de dos modos diferentes, a saber, en un sitio con el cuerpo físico o material y en el otro con el cuerpo energético o inmaterial, aunque no estrictamente espiritual. Sabemos con certeza que así ocurría en las bilocaciones de la venerable M. Esperanza de Jesús, fallecida en 1983. A juzgar por todos los indicios es presumible que así ocurriera en otros santos (san Pío de Pietrelcina, san Juan Bosco, etc.,), a veces respaldados por la seriedad de las inquisiciones y comprobaciones de la Inquisición (venerable María Jesús de Ágreda). Por otra parte, la física cuántica permite explicar por qué la bilocación no es la cuadratura del círculo, o sea, algo metafísicamente imposible, que ni Dios sería capaz de hacer; permite intuir cómo es realizable el desdoblamiento del sujeto en dos realidades diferenciadas: el cuerpo físico y el energético. Pero la bilocación bien merece una bitácora monográfica.

  1. LA DOCTRINA DEL MAGISTERIO DE LA IGLESIA CATÓLICA SOBRE EL MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

“Está estatuido para los hombres morir una sola vez y, después de la muerte, el juicio” (Hebr 9, 27)[11]. Tras el juicio, la subsistencia del alma hasta la resurrección de la carne o de los muertos con la posibilidad de un doble destino: premio o castigo, cielo o infierno. Para las almas no plenamente limpias o presentables ante el Señor hay un proceso de purificación o purificatorio, llamado purgatorio. Son las creencias escatológicas de la Iglesia católica[12]. Es la doctrina resumida por la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por el entonces cardenal Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), con la aprobación del papa san Juan Pablo II Magno. Tras expresar la fe de la Iglesia” en la resurrección de los muertos” y que “la resurrección se refiere a todo el hombre”, añade: “La Iglesia afirma la supervivencia y subsistencia, después de la muerte, de un elemento espiritual, dotado de conciencia y voluntad, de manera que subsiste el mismo `yo humano´, aunque entretanto carece del  complemento del cuerpo. Para designar este elemento, la Iglesia emplea la palabra `alma´ consagrada por el uso de la Sagrada Escritura y Tradición. Aunque sabe que esta palabra tiene diversos significados en las Sagradas Escrituras, no obstante, piensa que no hay razón alguna capaz de eliminar  el uso de esta palabra y, además, considera que es totalmente necesario un termino verbal para sostener la fe de los cristianos”. La fe, sigue diciendo, de la Iglesia en la inmortalidad o subsistencia de sola el alma hasta el momento de `la resurrección de los muertos´ o `de la carne´ está exigida, además, por “su (de la Iglesia) oración, sus ritos fúnebres, su culto de los muertos, realidades que substancialmente constituyen verdaderos lugares teológicos”, así como por ”la Asunción de la Virgen María en lo que tiene de único, o sea, el hecho de que la glorificación corpórea de la Virgen es la anticipación de la glorificación reservada  a todos los demás elegidos”[13]. El espiritismo es una constante en la historia de la humanidad; en cuanto evocación de los muertos y comunicación con ellos es tan antiguo como la humanidad misma[14]. Las creencias y prácticas espiritistas se merecen una próxima bitácora. Se lo merece, además, por el número de sus adeptos[15]. Los espiritistas viven condicionados por sus relaciones con los “espíritus” (= el alma más el periespíritu[16]) o quizás mejor “fantasmas” de los muertos a los que consultan tanto en los momentos decisivos de su vida personal, familiar y social como en los ordinarios sobre todo respecto del porvenir (“cómo debo actuar”, “adivinación”, etc.,). Es manifiesta la incompatibilidad de la fe cristiana con las creencias y prácticas espiritistas. Aunque no era necesario, el magisterio lo ha rechazado explícitamente. Un año antes (1856) de que Kardec publicara su Le livre des esprits el Santo Oficio considera “ilícito, herético y escandaloso”, entre tras actividades, “evocar las almas de los muertos para obtener respuestas, descubrir lo desconocido…” (Denzinger, nº 1654). En 1917 responde “negativamente a todo” a la pregunta: “Es lícito mediante médium –como dicen- o sin médium, empleado o no el hipnotismo, asistir a las sesiones espiritistas, al menos bajo pretexto de honradez y piedad, ya preguntando a las almas o espíritus, ya escuchando las respuestas, ya como simple espectador, incluso con la declaración solemne tácita o expresa de no querer tener parte alguna con los espíritus malignos”[17].

  1. LA NATURALEZA DE LOS FANTASMAS

Algún lector me estará interpelando: ¿pero, cree en las apariciones de los muertos? Creo en la subsistencia de las almas o yo consciente en el periodo intermedio entre la muerte y la resurrección de los muertos. Por ello, creo que, al menos en teoría o por principio, eso subsistente puede comunicarse con los vivos. Pero estoy convencido de que no se hallan a merced de nuestros deseos, curiosidad y caprichos, ni al servicio de nuestras autosugestiones en sesiones espiritistas, ni de la uiyá, ni de la escritura automática, ni fuera de ellas, aunque a veces su comunicación de estos u otros modos sea auténtica. Ahora me interesa precisar si se trata de apariciones auténticas, verdaderas no, y cuál es su naturaleza. 5.1. Naturaleza residual del “cuerpo” extramental de algunos fantasmas No sin extrañeza, un sacerdote me decía, en 1999 que unas mujeres de elevado nivel cultural y de buena formación cristiana se resistían a entrar en una de las habitaciones de una casona solariega, dedicada entonces a convivencias y a los tradicionales ejercicios espirituales. Lo hacían porque habían visto varias veces a un fantasma, un hombrachón fantasmal de aspecto triste, sentado en la cama. “Ver fantasmas” ha sido considerada tarea de “visionarios”, o sea, de individuos, sobre todo mujeres, de fantasía tan desbordada que son capaces de concebir “reales” las personas y escenas que existen solamente en su imaginación. Así parece ser en la mayoría de los casos. Los fantasmas pueden no tener más existencia que la mental de quien cree verlos. Pero, a veces, su consistencia es algo más que la meramente imaginaria. Piénsese, por ejemplo, en los 4.000 fantasmas o espectros de la batalla de Edgehill (Inglaterra), cuyos efectos audiovisuales se ven y se oyen a veces por los lugareños atónicos. Todavía en el año 1960, John Denning, el vicario de dicha localidad, y un “ejército” formado por feligreses y militares profesionales, con perros adiestrados, trataron de dominar al ejército de fantasmas. Pero no lo consiguieron, pues prosiguieron imperturbables la representación. No cabe duda que, al menos en algunos casos, hay como una supervivencia residual de imágenes y sonidos que han sido reales en el pasado. Piénsese que nuestra figura y nuestras palabras quedan como flotando en el espacio. La televisión y la radio ayudan a entender esta realidad. Evidentemente los colores no existen tal cual los percibimos nosotros. Está demostrado que cada color corresponde a una determinada longitud de onda electromagnética, o sea, de la luz y que esta es causada por diminutas partículas energéticas llamadas fotones (> fôs, fotós = “luz” en griego). Estos, emitidos por el Sol, son como el germen vibratorio de todos los colores. Cuando los fotones impactan, por ejemplo en los claveles silvestres, dados los pigmentos de estos, rebotan solo los fotones propios del rojo un tanto desvaído y llegan a nuestros ojos que los ven. Ciertamente en los claveles silvestres es mucho más embriagador y fino e intenso su olor que su color, aunque en realidad no haya sino ondas, átomos, en uno y en otro. Aunque suene a paradoja, la invisibilidad es una de las propiedades más evidentes de la luz. La vemos solamente cuando incide en nuestros ojos en la onda adecuada para ser captada por la retina. Cuando sintonizamos una onda o canal radiofónico o televisivo, que están retrasmitiendo una ceremonia celebrada por el papa en el Vaticano, vemos su sotana blanca. La figura e imagen visible se separa de la persona y de los personajes televisados. El color de la sotana papal ha sido “codificado” allí a partir de sus ondas electromagnéticas emitidas por la sotana. Esas ondas son luego “descodificadas” aquí, en nuestro aparato de radio o de televisión de suerte que finalmente pueden ser captadas por nuestros ojos. Este proceso puede ayudarnos a entender la realidad y consistencia extramental de las ondas fantasmales residuales. La conservación de las imágenes y sonidos residuales suele ocurrir sobre todo en lugares, que han sido escenario de tragedias (crímenes, pasionales o no) y, por lo mismo, llenos de una carga emocional extraordinaria: odio, amor, rencor, venganza, etc. Son imágenes que permanecen latentes e invisibles durante más o menos tiempo hasta que se “descodifican” en determinadas circunstancias y uno o más espectadores las ven. Sería como una película de escenas reales, filmadas en el pasado y guardadas en un vídeo que no está a disposición de los vivientes. Pero se proyecta como automáticamente en situaciones concretas e imprevistas con la particularidad obvia de que las imágenes, los sonidos, los efectos especiales y su ritmo es siempre él mismo, aunque sean captados por espectadores distintos y en fechas diferentes. En este apartado pueden incluirse tantos casos de “almas en pena” y de fantasmas que entran en escena, son vistos por una o más personas atónitas y desaparecen sin dialogar con nadie. He aquí un caso paradigmático entre los muchos que podrían citarse. “(En la casona de una finca de Jaén) en el rellano de la escalera… vi a una esbelta mujer (de unas 20 primaveras), con un traje de época (siglo XIX), con miriñaque y todo. Recuerdo que su color era amarillo brillante con rayas negras y algo gruesas (cuello alto lleno de filigranas, abanico en la mano). La mujer subía los peldaños despacio con pasos femeninos y acompasados… Agarró con ambas manos la balaustrada de la escalera, me sonrío con enorme tristeza, y ¡desapareció! Así de golpe, ¡zas!… La volví a ver muchos años más tarde, en 1987”. En esta ocasión, el esposo de la vidente no la vio aunque estaba en la misma habitación. “La mujer se encaminó hacia la pared y la atravesó suave y dulcemente”. Dos años más tarde, un cuñado le presentó un montón de fotografías amarillentas. En más de cuatro de ellas estaba la bella mujer de vestido amarillo. Era una de las  bisabuelas de una tía del esposo, moradora de la casona jienense[18]”. Más que alma del purgatorio, parece ser una imagen residual, aunque la sonrisa –si fue real, no solamente imaginada- es una forma de dialogo gestual que exige la presencia de un yo consciente. 5.2. Fenómenos meramente intramentales o sin realidad fuera del sujeto vidente Aquí encajan los llamados “viajes astrales”, aunque sea más acertada la denominación “proyecciones astrales” o “mentales”, o sea, experiencias vividas por algunas personas convencidas de haber visto su propio cuerpo desde fuera del mismo y haber realizado viajes sin el cuerpo material, encontrándose o no con diversos personajes míticos o no. Aquí encajan también las experiencias “junto/próximas a la muerte” (> Near death experiences; su sigla: NDE)[19]. Pero no deben confundirse las “ascensiones” del espíritu de los hombres muertos con las reales o supuestas de los todavía vivos, aunque a veces lo hayan hecho algunos estudiosos del gnosticismo antiguo (siglos II-IV d. C.,). Son incontables los textos gnósticos de estos viajes astrales después de la muerte[20]. Según los gnósticos, la materia es intrínsecamente mala. De ahí que el espíritu realice el viaje astral ante de la muerte con “el cuerpo incorpóreo” o “inmaterial” (sôma asómaton), no con el material[21]. ¿Pero con el cuerpo inmaterial de consistencia extramental o solo mentalmente? Los textos conservados no permiten discernir si los viajes gnósticos astrales antes de la muerte son intramentales, si bien todos los datos indican que son algo solamente imaginado, fruto de la autosugestión. En nuestros días los miembros de numerosos grupos no cristianos[22] realizan viajes astrales antes de la muerte. Varios gnósticos y luciferinos me han dicho que los hacen dos o más veces por semana y cómo los preparan y realizan. Pero, a juzgar por todos los síntomas y detalles, al menos en los casos conocidos por mí, son viajes meramente intramentales o proyecciones mentales, lo mismo que los de los chamanes y de las brujas, tanto medievales como de nuestros días. En estos influían los alucinógenos, empleados también por Nueva Era (uso de la ayahuasca, Daime, etc., drogas “sagradas” entre varios grupos indígenas americanos, ahora también en España) para lograr el biensentirse interior y la expansión de la conciencia (trance, etc.,). Científicos de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza) han mostrado la realización de viaje astrales inducidos en personas sanas, al margen de los tenidos en procesos traumáticos, infartos, accidentes automovilísticos, ataques epilépticos graves y de los que están al alcance de cualquiera mediante el uso y abuso de drogas. Los viajes astrales o sus imágenes aparecen cuando se genera una distorsión en lo circuitos cerebrales que producen la información sensorial. Conviene advertir que la práctica frecuente de los viajes astrales puede y suele desembocar en esquizofrenia, resultado de los esfuerzos e intentos afanosos por separar el alma/la mente del cuerpo físico. Conozco varios casos realmente lamentables y merecedores de compasión y ayuda. 5.3. Ni solo fantasmas residuales ni solo figuraciones mentales, sino seres conscientes capaces de dialogar y de ser registrada su voz en aparatos electrónicos, aunque no captable por el oído humano Hay casos en los que el “fantasma” no se limita a hacer acto de presencia. Además de dejarse ver, dialoga con palabras o por medio de gestos[23]. Luego se trata de un espíritu, alma, yo consciente o como se lo quiera denominar. Evidentemente su cuerpo –visible ahora- no puede ser el físico o material, que está ya corrompido en el sepulcro. Puede suponerse que se trata del cuerpo energético o inmaterial. Pero, aun en estos casos, es preciso descartar que no sean diálogos solamente mentales, mantenidos solo en la imaginación de la protagonista y, a su vez, que tampoco son imágenes meramente residuales. María Simma, mujer suiza, sencilla, sin estudios afirma recibir frecuentes visitas de las almas en pena o en periodo purificatorio. La primera comunicación con un alma  -año 1940- fue auditiva y de noche. Simma supuso que se trataba de una persona todavía no muerta. Se levantó dos veces de la cama para invitarle a que se fuera, pero “no había nadie allí”. Se repitió la escena en la noche siguiente. Asesorada por un sacerdote, María preguntó: “¿Qué es lo que necesitas de mí? El personaje se detuvo, se volvió y me miró diciendo: `Haga que se celebren tres misas por mí; entonces seré  liberado´”. Unos niños, que estaban presentes en una de las comunicaciones, nada vieron ni oyeron a no ser a Simma[24]. ¿Luego se trata de una comunicación mental, aunque proyectada hacia el exterior o de una parafonía captada directamente de mente a mente? El tecnicismo “parafonía”, cuyo étimo significa “voz, lenguaje” (< phoné, griego) “marginal”, paranormal, es más acertado que  “psicofonía”  o “voz de la psique/alma” (psykhé, gr.), pues este precisa la naturaleza de la causa del fenómeno, aunque solo sea una de las posibles. Se define como la captación de sonidos y, por extensión, de imágenes producidos por causas paranormales. Friedrich (“Federico” en español) Jürgenson, nacido en Odesa (Ucrania, año 1903)  pero residente en Estocolmo (Suecia) desde 1947, experto en filmar películas sobre aves, las descubrió casualmente en junio de 1959 cuando, en un bosque cercano a su casa, estaba grabando el canto de un pinzón para la banda sonora de una de sus películas ornitológicas. Ya en su casa, al escuchar lo grabado, oyó el canto del pinzón y, además, murmullos de voces y una que hablaba de las aves. Contrariado, pensó que le había estropeado e inutilizado la grabación alguien que había estado allí, aunque él no había visto ni oído a nadie. Al día siguiente repitió la sesión en absoluto silencio y pendiente de evitar cualquier interferencia extraña. Ya en casa, escuchó el canto nítido del pinzón y, además, una voz distinta de la del día anterior, ahora femenina, que comenzaba pronunciando el diminutivo cariñoso de su nombre, el mismo con el que solía llamarle su madre. He aquí su traducción al español: “Fede…, mi pequeño Fede…, ¿Puedes oírme?”. Se emocionó; permaneció unos instantes conmocionado y como paralizado. Acude a un grupo de parapsicólogos de Estocolmo, pero no le prestan atención ni credibilidad. Defraudado, en 1964 conecta con Konstantin Raudive, que le cree y colabora con él. Por eso, las voces paranormales se llaman “voces Raudive”. En una de las grabaciones oyen: “¿Konstantin, reconoces  a Margarette?”. Así se llamaba la ya fallecida secretaria particular de su esposa. La misma voz afirma: “Somos vuestros amigos… y estamos junto a vosotros”. El papa Pablo VI concedió a Jürgenson una condecoración pontificia. Las parafonías y el conjunto de fenómenos colaterales reciben la designación técnica alemana de evidente procedencia latina: instrumentelle Transkommunication (ITC), “comunicación con lo transcendente por medio de instrumentos” registradores electrónicos (grabadoras, máquinas de fax, teléfono, televisión, vídeo, etc.,). Nadie puede negar la existencia de la transcomunicación instrumental, distinta de la comunicación directa, personal, entre los videntes y las almas en pena o sin pena. Ya son muy numerosas las parafonías registradas sin fraude, presente en algunos casos. A los parapsicólogos y científicos les toca la tarea de intentar explicar este fenómeno como si fuera solo natural. Para ello han ido elaborando y desechando diversas interpretaciones: -a) Voces residuales de personas o de emisiones radiofónicas y una especie de ecos subliminales, conservadas en ondas no captables por el oído humano, pero captadas gracias a la tecnología moderna por medio de los aparatos de grabación. Pero esta explicación es incompaginable con la pronunciación del nombre propio de los experimentadores y con el diálogo coherente. -b) Un efecto de ventriloquia subliminal inconsciente. Un experimentador respondería a sus preguntas mediante una ventriloquía inconsciente en ondas no captables por el oído normal. Pero es una interpretación demasiado alambicada y artificiosa (preguntas audibles y respuestas ventrilocuas imperceptibles para el mismo que las emite). Además, los sonidos no se transmiten en el vacío, pero las parafonías se dan también dentro de la campana de vacío. Descartadas estas y otras interpretaciones, se va imponiendo como única válida la vulgar y más divulgada, la que considera las parafonías como fenómenos producidos por “seres inteligentes” distintos de los hombres dotados de cuerpo físico o material, fenómenos que son captados por los mortales cuando hallan un soporte físico adecuado y el adecuado substrato energético. Quedan así vinculadas a las almas o espíritus de personas fallecidas (“psicofonías” propiamente dichas). De este tipo son los primeros casos ya reseñados y otros muchos, la mayoría de las parafonías registradas. Queda abierta la puerta también a la comunicación con seres transcendentes: Dios, la Virgen María[25], etc. La interpretación precedente es necesariamente rechazada por pre-juicios ideológicos por parte de los que niegan la subsistencia de las almas personales tras la muerte, así como la de Dios y de cualquier ser transcendente. También es rechazada por algunos científicos que admiten la transcendencia personal, pero que se resisten a aceptar la realidad e incluso la posibilidad de su transcomunicación instrumental. A unos y a otros les queda recurrir a “efectos telérgicos” (griego: télos/téleo, “final, lejos”, érgon,”acción, obra»), o sea, fruto de la” «telergía[26]”, una fuerza capaz de producir fenómenos paranormales como la telepatía, etc. Las parafonías serían una especie de telepatía entre el experimentador y el aparato de grabación o de filmación. Es una explicación, tenazmente mantenida por algunos, aunque vaya disminuyendo el número de sus partidarios por su misma rareza y por los nuevos sistemas de experimentación en esta materia[27]. [1] Cf. Gustavo Adolfo Bécquer, Leyendas y narraciones (Grandes Maestros de  la Literatura Clásica Universal, Madrid 1977, pp. 24-30). [2] Blas Pascal, Pensamientos, 155. [3] Fabrice Hadjadj, Tenga usted ÉXITO en su muerte, anti-método para vivir, Nuevo Inicio, Granada 2011 (1ª  edición francesa 2005). El autor nacido en 1971, hijo de padres militantes revolucionarios, fue ateo y anarquista durante su adolescencia, convertido al catolicismo en 1998, es paradójico en este como en sus restantes numerosas publicaciones. [4] Cf. M. Guerra, Antropologías y teología (Antropologías helénico-bíblicas y su repercusión en la teología y espiritualidad cristianas), Eunsa, Pamplona 1976, 165-199,  240-243, etc. [5] También animus> “ánimo”, en griego ánemos, de donde “anemómetro” o “aparato para medir la velocidad del viento”. Hasta Séneca animus acaparó el significado posterior de anima mientras que este término designaba el principio vital común a los animales irracionales y a las funciones inferiores del hombre. En pueblos arcaicos se creía en la constitución aérea  del alma. Todavía a mediados del siglo XX, presumiblemente también  ahora, en algunas aldeas gallegas si alguien enfermaba o se agravaba un enfermo, residente en la calle por donde había sido llevado a enterrar un cadáver, lo atribuían a  “o aire” (“el aire”). Pero no se trata de la atmósfera  contaminada por el cadáver. “O aire” no es el aire, elemento natural, sino el  espíritu o alma del difunto, ya que al afectado  lo llevan al cementerio para que exhale o aire  con el cuerpo boca abajo sobre la sepultura del recién enterrado mediante palabras, ensalmos, frecuentemente  –según un sacerdote- ininteligibles. Cf. M. Guerra, El agua y el aire, principios primordiales y primigenios del mundo y del hombre (Nueva interpretación de Jn 3,5ss. al trasluz de una constante mítico-filosófica de la antigüedad), “Burgense” 3 (1962) 239-311, especialmente 282ss. [6] Este significado se ha conservado en el castellano vulgar de una forma llamativa. Todavía recuerdo la extrañeza que, en mi adolescencia, un día de matanza ritualizada del cerdo en un pueblo de la cuna de Castilla (zona norteña de la provincia de Burgos), mi padre me encargó: “lleva el alma a tu madre” mientras me entregaba la franja del vientre donde están las tetas, nutricias de sus crías. Supongo que lo mismo ocurrirá o habrá  ocurrido en otras regiones españolas. [7] Por ejemplo, en los salmos nefesh = “alma” en hebreo, aparece 105 veces (aproximadamente el 75% de su uso en los mismos) en este sintagma: “mi alma”. Parecida proporción aparece en los restantes términos antropológicos. [8] Palabras de la Virgen en el Magnificat (Lc 1,46). [9] Cf. M. Guerra, La evolución del universo, de la vida y del hombre . (El hombre compuesto de cuerpo físico o material, cuerpo energético o inmaterial y alma espiritual? Homo/Legens, Madrid 2009. [10] Henri Bergson, La pensé et le mouvement, 19343,  p. 83. [11] Por consiguiente queda rechazada la reencarnación de las almas, cf. ¿Los jóvenes españoles creen en la reencarnación de las almas más que en la resurrección de los muertos?  en este mismo blog. [12] Cf. Cándido Pozo, El Credo del pueblo de Dios (del beato Pablo VI), B.A.C., Madrid 1968. [13]  Acta Apostolicae Sedis 71, 1979, pp. 939-943, n.os 1-6, etc. En nuestro tiempo se tiende a usar “mente” en vez  de alma, en el fondo por la misma razón explicitada por Lucrecio (siglo I a.C.) en su De rerum natura, a saber, porque la palabra alma se asocia a su espiritualidad e inmortalidad.  Sobre la inmortalidad del alma desde la razón humana, cf. M. Guerra, El enigma del hombre. De la antropología a la religión,  Eunsa, Pamplona 19993, 329-363 [14] Recuérdese la evocación de los muertos  por Ulises en la Odisea (libro 11), la de Samuel la pitonisa de Endor a petición del rey Saúl (1Sam 28,8-29), etc. Cf. Canalismo, ectoplasma, espirita, espiritismo, espiritualismo trinitario mariano,  evocación, Fox (Margaret/Katie), médium, periespíritu, raps, trance, uiyá, etc,  en mi Diccionario enciclopédico de las sectas, B.A.C., Madrid 20135  y las 47 sectas espiritistas nombradas en las pp. 267-268 y descritas en su lugar correspondiente por orden alfabético. [15] Prescindo ahora de los que consultan a los espíritus de modo más o menos esporádico en cualquiera de las modalidades de las sesiones espiritistas o por medio de la uiyá (oui-ja). Aún  así, su número es muy elevado. Solo en EE.UU, en 1945, había 228.000 espiritistas, divididos en cuatro organizaciones con “682 iglesias” (salones, generalmente en plantas bajas con bancos, armonio, facistol y demás requisitos –mesa, cortinas, etc.-necesarios para las sesiones espiritistas). J. Gordon Melton describe las 55 principales sectas espiritistas existentes en Estados Unidos (The Encyclopedia of American Religions, Gale Research, Detroit 19934, pp.433-471). En Argentina hay 402 sectas espiritistas inscritas en el Registro Nacional de Cultos entre 1975-1995, ahora presumiblemente más. Según el estudio estadístico del Consejo Político-Social dela Academia Masónica de Altos Estudios (Río de Janeiro) el 33,4% de los masones brasileños son espiritistas. Más de un millón en Francia. Desconozco si hay datos para España; en mi Diccionario… describo 15 grupos espiritistas de 15 a 100 miembros cada uno. En el mundo su número asciende a diez millones según unos, a cien millones (dato señalado para 1960 por M. Kehl, “Nueva Era” frente a cristianismo, Herder, Barcelona 1990, p. 134). [16] El ”periespíritu” ( griego: perí = “alrededor de”) o “cuerpo etérico” es ” la envoltura ligera, imponderable, etérea, lazo intermediario entre el  espíritu y el cuerpo” (A. Kardec,  ¿Qué es el espiritismo?, 1859, p. 93; también IDEM, El Evangelio según el espiritismo, Editora Espirita Española, Madrid 1982 (1ª  edición 1864). [17] Acta Apostolicae Sedis 9 (1917) 268.  Cf .también Catecismo de la  Iglesia Católica, nºs 2116-2117. [18] María Vallejo-Nájera, Entre el cielo y la tierra. Historias curiosas sobre el Purgatorio, Planeta, Barcelona 207, pp. 187-189, 193-194.   [19] Casos de desdoblamiento, en el cual el yo consciente, por ejemplo, ve desde fuera su propio cuerpo material atrapado entre la chatarra del coche accidentado o, desde arriba, en la camilla de operaciones tras un paro cardiaco durante una operación quirúrgica. Recuperada la consciencia recuerdan haber visto algo que físicamente no podían ver o haber pasado por una especie de túnel  con lumimosidad y felicidad inenarrable al final, así como, a veces, haberse encontrado con figuras fantasmales, inmateriales, luminosas de personas muertas.  Para los casos de NDE hay una pregunta  básica: ”¿durante la experiencia  NDE el sujeto está real o solo aparentemente muerto? La respuesta de médicos de prestigio a los que he consultado se inclina a favor de la muerte solo aparente. Cf. los libros de Elisabeth Kübler-Ross, especializada en atender a moribundos, sobre todo niños, que ha entrevistado a 20.000 personas con experiencias NDE, por ejemplo La rueda de la vida, Ediciones B, Barcelona 2006 y las cuatro fases de estas experiencias en las pp. 109-110. Cf. M. Guerra, La evolución del universo, de la vida y …268-270.  [20] En los documentos de Nag-Hammadi (Antonio Piñero-José Monserrat Torrents-Francisco García Bazán, Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi, I-III, Trotta, Madrid 1997-2000): Zostr (Zostriano, NCH VIII, 1) nºs. 4-5; Doctr. Auct (Enseñanza autorizada) 28; Evangelio de María 15-17; 1ª Apoc  Iacobi (Primera Apocalipsis de Santiago, NCH V 3) 33-35;  Evang Philip (de Felipe) 65, etc. [21] San Ireneo, Haer 1,24,2  SCh 264, 326;san Hipólito Refut 8,10,5ss. PG 16, 3;Ps-Tertuliano, 3;  Nag Hammadi: Apocalipsis de Pedro (NCH VII, etc. Zostr 4; Allogenes 58, etc. El autor del Apocalipsis de Pablo  (nºs. 20-24) da por supuesto que san Pablo está “fuera del cuerpo” (2Cor 12,2) y que, como desde arriba, ve su cuerpo en el mundo inferior. [22] Enmarcados en  Nueva Era, en la teosofía, en el neochamanismo, en el gnosticismo moderno (fundado por el entonces masón  Jules Doinel a finales del siglo XIX), en el luciferismo, etc. [23] Cf. el caso protagonizado por la conocidísima periodista Paloma Gómez Borrero en la embajada española ante la Santa Sede en la década de los setenta y descrito por ella misma y transcrito por María Vallejo-Nájera, Entre el cielo y la Tierra…. pp. 151-164. [24] Cf. María Simma-Nicolás Neltz, “¡Sáquennos de aquí!”, Talleres Gráficos Color, Buenos Aires  2003. [25] En las apariciones de la Virgen en Garabandal (San Sebastián de) en Cantabria (España) quedó grabada su voz en un magnetófono puesto en marcha no con esta intención, sino  para recoger las palabras de las videntes y su entorno (cf. Eusebio García de Pesquera,  Se fue con prisas a la Montaña, Litografía G. Uriarte e Hijos, Pamplona 20042, p.136). Las palabras grabadas tienen coherencia lógica con las dichas inmediatamente antes por las videntes y no fueron oídas por ninguno de los circunstantes, excepto por las videntes. [26] No “telérgia” como se escribe a veces, pues la ortografía castellana exige pasar las palabras griegas a través de la prosodia latina tradicional (cf. Manuel F. Galiano, La transcripción castellana de los nombres propios griegos, Sociedad Española de Estudios Clásicos,  Madrid 1961, nºs  138-139; Crisóstomo Eseverri Hualde, Diccionario etimológico de helenismos españoles, Aldecoa, Burgos 19792, p.12). Aquí, como en “energía, Samaría” , etc., la ”i” proviene de un diptongo griego·”enérgeia, Samáreia” y consecuentemente es larga y la palabra, grave o llana. Si hubiera sido breve, la palabra habría sido esdrújula, aunque con las inevitables excepciones confirmatorias de la norma general, por ejemplo  “filología, filosofía, teología”, etc., que conservan la forma y la acentuación griega originaria. [27] Cf. la excelente exposición  del experto en parafonías  Sinesio Garnell Huerta, Psicofonía en José María Pilón, 10 palabras clave en parapsicología, Verbo Divino, Estella 1994,pp. 249-277; Óscar González Quevedo, Las fuerzas físicas de la mente,  Sal Terrae, Santander 1971-1972;  IDEM, El rostro oculto de la mente, Sal Terrae, Santander 198014;  M. Guerra Gómez, Diccionario enciclopédico de las sectas, B.A.C., Madrid 20135, palabras Ectoplasma, parafonía, ,paragnosta, paragrafía, paranormal, parapsicología; J. Mª. Pilón, ¿Lo paranormal existe? Temas de Hoy, Madrid 1996, pp. 76-87 (casos concretos).

Comentarios
11 comentarios en “EL MÁS ALLÁ DE LA MUERTE ¿EXISTEN REALMENTE LOS FANTASMAS?
  1. el caso concreto fue asi , se aparecia todas las noches despues de las 00.00 hs una niña en bicicleta en una estacion de servicio , tenia unas palabras con el playero y se iva en su bicicleta , en una ocasion el playero le pregunto que hacia a esa hora por y a donde iva , la niña le contesto que se iva a ver a su hermano al cementerio , la persona quedo impactda por la contestacion , y la nla se iv, asi todas las noches, hasta que se corrio el comentario y llego a mis manos, entonces empezo la investigacion , a la niña no la conocian , las personas de la estacion de servicio donde se aparecia, otras personas tambien la vieron , la siguieron y entraba al cementerio , en donde se les desaparecia, buscando informacion encontre que hacia unos años un niños habia muerto en un accidente en esa ruta donde ella se aparecia, investigando mas , encuentro que la familia no vivia mas en esa ciudad, se habia ido a 500 kms de distancia estaba en otra ciudad , consigo ubicarla, y me encuentro con la ñina que se aparecia en bicicleta en la estacion de servicio , llegue a la conclñusion que la mente de ella se trasladaba cada noche en su afan de ir a ver a su hermano hasta el cementerio donde estaba cepultado, el caso se soluciono , al ser tratada psilogica. llegue a la conclusion que el insconciente de ella manipulaba o implantaba informacion en las persona que la veian , que esas personas decodificaban como si fuese real de carne y hueso .
    conclusion , la realidad no es materia es mente..

  2. yo llegue a la conclusion que es nuestro insconciente el que proyecta todas las circunstancia que nos ocurren , y en niños en etapa de la pubertad se dan mas los hechos, como me toco investigar casos de proyecciones astrales que hacian de su hermano muerto , pero no una figura asi nomas, era una figura real viva, que hablaba con otras personas , puedo relatar el hecho que mas me impacto , que despues fue tratado por un psicologo el niñoi y termino de aparecerse a kms de distancia de donde estabam eso si , siempre fue despues de las 00.00 hs, cuando el niño estaba durmiendo aparecia el hermano muerto.

  3. Estimado y querido padre Manuel Guerra tuve la fortuna de leer su monumental Diccionario enciclopédico de las sectas a los 20 años en una biblioteca universitaria y me encantó su erudición, rigor y sentido apologetico. Pero me gustaría saber si conoce alguna refutación católica de Gonzalo Puente Ojea, y más en concreto, del El mito del alma: ciencia y religión. Creo recordar que usted mencionaba en su Diccionario en la voz «alma» a autores como Eccles o Penfield. Muchas gracias.

  4. Cosas de Dios, para ÉL, nada es imposible, si se reza con fe perseverancia y humildad, nada absolutamente nada hay que puedan inquietar a un cristiano. Todo es posible, en la manifestación de Dios todopoderoso, sólo el Espíritu Santo, sin estridencias, es el que verdaderamente gobierna lo visible e invisible de la Creación.
    Con Cristo

  5. Mi experiencia: soy chilena, estaba en Buenos Aires y el día que me venía de vuelta a Chile, me faltaban cosas y crucé corriendo la Plaza San Martín, la más importante de la ciudad, estaban arreglando las veredas, por lo que caminaba rápido pero con cuidado, cuando se me aparece un conocido (no amigo), que no veía hacía años, en el aire y desaparece. Mi impresión fue muy grande. Al llegar a Chile pregunto por él y me dicen que a esa misma hora lo habían enterrado, él tenía 28 años y murió de diabetes, no era un hombre religioso ni esotérico, aunque yo sí soy muy religiosa. ¿Qué significa?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *