En una sociedad democrática existe el derecho a la defensa de la vida de los gestantes en los vientres maternos concebidos como fruto del amor de un padre y una madre. Es justo y natural que así sea. La Iglesia cuando defiende el valor de la vida humana se basa en el mandamiento de la Ley de Dios que nos pide no matar a nadie por ninguna causa. Los católicos rechazamos la pena de muerte, el aborto o el suicidio asistido o eutanasia. En las sociedades «modernas» el aborto está dentro de los derechos de la mujer, y en otros la eutanasia está tan permitida como irse al dentista a extraer una pieza dentaria. En los últimos años la defensa de la vida humana dentro de la Iglesia ha bajado sus decibelios de sonido. Se hace poco, o con poco ruido desde la alta cúspide eclesial. Los obispos han dejado sus plumas descansar sobre tan horrendo crimen, como lo calificó San Juan Pablo II. Y algunos curas sienten alergia tratar este asunto en sus homilías. Solamente quedan grupos de laicos defensores del derecho a la vida, que además son limpiados de las aceras por la propia policía cuando desean informar sobre el valor de la vida contra el horror de la muerte de seres inocentes; o han sido trufados por ciertas formas sectarias de pensamiento, palabras y obras, que han llevado a meter una sordina en las propias plataformas de la defensa de la vida humana. Estamos entrando en un invierno bien por miedo, bien por falta de estímulos, bien por influencia del buenismo reinante, bien porque no es políticamente correcto, en un invierno repito, durante el cual la defensa de la vida humana ya no es una banderín de enganche de gentes convencidas del valor de la vida humana. Ahora se lleva el valor de una obra de misericordia, más que la defensa de la vida humana desde el seno materno hasta la muerte natural cuando Dios lo disponga. Mis dedos no descansarán sobre el teclado a la hora de hablar sobre el valor de la vida humana, como lo he hecho siempre, y lo seguiré realizando hasta el último suspiro de mi vida. Tomás de la Torre Lendínez
Defiendo la vida humana desde la cuna a la tumba

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