Lecturas LXXXVIII: Un cura verdaderamente singular

Lecturas LXXXVIII: Un cura verdaderamente singular

Cerna de Carballo: Xosé Manuel Carballo Ferreiro visto por 200 amigas e amigos. Irmandade Manuel María y Xermolos, Lugo 2015, 423 pgs.

Es un libro de amigos. Ya lo dice el título. No es de extrañar por tanto que hablen bien del amigo. Lo sorprendente es que sean tantos y que expongan con entusiasmo tantas facetas de la impresionante personalidad de esta persona verdaderamente singular. Y desde tan distintos orígenes  y mentalidades. Porque los amigos van desde obispos a ateos confesos.

Si algo tendrá el agua cuando la bendicen algo tendrá Carballo cuando concita tanta admiración y amistad.

Y algo uno puede entenderlo porque se tiene por amigo de José Manuel, de Xosé Manuel, aunque su testimonio no esté en el libro.

No empezamos bien él y yo. Incluso muy mal. Peo está hecho de una pasta tan especial que inmediatamente el choque se convirtió en amistad y proyecto de encuentro que al fin tuvo lugar. Estaba seguro de que iba a encontrarme con alguien que valía mucho la pena. Pues fue muchísimo más de lo esperado. Y uno ya iba preparado, mi mujer quedó maravillada.

Es inteligente,  cosa que ya se percibe por su mirada penetrante, extrovertido, generoso, afectuoso, de hondo humor galaico que en ocasiones se reviste de sorna aunque siempre amable… Da todo lo que tiene. La palabra, que tanto le cuesta y que le impone necesarios descansos, su mirar inteligente, que ese no le cansa, y afecto a raudales.

Aficionado al teatro, como autor, director y hasta es posible que ello haya influido en su personalidad. Ciertamente son muchas las ocasiones en que uno aplaudiría al oírle. Animador social en la Galicia profunda y abandonada. En verdad sobresaliente donde quiera que se halle, incluso desde su silla de ruedas, lo mismo entre sus paisanos que entre personajes de renombre. Paladín de su tierra, la Chaira, y de Galicia entera. Para los que no dominamos el gallego e incluso mal castrapamos, su gallego es una verdadera delicia aunque se tenga que acudir no pocas veces al diccionario. Su novelita relatando el paseo de un arqueólogo alemán por sus rincones tan queridos es modelo del verdadero gallego rural y de costumbres y trabajos hoy perdidos que yo de niño llegué a conocer. Un verdadero gozo su lectura. Tanto idiomático como antropológico. Pero su indudable y queridísimo galleguismo no supone la menor chulería o intransigencia. Con nosotros se manifestó siempre en un castellano perfecto. Lo único que nos preocupaba era tanta entrega en la palabra que le imponía descansos y en ocasiones hasta algún momento de oxígeno. Pero no hacía de ello la menor cuestión. Como si lo naturalmente suyo fuera darse. Sin reserva alguna. Ni impuestas por su salud.

He leído todos los testimonios de admiración y cariño del libro pero además lo comprobamos in situ. El dueño del magnífico complejo hostelero al que nos llevó se extremaba en la atención y el afecto con él pero lo que más llamaba la atención era el cariño con que le trataban todos los camareros. Una persona a la que tanto quieren tantos tiene que ser verdaderamente singular. Y tengo que hacer mención al Cirineo que le acompaña ayudándole a llevar su cruz y con el cariño de un hijo para con su padre. Es el sacerdote que le asignaron como apoyo, sigue siendo, tras muchísimos años, el párroco de su parroquia natal y de varias aledañas, y viéndoles se experimenta aquello del ved como se aman. José Manuel l expresa de palabra, Gabriel, mucho más callado, estando permanentemente pendiente de lo que pueda necesitar en cada momento. Y una anécdota de su temperamento teatral que lleva tan en el alma. Del coche a la entrada del restaurante fue en silla de ruedas pero en la puerta había cuatro escalones que la silla no podía subir. Se levantó y no quiso que le ayudáramos a subirlas. Lo hizo incluso a paso ligero. Ganas nos dio de aplaudirle. Genio y figura…

Además es mago. O como el prefiere, ilusionista. Porque no quiere hacer magia sino ilusionar. Pasmoso. Con las cartas hace maravillas. Que tendrán truco pero parecen imposibles.

En el abrazo de despedida, hasta el año que viene si Dios quiere, nos salió del alma decirle: Te queremos. Porque eso era lo que llevábamos en el corazón. En el libro no figura el testimonio de esta pareja que este verano ha tenido el gran regalo de conocerte personalmente. Considéranos de algún modo incluidos en él.

Y digamos algo del libro. Además de los testimonios de tantos tiene un Limiar obra de José Manuel. Son tres páginas magníficas. Donde se retrata. Y en las que todo es cerna y no sámago. Sólo recogeré el inicio que para los del gallego de su aldea, hoy normalizado, encierran una gran verdad que los de fuera no entenderán:

«Por si non podo facelo de viva voz, quixera dicir por escrito GRACIAS, nunca suficientemente agarimosas.

A veces tamén escribo grazas, pero cando non me sinto espiado por ningún inspector , profesional ou afeccionado, de policía lingüística sigo dicindo como dixen sempre, incluso naqueles tempos en que algún destes inspectores ou inspectoras se rian de min, paletiño de aldea, en castelán».

Si leéis el libro os encontraréis con persona verdaderamente notable. Y cura. Que eso se le trasluce siempre.

 

 

 

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