Tras el Seminario, un aparcamiento.
Este sí que vaa arruinar de verdad a la diócesis.
Y aquella sonrisa fingida que exhibía en todas las fotografías parece que se le ha helado. Si es que para buen obispo no vale cualquier calabacín.
Tras el Seminario, un aparcamiento.
Este sí que vaa arruinar de verdad a la diócesis.
Y aquella sonrisa fingida que exhibía en todas las fotografías parece que se le ha helado. Si es que para buen obispo no vale cualquier calabacín.
Ayuda a Infovaticana a seguir informando