Roma ha cerrado esta semana los actos del quinto aniversario de la Plataforma de Acción Laudato si’, una iniciativa impulsada por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral que dista mucho de limitarse a sensibilizar a los fieles. Su objetivo declarado para los próximos cinco años es que la llamada «conversión ecológica» se convierta en un criterio estable de gestión dentro de las instituciones católicas, con influencia en sus inversiones, sus propiedades y sus decisiones de gobierno.
Así quedó claro en la presentación del quinto informe anual del programa, en la que intervinieron sor Alessandra Smerilli, prefecta del dicasterio; monseñor Allwyn D’Silva, obispo auxiliar emérito de Bombay; Lorna Gold, directora ejecutiva del Movimiento Laudato Si’, y Alonso de Llanes, director de la plataforma. Según los datos ofrecidos, la iniciativa reúne ya a más de 13.000 participantes, entre ellos más de 6.200 instituciones. Tras un lustro de adhesiones voluntarias, sus promotores quieren dar el salto hacia una aplicación más sistemática de los objetivos ambientales.
Del compromiso voluntario a la gestión de los bienes eclesiásticos
La intervención más reveladora fue la de Lorna Gold. La responsable del Movimiento Laudato Si’, que actúa como socio operativo de la plataforma en formación, comunicación y movilización, pidió que la próxima etapa sirva para acelerar los cambios institucionales y dejar atrás las iniciativas ocasionales. A su juicio, la conversión ecológica debe pesar en las decisiones sobre inversiones, energía, educación, propiedades, compras y gobierno de las instituciones. Dicho de otro modo, la agenda ambiental quiere entrar de lleno en la administración de los bienes de diócesis, congregaciones, colegios y universidades.
Gold describió además un reparto de papeles bastante elocuente. Las estructuras eclesiales aportarían recursos y continuidad, mientras que los movimientos de base se encargarían de mantener la presión para que los compromisos asumidos se traduzcan en cambios efectivos. Es decir, un movimiento activista ejerciendo presión, con respaldo vaticano, sobre las propias instituciones de la Iglesia. La directora reclamó también un mayor peso de las comunidades del llamado Sur Global en la fijación de prioridades y en la toma de decisiones de los programas ambientales.
Conviene precisar que nada de esto se presentó como una obligación canónica para las diócesis, sino como un horizonte de trabajo. Pero el horizonte es inequívoco: que la ecología integral deje de ser una actividad puntual y pase a orientar de forma permanente la vida institucional católica.
Un atlas para cartografiar los planes ecológicos de diócesis y parroquias
Entre las novedades anunciadas destaca el Atlas Digital Laudato Si’. Según explicó Alonso de Llanes, la herramienta permitirá seleccionar países o diócesis, localizar a las instituciones participantes y consultar sus planes ecológicos, siempre que estas hayan autorizado su publicación. Esa información se cruzará con datos de deforestación, emisiones y exposición a fenómenos extremos como los huracanes, con el propósito declarado de ayudar a las instituciones a identificar riesgos y conocer lo que hacen otras comunidades.
El proyecto supone, en la práctica, un nuevo sistema de recopilación y seguimiento de datos sobre la actividad ambiental de entidades católicas de todo el mundo. Se completará con un centro de aprendizaje para compartir experiencias y con materiales impresos destinados a comunidades sin acceso fácil a internet.
Inteligencia artificial y «misioneros digitales»
La plataforma estudia también incorporar herramientas de inteligencia artificial que recomienden recursos y actuaciones según las características de cada institución y su entorno. De Llanes defendió que estas tecnologías pueden ayudar a evaluar resultados y compartir conocimiento, aunque admitió que no pueden sustituir el juicio de las comunidades ni decidir por ellas.
Más llamativa resulta la expansión de una red mundial de los denominados «misioneros digitales»: comunicadores formados para difundir experiencias de ecología integral, conectar comunidades y promocionar las actividades de la plataforma en medios digitales. Tras una primera experiencia de formación este año, la intención es extenderla en los próximos cinco años a distintos países, idiomas y ámbitos eclesiales.
La elección del término no es inocente. La palabra «misionero» ha designado siempre a quien anuncia el Evangelio, y aquí se aplica a especialistas en difundir un programa ambiental. La nueva etapa, por tanto, no se limita a planificar: busca formar agentes que difundan y consoliden sus objetivos dentro de las propias comunidades católicas.
Más participantes, pero ningún dato sobre resultados
En contraste con la ambición de los anuncios, el propio director del programa reconoció que el crecimiento de la plataforma no dice gran cosa sobre su eficacia. Inscribirse es solo un primer paso, explicó De Llanes; elaborar un plan no garantiza ejecutarlo, y dar una actividad por terminada no demuestra que haya producido efectos duraderos. Como ejemplo citó el caso de una diócesis nigeriana que rehusó sumarse a una campaña de plantación de árboles hasta contar con un plan para garantizar su mantenimiento.
La admisión es relevante. Las cifras de participantes e instituciones registradas reflejan la extensión organizativa del proyecto, no su impacto ambiental. Cinco años después, la plataforma sabe cuántos se han apuntado, pero no puede decir cuánto se ha logrado. No deja de resultar paradójico que, sin poder acreditar resultados, el siguiente paso propuesto sea ampliar su influencia sobre la gestión de las instituciones. Mejorar la evaluación y el seguimiento figura, eso sí, entre los objetivos de la nueva etapa.
Smerilli y la continuidad bajo León XIV
Sor Alessandra Smerilli defendió la continuidad de un programa nacido durante el pontificado de Francisco y recordó que la encíclica Laudato si’ no se concibió como un mero texto de reflexión, sino como una llamada a transformar la vida personal y comunitaria. La prefecta sostuvo que el cuidado de la creación no es un asunto secundario en la vida cristiana y lo vinculó con la relación del hombre con Dios, con los demás y con el mundo.
Smerilli recordó también que León XIV ha pedido pasar de los discursos ambientalistas a una conversión ecológica que cambie los estilos de vida, y presentó como prueba de continuidad la Misa por la Custodia de la Creación, incorporada al Misal Romano en este pontificado. El Papa utilizó por primera vez el nuevo formulario en julio de 2025 en Castel Gandolfo y volvió a hacerlo en septiembre, con motivo de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, cuando vinculó el cuidado de la creación con la conversión del corazón y con la necesidad de orientar los recursos hacia la vida, la paz y los más necesitados.
La prefecta citó asimismo la primera encíclica de León XIV, Magnifica humanitas, dedicada a la dignidad humana ante los desafíos de la inteligencia artificial, para sostener que el cuidado del hombre y el de la creación forman una misma responsabilidad. La referencia tiene interés porque sitúa la cuestión ambiental dentro de una antropología cristiana, y no al revés.
El «ayuno de carbono» como práctica cuaresmal
El obispo D’Silva expuso por su parte el carbon fast o «ayuno de carbono» impulsado en la archidiócesis de Bombay: aprovechar la Cuaresma para revisar hábitos como el consumo de electricidad y agua o el uso de plásticos. El prelado lo presentó como una forma de unir la penitencia cuaresmal con la responsabilidad ambiental, y animó a sus hermanos en el episcopado a integrar de forma duradera el cuidado de la creación en la planificación pastoral ordinaria.
D’Silva no propuso sustituir el ayuno y la abstinencia prescritos por la Iglesia. Pero trasladar el lenguaje penitencial a un programa de reducción de consumos plantea una cuestión de fondo. La penitencia cuaresmal se ordena a la conversión del pecador, a la oración y a la preparación para la Pascua. La sobriedad en el consumo puede acompañar ese camino, pero no agota ni puede reemplazar el sentido religioso del ayuno cristiano.
Una estructura permanente y una pregunta pendiente
Creada en 2021 para llevar a la práctica la encíclica de 2015, la Plataforma de Acción Laudato si’ se ha convertido en una estructura estable que sobrevive al pontificado que la vio nacer y sigue creciendo bajo León XIV. Los actos del aniversario, con sesiones de formación, planificación ambiental y nuevas tecnologías, además de una celebración de la Misa por la Custodia de la Creación, confirman esa consolidación.
Lo que antes era una invitación a la sensibilidad ambiental aspira ahora a intervenir en la planificación, la administración, la formación y la comunicación de las instituciones católicas. Y eso obliga a preguntarse qué lugar deben ocupar estos programas en la misión de la Iglesia. El cuidado responsable de la creación forma parte de los deberes morales del hombre, pero la misión esencial de la Iglesia sigue siendo anunciar a Jesucristo, administrar los sacramentos y conducir las almas a la salvación. Los próximos años dirán si la agenda ambiental se subordina a esa misión o si termina compitiendo con ella por recursos, estructuras y prioridades.