León XIV advierte sobre la inteligencia artificial: «Las máquinas son instrumentos, no personas»

León XIV advierte sobre la inteligencia artificial: «Las máquinas son instrumentos, no personas»

El papa León XIV advirtió este viernes 30 de octubre sobre los riesgos de atribuir derechos o personalidad jurídica a los sistemas de inteligencia artificial y reclamó que las decisiones relacionadas con la vida humana, la libertad y el uso de la fuerza permanezcan siempre bajo control humano. Durante una audiencia en el Palacio Apostólico Vaticano, el Pontífice también pidió avanzar hacia la prohibición de las armas letales autónomas y establecer mecanismos internacionales que garanticen un desarrollo tecnológico al servicio del bien común.

El Santo Padre recibió a los participantes en el encuentro «El futuro de la IA: un diálogo entre el Vaticano y el mundo científico sobre los desarrollos y las aplicaciones de las tecnologías inteligentes», organizado por la Pontificia Academia para la Vida y el Future of Life Institute. En su intervención, León XIV desarrolló cinco consideraciones sobre la responsabilidad humana ante estas tecnologías, retomando las enseñanzas de su encíclica Magnifica humanitas y recordando que el progreso técnico no puede anteponerse a la dignidad de la persona.

A continuación, ofrecemos el discurso íntegro del papa León XIV:

Discurso de León XIV a los participantes en el encuentro sobre el futuro de la inteligencia artificial

Palacio Apostólico Vaticano, viernes 30 de octubre de 2026

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

La paz esté con vosotros.

Os doy la bienvenida a todos y os agradezco vuestra presencia esta mañana. Venís de muchos países, trayendo con vosotros una gran variedad de preguntas y visiones. Al mismo tiempo, pienso que compartís una cierta sensación de inquietud respecto al desarrollo de la inteligencia artificial. Reconocemos la dirección que deberíamos tomar, pero no se está haciendo lo suficiente para avanzar. Os agradezco que hayáis compartido vuestras preocupaciones, así como vuestras ideas y propuestas para el futuro. Estos son los primeros frutos de un enfoque transdisciplinar, que resulta cada vez más necesario si queremos afrontar la complejidad de los grandes desafíos de nuestro tiempo.

La Pontificia Academia para la Vida, que ha organizado este encuentro, es muy consciente de los desafíos que surgen allí donde la dignidad humana se ve amenazada. A este respecto, hablando a los líderes del G7, el papa Francisco describió la inteligencia artificial como «un instrumento fascinante y tremendo al mismo tiempo» y afirmó que nunca se debería confiar a una máquina la decisión de quitar una vida humana (cf. Discurso en la sesión del G7 sobre inteligencia artificial, 14 de junio de 2024). Aquellas palabras siguen siendo más actuales que nunca. En la encíclica Magnifica humanitas he tratado de abordar estas cuestiones con mayor profundidad. Hoy quisiera proponeros cinco consideraciones en particular.

En primer lugar, el futuro de la inteligencia artificial no está predeterminado. Como tecnología desarrollada por seres humanos, su futuro depende de las decisiones que tomemos. Por tanto, tenemos la responsabilidad de orientar, modificar y, cuando sea necesario, rechazar sus aplicaciones (cf. nn. 97, 104). La pregunta decisiva, por tanto, no es simplemente: «¿Qué puede hacer la inteligencia artificial?», sino: «¿Para qué debería servir?». Quienes consideran su desarrollo simplemente como una carrera que hay que ganar corren el riesgo de concentrarse únicamente en la línea de meta, olvidando a cuantos quedan atrás. Un sistema fiable que sirva a la persona humana es más valioso que un sistema extraordinariamente potente, pero cuyas consecuencias no pueden preverse o controlarse adecuadamente.

En segundo lugar, las máquinas son instrumentos, no personas. «Las llamadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no atraviesan la alegría y el dolor, no maduran en la relación, no conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad» (n. 99). Hoy algunos proponen conceder derechos a estos sistemas, o incluso personalidad jurídica. Tal enfoque corre el riesgo de oscurecer la responsabilidad humana y de dejar que quienes sufren un daño tengan que enfrentarse a una entidad sin rostro.

En tercer lugar, ciertas decisiones nunca deben delegarse. Cuando una persona es incluida en una lista de sujetos sospechosos o registrada en una base de datos de controles fronterizos, existe el riesgo de que quede reducida a un simple dato. Las decisiones que afectan a la vida humana, la libertad y el uso de la fuerza deben permanecer siempre sometidas a un control humano eficaz, informado y responsable (cf. nn. 198-200). Por esta razón, la inteligencia artificial debe ser «desarmada» (n. 110), y animo a los Estados que se reunirán en noviembre en Ginebra a dar pasos concretos hacia la prohibición de las armas letales autónomas.

En cuarto lugar, las tecnologías inteligentes deben estar orientadas al bien común. «La justicia hoy pasa también por el acceso a los beneficios de la innovación: cuidados, conocimientos, instrumentos, oportunidades» (n. 161). De hecho, nunca deben convertirse en fines en sí mismas ni servir meramente a los intereses de unos pocos privilegiados. Por el contrario, su desarrollo debe promover la solidaridad y la participación en los distintos niveles de la comunidad global, garantizando que los beneficios del progreso se compartan equitativamente, especialmente con quienes más lo necesitan (cf. nn. 71-72).

Por último, quisiera destacar un desafío que quizá sea el más urgente. Ya conocemos muchos de los principios éticos que deberían orientar el desarrollo de la inteligencia artificial. Lo que necesitamos actualmente son instituciones capaces de poner en práctica esos principios, especialmente instituciones internacionales eficaces que puedan salvaguardar el bien común global (cf. n. 64). Esto exige normas compartidas, supervisión independiente y mecanismos claros de responsabilidad, de modo que las decisiones relativas al desarrollo y la utilización de la inteligencia artificial puedan ser examinadas, cuestionadas cuando sea necesario y acompañadas de medidas adecuadas para reparar cualquier daño causado (cf. nn. 105, 107).

Queridos amigos, con estas reflexiones os agradezco una vez más vuestras valiosas contribuciones en este campo y os animo a perseverar en vuestro compromiso, trabajando juntos con espíritu de diálogo y de responsabilidad compartida por el bien común. Os acompaño con mis oraciones y a cada uno de vosotros os imparto de corazón mi bendición. Gracias.

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