San Juan de Capistrano: 570 años de la muerte del franciscano que defendió la Cristiandad en Belgrado

San Juan de Capistrano: 570 años de la muerte del franciscano que defendió la Cristiandad en Belgrado

Este viernes 23 de octubre se cumplen 570 años de la muerte de san Juan de Capistrano, el sacerdote franciscano que destacó por su predicación, su defensa de la doctrina católica y su participación en la defensa de Belgrado frente al avance del Imperio otomano en 1456. Su vida estuvo marcada por una intensa actividad apostólica que lo llevó a recorrer numerosos territorios europeos y a intervenir en algunos de los acontecimientos religiosos y políticos más importantes de su tiempo.

Nacido el 24 de junio de 1386 en Capestrano, en la región italiana de los Abruzos, Juan estudió Derecho en Perugia, donde desarrolló una prometedora carrera como jurista y llegó a ejercer responsabilidades de gobierno. Sin embargo, su trayectoria cambió después de ser encarcelado durante un conflicto político. Aquella experiencia lo llevó a abandonar sus aspiraciones civiles e ingresar en la Orden de los Frailes Menores en 1416.

Un predicador comprometido con la reforma de la Iglesia

Tras su ingreso en la vida franciscana, Juan de Capistrano se dedicó especialmente a la predicación, la formación religiosa y la reforma de las costumbres.

Fue uno de los principales colaboradores de san Bernardino de Siena, con quien compartió el impulso de la observancia franciscana y la difusión de la devoción al Santísimo Nombre de Jesús.

Sus sermones congregaban a numerosos fieles, especialmente durante el Adviento y la Cuaresma. Además de promover la conversión personal, combatió las doctrinas que consideraba contrarias a la fe católica y defendió la necesidad de conservar la disciplina religiosa.

Su actividad no se limitó a Italia. Como enviado pontificio recorrió distintos territorios de Europa central, entre ellos Austria, Baviera y Polonia, donde predicó y trabajó por la renovación de la vida cristiana.

Su trayectoria, recogida por el Estado de la Ciudad del Vaticano, muestra la importancia que tuvo en los movimientos de reforma religiosa anteriores al Concilio de Trento.

La defensa de Belgrado frente al Imperio otomano

El episodio más conocido de su vida tuvo lugar en 1456, tres años después de la caída de Constantinopla en manos del sultán Mehmed II.

El avance otomano hacia Europa central amenazaba entonces al Reino de Hungría, cuya posición era fundamental para la defensa de los territorios cristianos de la región.

Ante el asedio de Belgrado, Juan de Capistrano participó en la movilización de voluntarios y acompañó espiritualmente a las fuerzas que defendían la ciudad, dirigidas militarmente por Juan Hunyadi.

El franciscano, que contaba ya con setenta años, alentó a los combatientes mediante la predicación y la oración. Su presencia contribuyó a fortalecer la moral de quienes resistían el asedio.

En julio de 1456, las fuerzas cristianas consiguieron rechazar al ejército otomano y obtener una victoria que frenó temporalmente su avance hacia Europa central.

La defensa de Belgrado convirtió a Juan de Capistrano en una figura especialmente recordada en Hungría y otros territorios de la región. A lo largo de los siglos, su participación en aquellos acontecimientos quedó vinculada a la memoria histórica de la Cristiandad europea.

Murió pocos meses después de la victoria

La victoria de Belgrado fue la última gran misión del franciscano. Debilitado por las fatigas de la campaña y afectado por la peste, murió el 23 de octubre de 1456 en Ilok, localidad situada en la actual Croacia.

Su fama de santidad se había extendido ya durante su vida gracias a su predicación y a su actividad apostólica. Fue canonizado en 1690 por Alejandro VII y posteriormente reconocido como patrono de los capellanes militares.

La Iglesia celebra su memoria el 23 de octubre, recordando especialmente su entrega a la predicación, su defensa de la fe católica y su labor para fortalecer espiritualmente a las comunidades cristianas.

Cinco siglos y siete décadas después de su muerte, san Juan de Capistrano permanece como una de las figuras más destacadas de la observancia franciscana y de la historia religiosa de la Europa del siglo XV.

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