El cardenal Antonio María Rouco Varela considera que el principal desafío de la Iglesia en España sigue siendo la respuesta del hombre a Dios. Así lo ha expresado en una entrevista publicada este miércoles con motivo del 60.º aniversario de la Conferencia Episcopal Española (CEE), en la que también ha abordado la caída de la natalidad, la defensa de la familia, la educación y la presencia de los católicos en la vida pública.
El arzobispo emérito de Madrid, que presidió la Conferencia Episcopal entre 1999 y 2005 y nuevamente entre 2008 y 2014, ha inaugurado una serie de entrevistas dedicadas a recorrer la historia reciente de la Iglesia española. Durante la conversación, conducida por Irene Pozo, Rouco ha repasado algunos de los acontecimientos que marcaron sus años de responsabilidad episcopal y ha reflexionado sobre los retos que permanecen abiertos.
«El sí a Dios. Ese es el primer reto»
Al ser preguntado por las necesidades actuales de la Iglesia española, Rouco Varela situó la cuestión de la fe por encima de cualquier otro desafío pastoral o social.
«El sí de la fe. El sí a Dios. No solo la Iglesia española, sino en toda Europa. El sí a Dios. Ese es el primer reto», afirmó el cardenal, quien añadió que «todos los demás dependen de que ese reto se asuma bien o no se asuma bien».
Para Rouco, las transformaciones sociales y culturales de las últimas décadas no han cambiado la cuestión fundamental que debe afrontar la Iglesia. La respuesta cristiana, explicó, no se dirige a una idea abstracta de la divinidad, sino a Dios revelado en Jesucristo.
«El Evangelio es Él», señaló, al insistir en la centralidad de Cristo para comprender tanto la misión de la Iglesia como su presencia en la sociedad.
Esta preocupación por la transmisión de la fe también estuvo presente durante sus años al frente de la Conferencia Episcopal, especialmente en los debates relacionados con la educación, la familia y el papel de la religión en la vida pública.
La defensa de la vida y el futuro de la familia
Rouco recordó que, durante sus presidencias, buena parte del trabajo de los obispos estuvo marcado por los cambios legislativos relacionados con el aborto, el matrimonio y la reproducción asistida.
El cardenal mencionó expresamente las cuestiones vinculadas a la manipulación de embriones y a las técnicas de reproducción humana, asuntos que, a su juicio, han perdido presencia en el debate público pese a conservar su importancia moral.
«Una problemática que ha pasado a segundo término de la atención de los medios y de la opinión pública y sigue siendo de enorme gravedad», sostuvo.
En aquellos años, recordó, la Conferencia Episcopal impulsó iniciativas en defensa del derecho a la vida y del matrimonio, al tiempo que prestó especial atención a la pastoral familiar. En este contexto situó el Encuentro Mundial de las Familias celebrado en Valencia en 2006, con la participación de Benedicto XVI.
Rouco consideró que aquella visita pontificia supuso una reafirmación de la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia. «Si la familia falla es muy difícil que la fe se mantenga», afirmó, relacionando la estabilidad familiar con la transmisión de las creencias cristianas a las nuevas generaciones.
También recordó las celebraciones de la Sagrada Familia organizadas posteriormente en la plaza de Colón de Madrid y el trabajo desarrollado para fortalecer la relación entre las parroquias, las familias y los centros educativos católicos.
La caída de la natalidad y el futuro de Europa
La situación demográfica ocupó igualmente un lugar destacado en sus reflexiones sobre el presente. Rouco vinculó la solidaridad entre generaciones con la disposición a acoger nuevas vidas y advirtió de las consecuencias del descenso de los nacimientos.
«Hablamos mucho de solidaridad, pero el primer dato de la solidaridad es dar la vida», afirmó.
A continuación, expresó su preocupación por el envejecimiento de la población europea: «Un pueblo, una sociedad que no tiene niños, está muriendo. No es generosa».
El cardenal señaló que una sociedad necesita nuevas generaciones para sostener su futuro y desarrollar sus responsabilidades colectivas. En este contexto, reconoció también la importancia de atender la realidad de la inmigración, una cuestión de la que, recordó, la Conferencia Episcopal se ha ocupado desde hace décadas.
Sin embargo, insistió en que la fuerte disminución de la natalidad en Europa constituye un problema que afecta tanto a la sociedad como a la propia vida de la Iglesia.
La participación de los católicos en la vida pública
Otro de los asuntos que marcaron sus presidencias fue la relación de la Iglesia con el poder político, especialmente en una etapa de importantes reformas legislativas.
Rouco explicó que la posición de la Conferencia Episcopal partía de la defensa de la dignidad humana y de los derechos fundamentales, sin que ello supusiera una identificación con una determinada formación política.
«La Iglesia no se identifica con la comunidad política ni con ningún sistema político», recordó, citando la enseñanza del Concilio Vaticano II.
Esa independencia, precisó, no significa que los católicos deban mantenerse al margen de las decisiones públicas. Por el contrario, defendió que puedan asumir responsabilidades políticas y sociales de acuerdo con sus convicciones y con los principios de la doctrina social de la Iglesia.
Según explicó, la Conferencia Episcopal ha mantenido esta orientación a lo largo de su historia, promoviendo la participación de los fieles en los asuntos públicos sin vincular institucionalmente a la Iglesia con ningún partido.
En su recorrido por aquellos años también se refirió al terrorismo de ETA, una de las cuestiones que ocuparon de manera continuada a los obispos españoles. Rouco recordó la preocupación de la Conferencia Episcopal por la violencia terrorista y los pronunciamientos que realizó sobre esta materia, entre ellos el documento episcopal publicado en 2002.
La visita de Juan Pablo II y la fe de los españoles
Al recordar los cambios experimentados por España durante la Transición, Rouco evocó la primera visita de san Juan Pablo II en 1982, un acontecimiento que, según relató, permitió a los obispos comprobar la vitalidad religiosa de buena parte de la sociedad española.
El cardenal recordó su llegada al aeropuerto de Barajas para recibir al Pontífice y la sorpresa que le produjo encontrar inicialmente algunas calles prácticamente vacías. Sin embargo, la situación cambió cuando comenzó el recorrido papal y miles de personas salieron a recibirlo.
Aquella acogida, explicó, llevó a los obispos a reconocer que, pese a las transformaciones políticas y culturales del país, la fe continuaba teniendo una presencia importante entre los españoles.
Rouco también se detuvo en la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Madrid en 2011, durante el pontificado de Benedicto XVI, uno de los acontecimientos más destacados de su segunda etapa al frente de la Conferencia Episcopal.
«Hay que bajarse de los sueños y hacer realidades»
En su reflexión sobre el futuro de la Iglesia, Rouco Varela defendió la necesidad de convertir los propósitos pastorales en actuaciones concretas.
«Hay que bajarse de los sueños y hacer realidades», afirmó cuando se le preguntó cómo imaginaba la Iglesia española en los próximos años.
El cardenal explicó que los deseos de mejora deben traducirse en compromisos efectivos con la vida personal, la familia y el bien común. Para ello, destacó la importancia de la esperanza, la caridad y la responsabilidad de cada cristiano en su entorno.
La entrevista también permitió al antiguo presidente de la CEE aclarar el alcance de las funciones de ese cargo. Rouco recordó que quien preside la Conferencia Episcopal no tiene autoridad ejecutiva sobre los demás obispos, sino que desempeña tareas de coordinación y representación.
Como ejemplo, evocó una pregunta que recibió tras su primera elección en 1999, cuando un periodista quiso saber si iba a convertirse en el jefe de los obispos españoles. Su respuesta fue: «El único jefe de los obispos es nuestro Señor».
La conversación forma parte de la programación preparada por la Conferencia Episcopal Española para celebrar los 60 años de su constitución en 1966. La serie continuará con entrevistas a los cardenales Ricardo Blázquez, el 28 de octubre, y Juan José Omella, el 4 de noviembre, y concluirá el 10 de noviembre con el actual presidente de la CEE, Luis Argüello.
Las celebraciones incluirán también el documental 60 años de la CEE: una historia compartida, cuya presentación está prevista para noviembre, coincidiendo con la Asamblea Plenaria de los obispos españoles.