El martes 6 de octubre el Consejo de Ministros aprobó tramitar por la vía urgente el real decreto que regula lo que se le dice a una mujer antes de abortar. Ese día, en la radio de los obispos, la palabra «decreto» sonó en ciento diez minutos distintos de la programación, casi siempre por los de vivienda que aprobó el mismo Consejo. La huelga general salió en cuarenta y cinco minutos y Ceuta en cuarenta y seis.
El decreto del aborto, en ninguno.
El texto, que impulsa el Ministerio de Igualdad de Ana Redondo, obliga a informar de «los distintos métodos» y de los «centros sanitarios públicos y privados acreditados», con «especial atención» a las menores de dieciséis años. Las «ayudas públicas a mujeres embarazadas» van al apartado voluntario: se explican si la mujer las pide, y su recepción «nunca será requisito». En los comités clínicos que intervienen en los abortos por causas médicas no podrá sentarse nadie inscrito en el registro de objetores, ni quien lo haya estado en los últimos tres años (la conciencia, por lo visto, deja rastro). La vía urgente recorta los plazos, también el de audiencia pública, y para el miércoles 14 estaba convocado el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, por correo electrónico y con ese único punto. La aprobación definitiva, todavía sin fecha, vuelve a corresponder al Consejo de Ministros.
En la radio de los obispos, los días siguientes fueron iguales. Ni el 7, ni el 8, ni el 10, ni el 11, ni el 12, ni el 13, ni el 14: ningún boletín, ninguna entrevista, ningún tertuliano y ningún obispo. Tampoco los programas que la Iglesia tiene en su propia emisora, que salieron a antena esos días con otros asuntos: El Espejo y La Linterna de la Iglesia, el viernes 9, e Iglesia Noticia, el domingo 11. Este periódico contó el contenido del decreto el día 13. En COPE, nada.
La palabra apareció una sola vez, el viernes 9, en el editorial de las seis menos dos de la mañana, y no por el decreto. El texto trataba de la pena de muerte en Estados Unidos, a cuenta de un preso ejecutado en Texas y de una presa a la que dos inyecciones letales no habían logrado matar, y en un momento dado ampliaba el foco: «El aborto en particular es una práctica legal en muchos ordenamientos jurídicos democráticos». Lamentaba después que, admitida la incondicionalidad del derecho a la vida, «se admite con demasiada facilidad cualquier excepción o matiz que en la práctica lo desvirtúa». Del decreto que el Gobierno había aprobado tres días antes, en Madrid, ni una palabra (para hablar del aborto, la radio de los obispos tuvo que irse a Estados Unidos).
La frase llegó el jueves 15, a las seis y doce de la mañana, en el monólogo de Carlos Herrera. Venía de las fragatas marroquíes y del Estado Mayor de la Defensa: «Pero está claro que para el Gobierno las urgencias son otras, por ejemplo, otro decreto sobre el aborto. Uno que obliga a informar a las embarazadas sobre métodos y clínicas disponibles para abortar», y no, añadió, sobre ayudas públicas o posibles contraindicaciones psicológicas. Acto seguido pasó a José Félix Tezanos, «el cocinitas», y a su encuesta, a la que dedicó más de un minuto.
Al decreto le tocaron diecisiete segundos.
Fue la única vez en diez días y en más de doscientas treinta horas de emisión revisadas. En esas mismas horas, la radio de los obispos emitió más de cuarenta veces las cuñas de un estimulante sexual («¿Te gusta el sexo?», pregunta una de ellas), que duran unos ocho segundos cada una. El decreto del aborto, lo que dos.
«COPE, la radio de los obispos» es una sección diaria de InfoVaticana. Escuchamos atentamente la radio de nuestros obispos y les contamos lo que encontramos: publicidad, invitados, lenguaje, lo que se dice y lo que se calla. COPE pertenece en un 75% a Ábside Media, la empresa que la Conferencia Episcopal creó en 2020 con sus acciones y las de la mayoría de las diócesis. Además los jesuitas y agustinos forman parte del accionariado.
De lo que suena en ella responden, cada uno a título personal, todos los obispos españoles.
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