Las palabras de Varden las ha difundido el periodista Michael Haynes en la red social X. Responden a una pregunta sobre su participación en el encuentro y sobre la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar civilmente reciban la Comunión. El prelado noruego sitúa la cuestión en el terreno de la conversión: «Una preocupación pastoral principal en tales situaciones es recordar el cuadro más amplio, dejando que quienes sufren descubran el sentido potencialmente fecundo de sus dificultades, que puede servir para disminuir el egoísmo y purificar el amor». Y añade: «El matrimonio, no menos que la vida monástica, es una escuela de conversión».
«Se reconoce, no se relativiza»
Varden afirma que, en su experiencia, las comunidades católicas acogen habitualmente estas situaciones «con madurez». Para quienes viven en una relación irregular, sostiene, puede resultar «liberador» encontrarse en un ambiente donde esa irregularidad «se reconoce, no se relativiza». En ese mismo ambiente, aun así, son acogidos con amistad cristiana y pueden contribuir a la vida comunitaria.
El obispo pone como ejemplo a muchos fieles que conoce y que, «domingo tras domingo», se acercan a recibir una bendición en el momento de la Comunión, «sabiendo que no pueden acceder al sacramento, pero confiándose a la misericordia de Dios que actúa en la Iglesia». A su juicio, esa fidelidad edifica la comunidad y da testimonio «del realismo vital del sacramento y de la virtud de la esperanza». Y concluye: «Un exilio sacramental sostenido en el tiempo puede preparar un gozoso regreso a casa».
Cristo, escribe Varden, nos dio sus «rigurosos mandamientos» para educarnos y liberarnos de nosotros mismos. Su propósito, recuerda con palabras de la Plegaria eucarística IV, es que «no vivamos ya para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó». La meta que debe proponerse a las personas, subraya, es siempre la vida nueva y divinizada, «no la mera afirmación humana, aunque todos necesitamos también un poco de ella».
Un encuentro centrado en la «fragilidad»
El encuentro llevaba por título «Diez años después de Amoris laetitia: anunciar el Evangelio con las familias hoy». León XIV lo convocó del 7 al 14 de octubre con los presidentes de las conferencias episcopales y los jefes de las Iglesias orientales, y se trabajó con la «conversación en el Espíritu», el método del Sínodo sobre la sinodalidad.
La sesión del lunes 12 abordó a los divorciados vueltos a casar dentro de las llamadas «fragilidades» familiares. En ella, la teóloga Julie Hanlon Rubio relató el caso de una anciana con demencia que rechazaba la Eucaristía porque su marido había estado casado antes. Según recogió la revista America, el cardenal Joseph Tobin afirmó ese día no haber escuchado a nadie que quisiera volver a la práctica anterior a Amoris laetitia.
El documento de síntesis del encuentro no se ha hecho público. Según explicó el P. Giacomo Costa, fue el propio León XIV quien pidió recibirlo personalmente para retomar los materiales y pronunciarse tras su hospitalización.
La controversia sobre la exhortación de Francisco se concentró desde 2016 en la nota 351. También pesó la interpretación de los obispos de la región pastoral de Buenos Aires, que admitía en algunos casos el acceso a la Penitencia y la Eucaristía tras un discernimiento acompañado. Familiaris consortio había reafirmado, en cambio, la práctica de no admitir a la Comunión eucarística a los divorciados vueltos a casar.
El mismo día de la apertura, Varden publicó en su blog Coram fratribus unas notas de lectura de la exhortación. Entre ellas figura el pasaje en que Francisco advierte que la Iglesia no debe renunciar en modo alguno a proponer el ideal pleno del matrimonio (n. 307). En su nuevo texto no plantea un acceso a los sacramentos. Lo que describe es la abstención sacramental vivida como camino de conversión y esperanza.