Schneider: «No podemos seguir con el Novus Ordo» ni con las ambigüedades del Vaticano II

Athanasius Schneider, que presidirá el 24 de octubre la Misa de la peregrinación Summorum Pontificum en Santa María la Mayor, sostiene en una entrevista con The Catholic Herald que deben aclararse algunas afirmaciones del Vaticano II y reformarse el Novus Ordo. Califica a la Fraternidad San Pío X como «una obra de la Divina Providencia» y denuncia una persecución contra la Misa tradicional.

Schneider: «No podemos seguir con el Novus Ordo» ni con las ambigüedades del Vaticano II

El obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán), Athanasius Schneider, considera que la presencia y la actividad de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X «resultan cada vez más providenciales». Lo sostiene en la segunda parte de una amplia entrevista concedida a Michael Haynes para The Catholic Herald. En ella repasa la situación de la Misa tradicional, el conflicto con la FSSPX y lo que describe como una grave crisis doctrinal y litúrgica en la Santa Sede.

Una Misa fuera del Vaticano

La entrevista llega en vísperas de la peregrinación Summorum Pontificum. Este año, a diferencia del anterior, la peregrinación no podrá celebrar su Misa pontifical en el Vaticano. Schneider, que la presidirá en Santa María la Mayor, entregó personalmente a León XIV la petición de los organizadores durante una audiencia privada en diciembre de 2025. Según el medio británico, la respuesta negativa de la Secretaría de Estado no llegó hasta agosto de 2026.

A año y medio del pontificado, el obispo cree que la situación «apenas ha cambiado» respecto a las medidas adoptadas tras Traditionis custodes. Las restricciones «continúan e incluso, en algunos casos, la situación está empeorando», con diócesis que cierran lugares donde antes se permitía la celebración, algo que califica como «una forma de persecución». Recuerda que pidió al Papa «un gesto generoso como padre común de todos sus fieles» y lamenta que los responsables vaticanos sigan tratando el rito antiguo «como si fuera algo peligroso».

«Una obra de la Divina Providencia»

Schneider fue visitador apostólico de la FSSPX por encargo de la Santa Sede y conoce por dentro sus posiciones. Según explica, el desacuerdo es el mismo desde hace más de cincuenta años: Roma exige reconocer que el Concilio Vaticano II es conforme a la tradición y aceptar como correcta la reforma litúrgica.

El prelado sostiene que algunos textos conciliares presentan «ambigüedades evidentes». Del Novus Ordo afirma que contiene «tendencias protestantes muy claras» y que menoscaba el carácter sacrificial de la Misa, incluso cuando se celebra conforme a las normas. Señala en particular las nuevas oraciones del ofertorio y la Plegaria eucarística II. «No podemos seguir con el Novus Ordo – no podemos. No podemos seguir con las evidentes ambigüedades doctrinales de algunas afirmaciones del Concilio Vaticano II. Debemos resolverlas», afirma.

En ese marco describe la labor de la Fraternidad como «una obra de la Divina Providencia». Su función sería recordar a la Santa Sede la necesidad de aclarar afirmaciones conciliares «objetivamente dudosas y ambiguas» y de reformar el Novus Ordo «conforme a la tradición». La hermenéutica de la continuidad le parece «acrobacias mentales, o la cuadratura del círculo». Pide a Roma que conceda «libertad de debate» e integre a la FSSPX «al menos de forma gradual, paso a paso».

Dureza con la tradición, tolerancia con la heterodoxia

Sobre la respuesta vaticana a las consagraciones del 1 de julio, Schneider opina que un observador imparcial la vería como «una reacción emocional, un juicio severo», con voluntad de castigar a la Fraternidad y eliminar su influencia. La contrasta con el trato al obispo de Amberes, de quien dice que ha anunciado que incumplirá la legislación sobre el celibato sin recibir amonestación. También la compara con la «extrema generosidad» mostrada hacia el Partido Comunista chino y el Camino Sinodal alemán. Se pregunta además cómo puede discriminarse algo que, recuerda, Juan Pablo II declaró legítimo.

El obispo llega a afirmar que la Santa Sede ha sufrido, «en cierta medida», una «toma de control hostil». Compara la situación con el papado de Aviñón: un «exilio espiritual» de la doctrina y la liturgia que, asegura, terminará. Como entonces santa Catalina de Siena y santa Brígida de Suecia, hoy serán las familias, los jóvenes, los sacerdotes y las religiosas quienes contribuyan a ese regreso, hasta que Dios conceda a su Iglesia «papas cien por cien tradicionales».

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