Obispo de EE.UU. limita el «ad orientem» e impone por decreto monaguillas y ministros extraordinarios

Obispo de EE.UU. limita el «ad orientem» e impone por decreto monaguillas y ministros extraordinarios
Mons. Jeffrey J. Walsh, obispo de Gaylord (Míchigan, EE.UU.)

La diócesis de Gaylord, en el norte de Míchigan, hizo públicos el 8 de octubre tres decretos de su obispo, Mons. Jeffrey J. Walsh, sobre la celebración de la misa. Fechados el 2 de octubre, entrarán en vigor como ley particular el día 15, fiesta de santa Teresa de Ávila. Dos de ellos, el que regula la orientación del sacerdote en el altar y el que ordena el recurso a ministros laicos, han sido contestados por el escritor estadounidense Peter Kwasniewski, especialista en liturgia tradicional, que los considera infundados y sin fuerza legal.

Ninguna misa «ad orientem» en domingo y dos entre semana

El primero establece que los domingos, las fiestas de precepto y sus vísperas todas las misas con pueblo se celebren «en un altar exento versus populum». El resto de la semana cada parroquia podrá tener como máximo dos misas ad orientem, siempre que el párroco haya consultado antes al consejo parroquial y catequizado a los asistentes. Funerales, bodas y demás misas rituales y votivas deberán celebrarse de cara al pueblo.

Walsh invoca el canon 223 §2, que permite a la autoridad eclesiástica regular el ejercicio de los derechos de los fieles en atención al bien común, y sostiene que el número 299 de la Instrucción General del Misal Romano señala como deseable, siempre que sea posible, la celebración versus populum. El texto latino dispone que el altar se construya separado de la pared para que pueda rodearse y celebrarse en él de cara al pueblo, «quod expedit ubicumque possibile sit», y la Congregación para el Culto Divino aclaró en el año 2000 que expedit no impone una obligación ni excluye la otra posibilidad.

Kwasniewski objetó el 11 de octubre en la red social X que el versus populum no fue «restaurado», porque la tradición original era la celebración ad orientem; que el número 299 no manda celebrar hacia el pueblo, y que la ley particular de un obispo no puede prevalecer sobre la universal, que permite e incluso presupone la misa ad orientem. El sacerdote y bloguero John Zuhlsdorf suscribió las tres objeciones y añadió que seguir invocando la traducción inglesa del número 299 tras la aclaración romana equivale, en la práctica, a mentir.

Lectoras, monaguillas y ministros extraordinarios por decreto

El segundo decreto parte del motu proprio Spiritus Domini, con el que Francisco abrió en 2021 a las mujeres los ministerios instituidos de lector y acólito, y razona que «lo mayor contiene lo menor»: si pueden ser instituidas establemente, pueden ejercer esas funciones sin institución formal. En consecuencia, en toda parroquia o iglesia de uso limitado los laicos podrán proclamar las lecturas, servir al altar o actuar como ministros extraordinarios de la comunión, y ningún párroco podrá reservar esas funciones a los varones.

La norma añade que en toda misa con más de cien fieles presentes, sea o no domingo, deberán emplearse ministros extraordinarios de la comunión, salvo que participe en la celebración un número suficiente de diáconos y presbíteros para distribuirla sin prolongar en exceso la misa. Como el anterior, el decreto no se aplica a las celebraciones con el Misal de 1962.

Kwasniewski sostiene que este texto «tampoco tiene fuerza legal». Rechaza que tales ministerios deriven solo del bautismo y carezcan de relación con el orden sagrado; niega que exista obligación alguna de recurrir a ministros laicos, que la legislación permite pero no impone; defiende como antigua y loable la costumbre de reservarlos a los varones, y califica de absurdo el umbral fijado para los ministros extraordinarios.

Dos documentos romanos enmarcan la discusión. La instrucción Ecclesiae de mysterio (1997), que cita el propio Kwasniewski, admite a los ministros extraordinarios cuando faltan ministros ordenados o cuando un número particularmente grande de fieles alargaría en exceso la celebración, y pide eliminar su uso habitual en la misa. La Congregación para el Culto Divino respondió además, el 27 de julio de 2001, que el obispo puede permitir el servicio femenino del altar, pero no obligar a sus sacerdotes a recurrir a él.

Un texto calcado de Erie y un tercer decreto de otro tono

El cotejo de los documentos muestra que la norma sobre la orientación reproduce casi palabra por palabra la que Mons. Lawrence T. Persico promulgó para la diócesis de Erie (Pensilvania) el 14 de enero de 2022, con una única adición de relieve: los sacerdotes con varias parroquias o «iglesias de uso limitado» no podrán repartir entre ellas las celebraciones para aumentar su número.

El tercer decreto, sobre el decoro litúrgico, tiene otro tono: exige fidelidad a las rúbricas, alienta el uso de la campanilla en todas las misas y del incienso en las solemnidades, da preferencia al canto de los textos de la misa y somete a la aprobación del obispo cualquier cambio en el presbiterio. Walsh presentó el conjunto como normas coherentes para las 56 parroquias de la diócesis y definió la liturgia como «nuestra fuente de unidad y nuestro vínculo de caridad». La instrucción Redemptionis Sacramentum (n. 21) reconoce al obispo la facultad de dictar normas litúrgicas dentro de su competencia, pero le pide cuidar de que no se suprima la libertad prevista en los libros litúrgicos. No consta, por ahora, recurso alguno ni pronunciamiento de la Santa Sede.

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