El obispo de Passau, Stefan Oster, uno de los prelados que más reservas ha expresado frente a las reformas del Camino Sinodal alemán, considera que la Iglesia ha entrado en una etapa en la que resulta prácticamente imposible gobernar una diócesis sin procesos amplios de consulta y participación. El prelado sostiene que el ejercicio de la autoridad episcopal debe apoyarse cada vez más en el diálogo con los fieles y los responsables diocesanos, aunque mantiene sus diferencias con determinadas propuestas del proceso reformista alemán.
Según informó Katholisch.de, Oster realizó estas declaraciones el miércoles 7 de octubre durante una mesa redonda celebrada en la Universidad de Passau, dedicada a la aplicación de la sinodalidad en las Iglesias locales.
El obispo afirmó que un nuevo prelado ya no puede llegar a una diócesis y sacar «la brutal maza del poder» para anunciar que cambiará unilateralmente todo lo realizado por su predecesor. «Eso ya no funciona», aseguró, convencido de que el camino hacia una mayor participación en la vida eclesial resulta irreversible.
El gobierno episcopal ya no puede prescindir de la consulta
Oster explicó que su propia manera de ejercer el gobierno diocesano ha evolucionado y que actualmente procura no adoptar decisiones importantes sin un proceso previo de deliberación.
El prelado advirtió también de las dificultades que afronta un obispo cuando la estructura diocesana y sus colaboradores mantienen una cultura institucional contraria a sus decisiones. En esas circunstancias, señaló, ejercer el ministerio episcopal puede convertirse en una tarea extraordinariamente difícil.
A su juicio, la participación requiere un ambiente en el que las personas puedan hablar libremente, sin temor a expresar sus discrepancias, y donde exista una verdadera disposición a escuchar. Cuando se dan esas condiciones, sostuvo, pueden producirse resultados inesperados y alcanzarse consensos.
Según recoge también la diócesis de Passau, Oster vinculó esta transformación con la necesidad de superar una concepción del gobierno eclesiástico excesivamente concentrada en el poder personal. El obispo insistió en que la sinodalidad no debe reducirse a una reorganización administrativa, sino que debe estar vinculada a la escucha del Espíritu Santo y al encuentro entre los miembros de la Iglesia.
«En el fondo, la sinodalidad consiste en una fe más profunda en que Dios está presente en nosotros y entre nosotros mediante su Espíritu», explicó.
Un defensor de la sinodalidad que ha cuestionado el Camino Sinodal alemán
Las declaraciones resultan especialmente significativas por la posición que Oster ha mantenido durante el controvertido Camino Sinodal alemán.
El obispo de Passau ha sido uno de los miembros del episcopado que han expresado públicamente sus discrepancias con varias de las reformas defendidas por la mayoría de los participantes, especialmente en cuestiones relacionadas con la moral sexual, el sacerdocio y el ejercicio de la autoridad en la Iglesia.
El pasado mes de mayo, Oster denunció las presiones sufridas durante las asambleas del Camino Sinodal alemán y reconoció que aquellas reuniones le habían provocado un considerable desgaste emocional. El prelado explicó entonces que su oposición a determinadas propuestas respondía a motivos de conciencia y que había llegado a compartir personalmente con el Papa sus preocupaciones sobre la situación de la Iglesia alemana.
Su posición distingue, por tanto, entre el contenido de algunas reformas impulsadas en Alemania y la necesidad de fomentar una mayor participación de los fieles en los procesos de consulta y discernimiento eclesial.
De hecho, Oster ha señalado en anteriores ocasiones las diferencias que aprecia entre el Camino Sinodal alemán y el Sínodo mundial convocado por Francisco, cuya metodología considera más adecuada para promover la escucha y el diálogo dentro de la Iglesia.
En su propia diócesis, el pasado mes de julio comenzó a trabajar un equipo sinodal de 16 miembros, presidido por el obispo, con el objetivo de estudiar la aplicación de las conclusiones del Sínodo mundial celebrado entre 2021 y 2024.
La participación y la rendición de cuentas, todavía sin una estructura definida
En la mesa redonda también intervino Klara-Antonia Csiszar, profesora de Teología Pastoral en la Universidad Católica Privada de Linz, quien defendió la necesidad de que la sinodalidad se traduzca en mecanismos permanentes de participación, transparencia y rendición de cuentas.
La teóloga sostuvo que los obispos deben aprender a explicar sus decisiones ante el pueblo de Dios y consideró necesario desarrollar procedimientos que permitan incorporar distintas voces a la vida eclesial.
Sin embargo, reconoció que todavía no está claro cómo trasladar esas aspiraciones a estructuras jurídicas y procedimientos estables. Csiszar describió la sinodalidad como un proceso cuyo resultado no está completamente definido y que exige disposición a escuchar y afrontar los desacuerdos.
Tanto Oster como Csiszar participaron en el Sínodo mundial sobre la sinodalidad. El encuentro de Passau, organizado por la Academia Católica de Baviera junto con la diócesis y la universidad, estuvo dedicado precisamente a examinar cómo pueden aplicarse sus conclusiones en la vida cotidiana de las Iglesias particulares.
Las intervenciones dejaron sobre la mesa una cuestión que continúa abierta en el debate eclesial: cómo ampliar la participación de los fieles en las decisiones sin desdibujar la responsabilidad propia del obispo en el gobierno de su diócesis.