El obispo de Passau (Alemania), monseñor Stefan Oster, ha reconocido públicamente el profundo malestar que le provocaron las asambleas del Camino Sinodal alemán, el controvertido proceso de reformas impulsado por parte de la Iglesia en Alemania. El prelado aseguró haber vivido aquellas reuniones como una experiencia de “estrés emocional” debido a las fuertes divisiones internas y a la presión sufrida por mantener posiciones críticas frente a algunas de las propuestas mayoritarias.
Según declaró en el pódcast Frings fragt! de domradio.de y del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK), Oster explicó que sufrió especialmente al comprobar que su postura de conciencia contribuía a proyectar públicamente la imagen de una Conferencia Episcopal dividida.
“Yo contribuía a ello porque formaba parte de esa minoría que decía: ‘No, por ahí no puedo ir’”, confesó el obispo.
El prelado reveló además que trasladó personalmente al Papa su preocupación y su sufrimiento por la situación interna del episcopado alemán.
“La mayor transformación desde la Reforma”
Oster forma parte del reducido grupo de obispos alemanes que durante el Camino Sinodal expresaron repetidamente reservas ante varias de las reformas defendidas por la mayoría, especialmente en cuestiones relacionadas con la moral sexual, el poder en la Iglesia y el sacerdocio.
El obispo afirmó que esa posición le acarreó una fuerte presión mediática y eclesial.
“Las polarizaciones se intensificaron”, reconoció.
Aun así, explicó que también recibió apoyo tanto de fieles como de personas cercanas a su sensibilidad eclesial.
Durante la entrevista, Oster sostuvo que la Iglesia en Alemania atraviesa actualmente “la mayor transformación desde la Reforma protestante”, pasando de un modelo de Iglesia sociológica a otro en el que los católicos deberán ser capaces de explicar personalmente qué creen y por qué lo creen.
Críticas a la formación sacerdotal
El obispo de Passau habló también de la necesidad de un discernimiento más serio en la formación de los futuros sacerdotes.
Según señaló, la experiencia ha demostrado que la ordenación sacerdotal no corrige automáticamente problemas personales o psicológicos previos.
“Quien ya era raro en el seminario, al final será todavía más raro”, afirmó gráficamente.
Oster insistió en la importancia de seleccionar adecuadamente a quienes se preparan para el sacerdocio y de acompañarlos de forma más realista y madura.
Transparencia ante los abusos
En otro momento de la conversación, el obispo defendió una mayor transparencia en la gestión de los casos de abusos sexuales y en el manejo de las finanzas eclesiales.
Aun así, precisó que determinados procesos delicados requieren también espacios protegidos para facilitar decisiones prudentes.
Oster considera que la Iglesia alemana está actualmente más avanzada que muchas otras conferencias episcopales en materia de investigación y prevención de abusos, en parte gracias a los importantes recursos económicos disponibles.
Como ejemplo, mencionó el estudio sobre abusos presentado recientemente en Passau, cuyo coste ascendió a unos 750.000 euros.
El obispo destacó además que la Iglesia ha adquirido en Alemania una notable experiencia en este ámbito, aunque advirtió de que todavía quedan muchas cuestiones pendientes y que no debe disminuir la atención hacia las víctimas.
Preocupación por la polarización social
Más allá de la situación eclesial, Oster expresó también su preocupación por el deterioro del debate público y de la cultura democrática en Occidente.
El obispo defendió que las democracias occidentales descansan históricamente sobre la visión judeocristiana del ser humano y advirtió del riesgo de perder ese fundamento.
“Estamos serrando la rama sobre la que hemos crecido”, lamentó.
Asimismo, criticó la dinámica mediática actual, marcada —según dijo— por la búsqueda constante de clics, la escandalización y la polarización, algo que también afecta en ocasiones a los propios medios católicos.
“La humillación también forma parte de la fe”
En un tono más personal, Oster recordó también sus experiencias como joven deportista practicando judo, donde aprendió el valor de la humildad a través de la derrota.
El obispo relacionó esa experiencia con la dimensión cristiana de la humillación y el sufrimiento.
“Eso forma parte del corazón mismo de nuestra fe”, afirmó.
Recordando la Pasión de Cristo, Oster subrayó que también las experiencias de fracaso y humillación forman parte del camino de maduración humana y espiritual del cristiano.