Müller defiende el título de Corredentora: «No es una exageración, sino una verdad contenida en la Revelación»

Müller defiende el título de Corredentora: «No es una exageración, sino una verdad contenida en la Revelación»

El cardenal Gerhard Ludwig Müller, antiguo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha defendido abiertamente el título de Corredentora aplicado a la Santísima Virgen María, al considerar que expresa una verdad contenida en la Revelación y que no puede abandonarse por las objeciones de otras confesiones cristianas. Su intervención llega en pleno debate sobre la nota Mater populi fidelis, publicada en noviembre de 2025 por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que calificó de «siempre inoportuno» el empleo de este título mariano.

Müller expuso su posición este jueves 8 de octubre durante el congreso internacional De Maria numquam satis, celebrado en el Instituto Patrístico Augustinianum de Roma. El texto íntegro de su conferencia, titulada «La cooperación de la Santísima Virgen María en la Redención», ha sido publicado por La Nuova Bussola Quotidiana.

«Cuando María es llamada “Corredentora” en la piedad y en la teología católica, no se trata de una atribución engañosa ni de una exageración entusiasta, sino de una verdad objetivamente contenida en la Revelación», afirmó el purpurado alemán.

Y añadió una advertencia particularmente significativa en el actual contexto doctrinal: «Este título no debe silenciarse por el rechazo de los protestantes», sino explicarse adecuadamente dentro del conjunto de la obra redentora de Jesucristo.

La cooperación de María no disminuye la única Redención de Cristo

El argumento central de Müller parte de una distinción fundamental de la teología católica: Jesucristo es el único Redentor del mundo, pero la eficacia y perfección de su sacrificio no excluyen la cooperación de las criaturas a las que Dios ha querido asociar libremente a su obra salvadora.

Para el cardenal, esta participación no supone una competencia con Cristo ni atribuye a María una capacidad redentora independiente de su Hijo. Al contrario, manifiesta la grandeza de la gracia divina, que permite al hombre colaborar realmente con Dios.

«Dios no nos excluye de la obra de la Redención, sino que nos incluye, permitiéndonos participar y colaborar en la obra de la Redención y de la perfección de la humanidad», explicó.

Müller recordó que santo Tomás de Aquino enseña que Dios concede a las criaturas la dignidad de actuar como causas secundarias, sin que ello disminuya su condición de causa primera de todo bien.

Esta cooperación alcanza en la Virgen María una dimensión absolutamente singular. Su consentimiento en la Anunciación no fue, según el purpurado, una intervención meramente pasiva, sino una respuesta libre a la gracia de Dios que la vinculó de manera inseparable a la Encarnación y a la obra salvadora de Cristo.

El cardenal insistió en que el fiat de María, pronunciado en nombre de la humanidad, no puede separarse de su presencia junto a la cruz. La carne que Cristo ofreció al Padre por la salvación del mundo es la misma que había recibido de su Madre.

Una defensa del título frente a las reservas de Mater populi fidelis

Las afirmaciones de Müller contrastan directamente con el criterio expresado por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe en la nota doctrinal Mater populi fidelis, aprobada por León XIV y publicada el 4 de noviembre de 2025.

El documento, firmado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, considera que el término «Corredentora» puede oscurecer la mediación salvífica exclusiva de Jesucristo y provocar confusión entre los fieles. Por ello, desaconseja su utilización, aunque reconoce la cooperación singular de María en la obra de su Hijo.

Müller, sin mencionar expresamente la nota en el pasaje dedicado al título, defiende una conclusión distinta. A su juicio, el problema no reside en la expresión tradicional, sino en la necesidad de comprender correctamente su significado teológico.

El antiguo prefecto sostiene que los títulos cristológicos pueden aplicarse analógicamente a las criaturas sin negar aquello que corresponde exclusivamente a Cristo. Así sucede, por ejemplo, con la filiación divina: Jesucristo es Hijo de Dios por naturaleza, mientras que los bautizados reciben esa condición por adopción y participación en la gracia.

Lo mismo ocurre, explicó, con la mediación. Cristo es el único Mediador entre Dios y los hombres, pero también los sacerdotes participan subordinadamente de su mediación mediante el ministerio sacramental.

Por ello, Müller considera que quien conoce las reglas de la teología católica no debería encontrar motivo de escándalo en el empleo analógico de determinados títulos aplicados a la Virgen.

El cardenal advirtió además contra un ecumenismo que, en nombre del entendimiento con otras confesiones cristianas, termine comprometiendo la integridad de la doctrina católica.

Müller y Burke coinciden en reivindicar a María Corredentora

La intervención de Müller se produce un día después de que el cardenal Raymond Leo Burke reivindicara también el título de Corredentora durante la apertura del congreso en Roma.

Burke había advertido de que el temor a las malas interpretaciones no debía conducir a debilitar la enseñanza tradicional sobre la cooperación de la Virgen en la Redención.

Ambos purpurados coinciden en defender que la unicidad del sacrificio de Cristo no impide reconocer una participación verdadera, aunque enteramente subordinada, de su Madre en la obra de la salvación.

Müller reforzó esta tesis recurriendo a la enseñanza de san Ireneo de Lyon, quien contrapuso la desobediencia de Eva a la obediencia de María. Mientras la primera contribuyó a la entrada del pecado y de la muerte en el mundo, la segunda, mediante su fe, cooperó en la llegada del Salvador.

El cardenal recordó asimismo que el desarrollo doctrinal no puede juzgarse únicamente por la fecha en la que aparece una determinada expresión teológica. Que un término se haya formulado siglos después de los acontecimientos bíblicos no significa, por sí mismo, que su contenido sea ajeno a la Revelación.

En este sentido, rechazó el argumento de que el título de Corredentora deba descartarse por su aparición relativamente tardía en la historia de la teología.

La intervención del antiguo prefecto de Doctrina de la Fe añade así una nueva voz al debate abierto por Mater populi fidelis. Frente a la cautela del Dicasterio, Müller reivindica la legitimidad teológica de un título arraigado en la tradición mariana y sostiene que la cooperación singular de la Santísima Virgen en la Redención debe explicarse y defenderse, no silenciarse por temor a interpretaciones equivocadas.

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