Burke reivindica el título de Corredentora y advierte contra debilitar la doctrina mariana

Burke reivindica el título de Corredentora y advierte contra debilitar la doctrina mariana

El cardenal Raymond Leo Burke ha reivindicado abiertamente el título de Corredentora aplicado a la Virgen María y ha advertido de que el temor a que el término sea malinterpretado no debe terminar debilitando la doctrina católica sobre la cooperación singular de la Madre de Dios en la obra de la Redención.

El purpurado formuló esta defensa este miércoles durante la apertura del congreso internacional El misterio de María en el dogma y en el Magisterio, celebrado en el Instituto Patrístico Augustinianum de Roma. El texto íntegro de su intervención, titulado Nuestra Señora de Guadalupe y el reino de Cristo Rey: la misión de la Corredentora y de los corredentores, ha sido publicado por La Nuova Bussola Quotidiana con autorización de los organizadores.

La intervención entra de lleno en el debate reabierto por Mater populi fidelis, la nota doctrinal publicada en noviembre de 2025 por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que calificó de «siempre inoportuno» el uso del título de Corredentora por considerar que puede oscurecer la mediación salvífica única de Cristo.

Burke parte precisamente de la afirmación de que Jesucristo es el único Redentor, pero rechaza que esa verdad impida reconocer una cooperación real y subordinada de María.

«La Santísima Virgen María, Madre de Dios, ha participado de manera absolutamente única en el misterio de la Encarnación redentora y es justamente llamada Corredentora», afirmó. Y añadió que los propios cristianos, en la medida en que unen su vida y sus sufrimientos al sacrificio de Cristo, pueden ser llamados también «corredentores», siempre en un sentido subordinado.

Redención objetiva y aplicación de sus frutos

Buena parte del razonamiento de Burke descansa en una distinción tradicional entre la Redención realizada objetivamente por Cristo y la aplicación de sus frutos a las almas.

Citando al teólogo Arthur B. Calkins, el cardenal explicó que la Virgen participa de un modo único en ambas dimensiones. En la llamada Redención in actu primo, María coopera de manera singular en la Encarnación y en el sacrificio de Cristo. En la Redención in actu secundo, participa en la aplicación de las gracias obtenidas por su Hijo.

Los demás cristianos, en cambio, pueden cooperar únicamente en este segundo sentido, uniendo sus oraciones, sacrificios y sufrimientos a la obra redentora ya plenamente realizada por Cristo.

«Nuestra Señora participa en ambas fases de la obra de la Redención, mientras que todos los demás cristianos pueden participar en la aplicación de las gracias de la Redención a personas y situaciones concretas. Por tanto, todos podemos ser corredentores in actu secundo», expuso.

Burke apoyó esta idea en las palabras de san Pablo a los Colosenses sobre completar en la propia carne «lo que falta a los padecimientos de Cristo», aclarando que no falta nada al sacrificio redentor del Señor, sino que sus frutos han de hacerse vida en cada bautizado.

Más de cinco siglos de uso del término

El cardenal recordó que el término «Corredentora» lleva más de quinientos años empleado en la tradición teológica para expresar que María, sin ser igual a Cristo y dependiendo totalmente de Él, cooperó de una manera única en su obra salvadora.

Burke insistió en que el prefijo «co-» no debe entenderse como igualdad. En su argumentación, designa una colaboración secundaria, subordinada y enteramente dependiente de la acción de Cristo.

También recordó que el Concilio Vaticano II no utilizó expresamente el título, aunque sí enseñó la cooperación activa de María en la Redención. A su juicio, la omisión del término obedeció fundamentalmente al temor de que pudiera ser malinterpretado en el ámbito ecuménico, no a un rechazo de la doctrina que pretende expresar.

El propio Mater populi fidelis reconoce que el término apareció en el siglo XV, que fue utilizado por algunos Papas y que san Juan Pablo II recurrió a él en varias ocasiones. Sin embargo, el Dicasterio concluyó que su uso resulta inconveniente por el riesgo de confusión acerca de la unicidad de Cristo como Redentor.

Burke responde al argumento de Mater populi fidelis

Ahí se encuentra precisamente el punto de choque entre la intervención de Burke y la nota doctrinal.

Mater populi fidelis sostiene que la obra de Cristo es perfecta y no necesita añadido alguno y que, por ese motivo, llamar a María Corredentora puede inducir a pensar erróneamente en una especie de duplicación de la Redención. El documento llega a afirmar que «no hay corredentores con Cristo».

Burke acepta la primera premisa, pero no la segunda conclusión.

Para el cardenal, la perfección del sacrificio de Cristo no excluye la participación subordinada que Dios ha querido conceder a María ni la cooperación posterior de los bautizados en la aplicación de los frutos de la Redención.

De hecho, su razonamiento conduce a una crítica explícita de la reserva expresada por el Dicasterio: si se negara toda legitimidad al concepto de corredención por miedo a oscurecer la unicidad de Cristo, también quedaría debilitada la doctrina tradicional sobre la participación de los cristianos en su misión salvadora.

«Si María no pudiera ser llamada corredentora…»

Burke llevó esta tesis hasta sus últimas consecuencias en la conclusión de su conferencia.

«Aunque el Concilio Vaticano II no formuló una definición dogmática, ciertamente enseñó, de algún modo, la verdad de la Corredención», sostuvo.

Y lanzó una advertencia directa: «Debemos tener cuidado de que la vacilación debida al malentendido del término “Corredentora” no conduzca a un debilitamiento de la enseñanza sobre la Corredención, que se aplica de manera única a la Santísima Virgen María y, de manera común, a todos los bautizados».

Para cerrar, citó al jesuita Jean Galot:

«Si María no pudiera ser llamada corredentora, tampoco los cristianos podrían ser considerados corredentores».

La tesis de Burke queda así formulada con claridad: Cristo es el único Redentor y su sacrificio es perfecto, pero esa unicidad no excluye que María haya cooperado de manera singular y subordinada en la obra de la salvación ni que los bautizados participen, en otro orden, en la aplicación de sus frutos.

Frente a la cautela de Mater populi fidelis, el cardenal no solo considera legítimo conservar el título de Corredentora, sino que advierte de que abandonarlo por temor a una mala interpretación puede terminar empobreciendo la comprensión de una doctrina más amplia: la participación de María y de toda la Iglesia en la misión salvadora de Cristo.

Lea también: Mater populi fidelis: Doctrina de la Fe desaconseja el título de Corredentora y pone límites al de Mediadora

Ayuda a Infovaticana a seguir informando