Un texto colocado ante el retablo de las Ánimas de la parroquia de Santa María de Bermeo asegura que no debe creerse en «un Dios que hace sufrir a las personas» y anima al visitante a confiar en que todos sus seres queridos «viven felices junto a Dios». Las afirmaciones chocan frontalmente con lo que enseña el Catecismo sobre el purgatorio, el pecado mortal, el juicio y la necesidad de conversión.
Una fotografía difundida en redes sociales por el usuario @Markelpi_ ha llamado la atención sobre un insólito cartel colocado ante un altar dedicado a las Ánimas del Purgatorio en una iglesia de Bermeo, Vizcaya.
Todo apunta a la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, conocida popularmente como Santa María, en Bermeo, perteneciente a la Diócesis de Bilbao. Las fuentes patrimoniales documentan en este templo un retablo de las Ánimas, además de los dedicados a San Juan Bautista, el Rosario, la Inmaculada o San José.
La identificación resulta especialmente significativa porque la devoción a las almas del purgatorio tiene profundas raíces históricas en la localidad. La propia Diócesis de Bilbao ha dado cuenta de que en su Archivo Histórico Eclesiástico se conservan los estatutos y documentos de la Cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio de la parroquia de Santa María de Bermeo, fechados en 1846 y explicados entonces a los fieles también en lengua vasca.
Un estudio histórico dedicado expresamente a esa documentación recoge además antecedentes más antiguos de la cofradía en la anterior Santa María de la Atalaya de Bermeo y menciona la celebración de sufragios y las indulgencias vinculadas a la devoción por las almas.
Sin embargo, delante del actual retablo puede verse ahora un cartel bilingüe, en euskera y castellano, que pretende reinterpretar su significado.
«Una manera de pensar de tiempos pasados»
En su parte castellana, el cartel dice literalmente:
«La imagen que ves en este altar corresponde a una manera de pensar de “tiempos pasados”.
ARRIBA está el sacerdote que celebra la Eucaristía.
ABAJO se ve a personas que sufren tormentos en el purgatorio.
Nosotros no debemos creer en un Dios que hace sufrir a las personas. No merece la pena creer en un Dios así.
Jesús nos enseñó que Dios es bueno con todos y solo quiere nuestro bien.
TEN CONFIANZA en que todos tus seres queridos viven felices junto a Dios y cree también que tú también llegarás a vivir feliz junto a ellos.
Eso da ESPERANZA, ganas de vivir y de hacer el bien.
Esa ESPERANZA nos ayuda a ser buenas personas con todos».
El texto en euskera transmite sustancialmente el mismo mensaje.
El problema no reside, naturalmente, en recordar la bondad y misericordia de Dios, que constituyen parte esencial de la fe cristiana. Tampoco obliga la doctrina católica a entender las llamas representadas por los artistas como un fuego material idéntico al terrestre. El problema aparece cuando, para afirmar esa misericordia, se presenta el purgatorio y el sufrimiento purificador como una concepción religiosa superada, y se ofrece prácticamente como certeza que todos los difuntos se encuentran ya gozando de Dios.
Eso no es lo que enseña la Iglesia.
El Catecismo: quienes mueren imperfectamente purificados «sufren una purificación»
El Catecismo de la Iglesia Católica afirma expresamente en su número 1030:
«Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados […] sufren después de su muerte una purificación».
Y añade que la Iglesia llama purgatorio a esa «purificación final de los elegidos», doctrina formulada particularmente en los concilios de Florencia y Trento. La tradición cristiana llega incluso a hablar, siguiendo determinados textos de la Escritura, de un «fuego purificador».
Por tanto, presentar ante un retablo de las Ánimas la realidad que representa como una mera mentalidad de «tiempos pasados» resulta, como mínimo, incompatible con la formulación actualmente vigente del Catecismo.
Hay además una ironía difícil de pasar por alto: la escena superior del propio retablo representa a un sacerdote celebrando la Eucaristía precisamente porque la Misa ofrecida por los difuntos es uno de los principales sufragios por las almas del purgatorio. El Catecismo enseña que desde los primeros tiempos la Iglesia ofrece por los difuntos «en particular el sacrificio eucarístico» para que, purificados, puedan alcanzar la visión de Dios.
Lo que el cartel parece presentar como una incómoda reliquia del pasado es, en realidad, una práctica que la Iglesia continúa recomendando hoy.
Dios es misericordioso, pero eso no significa que la salvación sea automática
Más grave resulta la invitación a creer que «todos tus seres queridos viven felices junto a Dios» y que el lector también llegará necesariamente a reunirse con ellos.
Un católico puede y debe esperar la salvación de sus difuntos, encomendarlos a la misericordia divina y rezar por ellos. Lo que no puede hacer es convertir esa esperanza en la afirmación de que la salvación de cada persona es automática e independiente de su respuesta a Dios.
El Catecismo afirma que morir en pecado mortal sin arrepentimiento significa permanecer separado de Dios para siempre y recuerda que la existencia del infierno constituye precisamente «un llamamiento apremiante a la conversión». Dios no predestina a nadie a condenarse, pero la posibilidad de rechazar definitivamente su gracia forma parte de la doctrina católica.
Igualmente clara es la enseñanza sobre el estado de gracia: el pecado mortal supone «la pérdida de la caridad y la privación de la gracia santificante» y, cuando no media arrepentimiento y perdón, puede conducir a la exclusión definitiva del Reino.
Por eso la Iglesia nunca ha planteado la misericordia y la justicia de Dios como realidades contradictorias.
Confundir esperanza con presunción
Precisamente el Catecismo advierte contra una deformación de la esperanza cristiana que denomina presunción: esperar obtener el perdón «sin conversión» y alcanzar la gloria prescindiendo de las condiciones que Dios mismo ha establecido.
El cartel de Bermeo puede resultar pastoralmente problemático justamente por este motivo. Un visitante que desconozca la doctrina católica podría salir de una iglesia convencido de que el estado de gracia, la conversión, la confesión, la oración por los difuntos o la propia existencia del purgatorio carecen de verdadera importancia, puesto que la salvación final de todos se presentaría prácticamente como un hecho consumado.
Y eso no solo vaciaría de contenido el propio retablo ante el que se ha colocado el cartel. Vaciaría también de sentido siglos de oración de la Iglesia por los difuntos.
El Catecismo explica, además, que todo pecado comporta consecuencias que requieren purificación. Aclara al mismo tiempo que esas penas no deben imaginarse como una venganza caprichosa de Dios, sino como consecuencias derivadas de la propia naturaleza del pecado. De este modo, la auténtica doctrina católica evita simultáneamente la caricatura de un Dios cruel y la reducción de la misericordia a una salvación automática.
Un patrimonio construido precisamente para enseñar lo contrario
El caso resulta todavía más llamativo por la historia religiosa de Bermeo. No estamos ante una representación accidental o ante una pieza decorativa cuyo significado se haya perdido.
La documentación conservada atestigua en Bermeo la existencia y actividad de una Cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio, mientras que las fuentes de patrimonio de la propia iglesia identifican entre sus bienes un retablo dedicado a las Ánimas.
Es decir: generaciones de católicos levantaron, conservaron y rezaron ante ese altar precisamente para recordar la necesidad de ofrecer sufragios por quienes habían muerto en amistad con Dios pero necesitaban todavía ser purificados.
Ahora, delante de la misma obra, un cartel explica al visitante que aquello responde a una manera de pensar de «tiempos pasados».
¿Quién está al frente de la parroquia?
Según la guía oficial actualmente publicada por la Diócesis de Bilbao, el párroco de la Asunción de Nuestra Señora de Bermeo es José María Cortázar Uriarte. La misma guía lo identifica también como párroco de Santa Eufemia. En la relación de destinos del curso 2025-2026, el Obispado anunció igualmente a Cortázar como presbítero destinado al Sector Pastoral Bermeo.
La diócesis está gobernada por Mons. Joseba Segura Etxezarraga, obispo de Bilbao.
No consta, por el momento, quién redactó el cartel ni quién ordenó su colocación. Tampoco hemos encontrado documentación pública que permita atribuir personalmente su contenido al párroco.
Lo que sí puede comprobar cualquier fiel es que la explicación expuesta ante el altar no refleja adecuadamente lo que la Iglesia Católica sigue enseñando sobre el purgatorio, la necesidad de conversión, los sufragios por los muertos y el destino eterno del hombre.