El papa León XIV ha propuesto recuperar, de cara al año 2030, el «potencial ecuménico preconfesional» de la Confesión de Augsburgo, uno de los textos fundamentales del luteranismo, durante una audiencia concedida este jueves a los representantes de la Federación Luterana Mundial.
Según el discurso publicado por la Sala de Prensa de la Santa Sede, el Pontífice destacó los avances registrados durante las últimas décadas en las relaciones entre católicos y luteranos y señaló el quinto centenario de la Confessio Augustana, que se celebrará en 2030, como una oportunidad para impulsar el camino hacia la «unidad plena y visible».
León XIV precisó que la meta del camino ecuménico es alcanzar una «comunión renovada en la fe apostólica, en los sacramentos y en los ministerios», y recordó como uno de sus principales hitos la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación.
La Confesión de Augsburgo ante su quinto centenario
Buena parte del discurso estuvo dedicada a la Confesión de Augsburgo, presentada el 25 de junio de 1530 ante el emperador Carlos V y convertida posteriormente en uno de los principales documentos confesionales del luteranismo.
León XIV afirmó que, cuando el texto fue presentado, «la unidad de la Iglesia occidental estaba amenazada, pero aún no se había quebrado». Para explicar el contexto de su elaboración, recurrió a unas palabras pronunciadas por san Juan Pablo II en 1980, con ocasión del 450 aniversario de la Confesión, según las cuales sus autores pretendían dar testimonio de su fe «en la Iglesia una, santa, católica y apostólica».
El Papa sostuvo que la Confesión de Augsburgo «originalmente pretendía ser un documento de reconciliación dentro de la Iglesia» y que «solo posteriormente llegó a entenderse como un texto de confesionalización divisoria».
A partir de esta interpretación, planteó el horizonte para 2030: «Sería bueno que pudiéramos lograr nuevamente afirmar juntos el potencial ecuménico preconfesional de la Confessio Augustana».
Una línea que el Vaticano viene preparando para 2030
La propuesta formulada ahora por León XIV no aparece por primera vez en el debate ecuménico de los últimos meses.
El pasado mes de enero, el secretario del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, Mons. Flavio Pace, se refirió también a la Confesión de Augsburgo como un texto sobre el que trabajar de cara a 2030.
Pace señalaba entonces que, después de la crisis provocada por Martín Lutero, se había intentado encontrar «un punto de encuentro, una profesión de fe compartida», y defendía la importancia de conmemorar la Confessio Augustana para «redescubrir un fundamento común».
La interpretación tiene además un antecedente pontificio inmediato. Francisco, durante una audiencia con la Federación Luterana Mundial en junio de 2021, ya había presentado la Confesión de Augsburgo como un intento de evitar la ruptura de la cristiandad occidental y había expresado su deseo de que la reflexión conjunta sobre el documento de cara a 2030 favoreciera el camino ecuménico.
León XIV da ahora continuidad a esa línea y pide expresamente recuperar el «potencial ecuménico» del documento.
Un texto que también contiene las diferencias doctrinales de la Reforma
La consideración de la Confesión de Augsburgo como posible punto de encuentro no elimina, sin embargo, el carácter confesional que el documento adquirió ni las controversias doctrinales que suscitó.
Redactada principalmente por Felipe Melanchthon, la Confessio Augustana expuso ante Carlos V las posiciones de los seguidores de Lutero y abordó cuestiones que terminaron situándose en el centro de la ruptura religiosa del siglo XVI.
Entre ellas se encontraban diferencias relativas a la Misa, la penitencia y la confesión, el ministerio eclesiástico, el celibato clerical y otras cuestiones de doctrina y disciplina.
La respuesta católica llegó ese mismo año mediante la Confutatio Augustana, preparada por teólogos católicos para responder a los artículos de la Confesión. Las controversias doctrinales abiertas por la Reforma serían posteriormente abordadas con mayor amplitud por el Concilio de Trento.
Este trasfondo permite situar el alcance de la propuesta que el Vaticano viene preparando para 2030: no se trata de un documento históricamente neutral, sino de uno de los textos que terminaron definiendo la identidad confesional luterana frente a la Iglesia católica.
León XIV pide volver a la Iglesia primitiva y a los Padres
En su discurso de este jueves, León XIV vinculó su propuesta a un regreso a las fuentes comunes anteriores a las divisiones del siglo XVI.
«Volvamos, con profunda devoción, a nuestras raíces comunes, a la fe de la Iglesia primitiva y de los Padres de la Iglesia», pidió el Pontífice, que llamó a redescubrir «la herencia apostólica y preconfesional» que une a católicos y luteranos.
El Papa dirigió esta invitación particularmente a los teólogos, a quienes pidió poner su atención en Cristo y en el Evangelio.
También recordó la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación como «un hito en el camino ecuménico» y mencionó los documentos elaborados durante décadas de diálogo sobre la Eucaristía, el ministerio en la Iglesia y los caminos hacia la comunión.
De cara a 2030, León XIV manifestó su deseo de que el quinto centenario de la Confesión de Augsburgo se convierta en «una profunda experiencia ecuménica» capaz de dar nuevo impulso al camino hacia la plena unidad visible.
«Cristo no debe convertirse en una “palabra extranjera” en nuestro mundo», afirmó el Papa antes de concluir el encuentro invitando a los representantes de la Federación Luterana Mundial a rezar juntos el Padrenuestro.
DISCURSO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV A LA DELEGACIÓN DE LA FEDERACIÓN LUTERANA MUNDIAL
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros (2 Cor 13,13).
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Os doy una cordial bienvenida, representantes de la Federación Luterana Mundial. Dirijo un saludo especial al presidente de la Federación Luterana Mundial. Gracias por sus amables palabras y por este simbólico y hermoso regalo. Saludo también a la secretaria general, la reverenda Burghardt, que está aquí presente. Renuevo mi gratitud por vuestra presencia en mi inauguración el año pasado.
Me alegra que las relaciones luterano-católicas hayan madurado tanto espiritual como teológicamente a lo largo de las décadas. El diálogo internacional, que se encuentra ahora en su sexta fase, ha dado importantes frutos. Un hito en el camino ecuménico fue, sin duda, la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación. Sin embargo, también merecen ser recordados y acogidos cada vez con mayor profundidad los textos elaborados conjuntamente en años anteriores, sobre todo La Eucaristía, El ministerio en la Iglesia y Caminos hacia la comunión.
Hace cinco años, en su discurso a la Federación Luterana Mundial durante una audiencia privada, mi predecesor, el papa Francisco, describió bellamente el significado del ecumenismo: «El ecumenismo no es un ejercicio de diplomacia eclesial, sino un camino de gracia. No depende de negociaciones y acuerdos humanos, sino de la gracia de Dios, que purifica las memorias y los corazones, vence las actitudes de rigidez y orienta hacia una comunión renovada» (Discurso a la delegación de la Federación Luterana Mundial, 25 de junio de 2021).
La comunión renovada en la fe apostólica, en los sacramentos y en los ministerios es la meta de nuestro camino ecuménico de gracia, que recorremos juntos guiados por el Evangelio. En nuestro camino común del conflicto a la comunión hay momentos especiales. Como habéis mencionado, el año 2030, que marca el 500 aniversario de la Confesión de Augsburgo, puede convertirse en uno de esos momentos compartidos: una profunda experiencia ecuménica que pueda dar nueva energía y alegría a los pasos que daremos hacia la unidad plena y visible.
Cuando la Confessio Augustana fue leída en Augsburgo el 25 de junio de 1530, la unidad de la Iglesia occidental estaba amenazada, pero aún no se había quebrado. Los autores de la Confesión de Augsburgo —como afirmó mi predecesor san Juan Pablo II— tenían la «intención de dar testimonio de su fe en la Iglesia una, santa, católica y apostólica» (Discurso con ocasión del 450 aniversario de la Confessio Augustana, 25 de junio de 1980). La Confesión de Augsburgo pretendía originalmente ser un documento de reconciliación dentro de la Iglesia. Solo más tarde llegó a entenderse como un texto de confesionalización divisoria.
De cara a 2030, sería bueno que pudiéramos lograr nuevamente afirmar juntos el potencial ecuménico preconfesional de la Confessio Augustana. Hago un llamamiento encarecido a todos los creyentes, y especialmente a los teólogos, para que pongan su mirada en Cristo y en su Evangelio. Volvamos, con profunda devoción, a nuestras raíces comunes, a la fe de la Iglesia primitiva y de los Padres de la Iglesia, para redescubrir la herencia apostólica y preconfesional que verdaderamente nos une como hermanos y hermanas, hermanos y hermanas en Cristo.
Cristo no debe convertirse en una «palabra extranjera» en nuestro mundo. Nuestro mundo necesita testigos ecuménicos de Cristo que lo den a conocer mediante sus vidas y sus acciones, porque solo Cristo es la fuente viva capaz de colmar los anhelos más profundos de la humanidad.
Queridos hermanos y hermanas, unidos en esta tarea ecuménica y misionera común, quisiera agradeceros una vez más vuestra visita. Renovemos nuestro compromiso con la unidad rezando juntos ahora como el Señor nos enseñó.
Padrenuestro (rezado conjuntamente).