El influencer estadounidense Brian Guan se propuso este verano un experimento peculiar: vivir durante treinta días como si Dios existiera, aunque él mismo no estaba convencido de su existencia. Rezaría, leería la Biblia, practicaría la gratitud e intentaría comportarse de acuerdo con las enseñanzas de Jesucristo. En el día 20 de su reto público dejó de fingir.
«Se acabó fingir. Esto es real», declaró Guan visiblemente emocionado ante sus seguidores. «Jesucristo es mi Señor y Salvador», añadió. Su experimento, bautizado como Faithless Christianity —«cristianismo sin fe»—, había terminado convirtiéndose en una profesión de fe.
La historia fue relatada posteriormente por el propio Guan en una extensa entrevista concedida a Glen Scrivener para The Speak Life Podcast y en declaraciones a Premier Christian News. Sus publicaciones en las redes sociales permiten seguir, además, buena parte del proceso que desembocó en su profesión de fe.
De rechazar el cristianismo a probarlo durante treinta días
La historia de Guan no es exactamente la de un ateo que jamás hubiera tenido contacto con el cristianismo. Él mismo ha explicado que creció en un ambiente cristiano y que durante su infancia estuvo expuesto a la fe. Fue más tarde, durante sus años universitarios, cuando terminó rechazándola.
Con el paso de los años se adentró en el mundo tecnológico y de las criptomonedas. La cuestión religiosa, sin embargo, volvió a aparecer. Cuando decidió comenzar el experimento que acabaría llamando Faithless Christianity, Guan no se presentaba como un hombre que hubiera llegado ya a la conclusión definitiva de que Dios no existía. Su posición era más precisamente la del incrédulo que no sabía si Dios era real y decidió comprobar qué sucedería si comenzaba a vivir bajo la hipótesis contraria.
«No sé realmente si Dios existe, pero la acción produce información», explicó posteriormente al reconstruir el razonamiento con el que comenzó la experiencia.
En vez de esperar a resolver intelectualmente todas sus dudas antes de dar un paso, invirtió el procedimiento: durante treinta días viviría como si el cristianismo fuese verdadero y observaría sus consecuencias.
La idea de Faithless Christianity era sencilla. Guan se impuso «pretender que Dios es real durante un mes», rezar diariamente aunque todavía no creyera, leer la Biblia —comenzando por los Evangelios—, practicar la gratitud, acudir a la iglesia, intentar vivir de acuerdo con las enseñanzas de Jesús y, finalmente, «ver qué pasa».
El experimento público tampoco comenzó desde cero. Guan explicó después que llevaba varias semanas aproximándose de esa manera al cristianismo antes de empezar a documentar sistemáticamente el desafío ante sus seguidores. Por eso, el «día 20» corresponde al vigésimo día de la serie publicada en las redes sociales, no necesariamente al vigésimo día desde que comenzó todo su acercamiento a la fe.
Mientras avanzaban las jornadas comenzó también a relacionarse con cristianos y a incorporar con mayor naturalidad las prácticas que inicialmente había asumido como un experimento. Guan asegura que percibió cambios concretos en su vida: se descubrió tratando con mayor amabilidad a desconocidos y afirmó que su dependencia de la nicotina, que arrastraba desde hacía años, comenzó a desaparecer, según relató posteriormente a Premier Christian News.
La pregunta inicial —qué ocurriría si un hombre que no cree comienza a vivir deliberadamente como cristiano— empezó así a transformarse en otra mucho más incómoda para el propio Guan: qué hacer si comienza a creer que lo que estaba fingiendo es verdadero.
«Jesucristo es mi Señor y Salvador»
En el día 20 de la serie llegó el punto de inflexión. Guan apareció visiblemente emocionado ante sus seguidores. Ya no se limitaba a experimentar con las prácticas de los cristianos.
«Se acabó fingir», afirmó. «Esto es real». Después hizo explícita su profesión de fe: «Jesucristo es mi Señor y Salvador».
Guan explicó entonces que había llegado a un punto en el que debía decidir si aceptaba realmente a Cristo, su muerte en la Cruz por los pecados y su Resurrección. La hipótesis que había decidido poner a prueba durante un mes había dejado de ser, para él, una simple hipótesis.
El cambio quedó reflejado incluso en la forma de presentar sus publicaciones. Dejó atrás la fórmula con la que había iniciado el experimento —«pretender que Dios es real»— para hablar de «creer que Dios es real». Contó además que había terminado de leer el Evangelio según san Juan junto a su novia y que ambos comenzaban los Hechos de los Apóstoles.
«Ya no estoy fingiendo», dijo.
Un experimento sorprendentemente parecido al consejo de Pascal
En sus célebres Pensamientos, el filósofo y matemático francés, Blaise Pascal, se enfrenta precisamente a la objeción del hombre que desea alcanzar la fe pero descubre que no puede obligarse simplemente a creer. Pascal le recomienda observar el camino recorrido por quienes estuvieron en su misma situación y comenzar «actuando como si creyeran»: menciona incluso prácticas concretas como tomar agua bendita y mandar decir misas.
La propuesta es más profunda que la conocida simplificación de la «apuesta de Pascal». El incrédulo no puede producir la fe mediante un simple acto voluntarista, pero sí puede comenzar a ordenar su vida conforme a lo que haría si la fe fuera verdadera. Un análisis publicado por la Universidad de Notre Dame aborda precisamente esta dimensión de la propuesta pascaliana.
Es prácticamente lo que Guan hizo tres siglos y medio después: rezar sin estar seguro de que alguien escuchaba, abrir los Evangelios, acudir a la iglesia y tratar de vivir según las palabras de Cristo.
La coincidencia no fue buscada. Durante su entrevista con Speak Life, Guan explicó que fue un pastor llamado Jeff quien, al escuchar en qué consistía su experimento, le señaló su parecido con Pascal. Guan conocía la célebre apuesta, pero no había partido de la recomendación pascaliana para elaborar Faithless Christianity.
Su planteamiento inicial era además algo diferente. No estaba calculando principalmente las consecuencias eternas de creer o no creer. Quería comprobar qué sucedería en su propia vida si comenzaba a comportarse como cristiano: si sería más agradecido, tendría mayor paz y trataría mejor a quienes le rodeaban.
Lope de Vega ya llevó al teatro «lo fingido verdadero»
La historia tiene además un llamativo precedente literario español, anterior incluso a Pascal.
Lope de Vega llevó al teatro la vida de san Ginés de Roma en Lo fingido verdadero, tragicomedia publicada en 1621. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes conserva una reproducción digital de la edición custodiada por la Biblioteca Nacional de España.
Ginés es un actor pagano al que el emperador Diocleciano encarga representar sobre el escenario «la imitación del cristiano bautizado». Lo que comienza como representación termina convirtiéndose en realidad. Mientras interpreta al cristiano, Ginés recibe la fe que estaba fingiendo representar y acaba dispuesto a morir por Cristo.
Los demás personajes creen inicialmente que todo sigue formando parte de la obra. «No hay diferencia desto al verdadero caso», comenta uno de ellos al contemplar la escena. Pero Ginés ya no está actuando.
Cuando le reprochan que el nuevo parlamento no figuraba en el texto teatral, responde que es Dios quien ha introducido esas palabras en su papel. Más tarde, encarcelado por profesar la fe que antes representaba, explica el cambio con una imagen teatral: «Después que tengo otro autor / represento a lo divino».
Cuatro siglos después, sin haber planteado su experimento a partir de Lope ni de Pascal, Guan recorrió un camino sorprendentemente parecido. No pasó de un ateísmo completamente ajeno al cristianismo a una conversión repentina: había conocido la fe de niño, la rechazó durante su juventud y, años después, volvió a enfrentarse con una pregunta que todavía no consideraba resuelta.
Esta vez decidió no limitarse a pensarla. Comenzó a rezar, leer los Evangelios, acudir a la iglesia y vivir como si Dios existiera.
Veinte publicaciones después anunció a sus seguidores que la representación había terminado: ya no estaba fingiendo.