Valdivia asegura que «todos somos migrantes» dos meses después de la invasión de Ceuta

Valdivia asegura que «todos somos migrantes» dos meses después de la invasión de Ceuta
Foto: Obispado de Cádiz y Ceuta

El administrador apostólico de Cádiz y Ceuta, monseñor Ramón Valdivia, ha afirmado que «la gran fuerza de esta Iglesia es que todos somos peregrinos, que todos somos migrantes», durante la celebración diocesana de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Un discurso pronunciado apenas dos meses después de la invasión sufrida por Ceuta, cuando la entrada masiva de inmigrantes desde Marruecos sometió a la ciudad española a una situación excepcional de presión, inseguridad y desbordamiento.

Según informó la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Valdivia presidió este domingo la Eucaristía en la Catedral de Cádiz con motivo de la «Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2026». La convocatoria estuvo dedicada especialmente a los menores inmigrantes y refugiados bajo el lema «Incluso uno solo de estos pequeños», inspirado en Mateo 18,5.

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Foto: Obispado de Cádiz y Ceuta

«No somos portadores de un pasaporte»

Durante la homilía, Valdivia presentó la inmigración desde la condición peregrina propia de la vida cristiana y tomó como referencia la Encarnación de Jesucristo.

«Siendo de condición divina no hizo alarde de su categoría de Dios estando en el cielo, sino que quiso acampar entre nosotros», afirmó.

A partir de esta consideración teológica, el administrador apostólico trasladó la imagen de la peregrinación cristiana al fenómeno de la inmigración y contrapuso el pasaporte y las fronteras a la pertenencia a una misma familia en la fe.

«No somos portadores de un pasaporte, sino de un corazón grande; no de una frontera que trata de limitar ideas políticas, sino de una misma fe que nos hace reconocernos unos y otros pertenecientes a la misma familia», sostuvo.

Valdivia insistió posteriormente: «La gran fuerza de esta Iglesia es que todos somos peregrinos, que todos somos migrantes, que todos tenemos que caminar».

La afirmación equipara así, al menos retóricamente, dos realidades de naturaleza distinta: la condición espiritual del cristiano como peregrino hacia la patria celestial y la condición concreta del inmigrante, vinculada a fronteras, ciudadanía, derechos y obligaciones y a la legítima responsabilidad de los Estados sobre el control de su territorio.

El discurso llega después de la invasión de Ceuta

El contexto resulta especialmente significativo porque Valdivia no es un obispo ajeno a las consecuencias concretas de la inmigración descontrolada. Como administrador apostólico de Cádiz y Ceuta, tiene bajo su responsabilidad precisamente la Iglesia de la ciudad que sufrió a finales de julio una entrada masiva desde Marruecos.

La invasión dejó a Ceuta sometida durante horas a una situación extrema y provocó miedo entre sus habitantes, además de muertos y desaparecidos en el intento de cruzar la frontera.

El propio Valdivia reconoció a comienzos de agosto que lo sucedido constituía una «crisis política internacional» y no únicamente una cuestión humanitaria. Admitió también los sentimientos de «rabia» y «miedo» existentes entre los ceutíes y recordó que corresponde a las administraciones públicas garantizar la seguridad.

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La homilía pronunciada ahora en Cádiz coloca el acento casi exclusivamente en la acogida, la fraternidad y la vulnerabilidad de quienes llegan. En la información difundida por el Obispado no aparece ninguna referencia a las obligaciones inherentes a la inmigración, al derecho de los Estados a controlar sus fronteras o a los problemas que una llegada masiva y desordenada puede provocar en las comunidades receptoras.

El contraste es particularmente llamativo después de lo sucedido en Ceuta y del debate eclesial que siguió a la invasión.

Distintas voces episcopales tras la crisis

El presidente de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones, monseñor Fernando García Cadiñanos, sostuvo posteriormente que «los migrantes no son una amenaza», aunque reconoció expresamente el derecho de los Estados a «gestionar sus fronteras y controlar los flujos para una real integración». También admitió que la sociedad ceutí se encontraba «muy tensionada».

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Una lectura muy distinta ofreció el arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz Montes. El franciscano rechazó reducir lo sucedido a un simple fenómeno de inmigración y denunció una «calculada acechanza» y una «guerra híbrida», mientras recordaba que los jóvenes utilizados para atravesar la frontera eran también víctimas de la operación.

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Los menores inmigrantes, protagonistas de la celebración

Valdivia dedicó buena parte de su homilía a los menores inmigrantes y refugiados. «Son pequeños, son frágiles, que, a veces, pueden ser manipulados y siempre son desprotegidos», afirmó.

El administrador apostólico defendió la necesidad de garantizar su cuidado y protección: «Todos necesitamos unos cuidados que son absolutamente primordiales y básicos».

La Eucaristía contó con la participación de inmigrantes residentes en la diócesis, que portaron las banderas de sus respectivos países. Las Hermanas del Rebaño de María interpretaron cantos y bailes tradicionales africanos dentro de la Catedral de Cádiz.

Después de la celebración, la jornada continuó en el Centro Tartessos con una convivencia intercultural organizada con la participación del Secretariado Diocesano de Migraciones, la Fundación Centro Tierra de Todos y la Asociación Cardijn.

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