El obispo auxiliar de Sevilla y administrador apostólico de Cádiz y Ceuta, Ramón Valdivia, ha defendido la respuesta ofrecida por la Iglesia durante la invasión registrada en Ceuta tras la entrada masiva de inmigrantes ilegales el pasado 30 de julio. En una entrevista concedida a Vida Nueva, el prelado sostiene que la diócesis actuó desde las primeras horas para coordinar la asistencia y afirma que la Iglesia «ha expresado su madurez» ante una situación que califica de «crisis política internacional» y de «drama humano».
La diócesis movilizó a parroquias, Cáritas y el Centro San Antonio
Según explica Valdivia, la diócesis comenzó a organizar su respuesta en cuanto se detectaron las primeras entradas irregulares durante la mañana del 30 de julio. En coordinación con los párrocos, Cáritas y la Delegación de Migraciones, se decidió destinar las colectas del fin de semana a la atención de las personas que llegaban a la ciudad, aunque reconoce que nadie podía prever la magnitud del episodio.
El administrador apostólico señala que, pocas horas después, Ceuta recibió una afluencia de personas que desbordó cualquier previsión. En ese contexto, el Centro de Migración San Antonio, las distintas parroquias y la diócesis se pusieron a disposición del Gobierno de la Ciudad Autónoma para colaborar en la atención de la emergencia, insistiendo en que la aportación eclesial se desarrolló «en la pequeña medida» de sus posibilidades.
Asimismo, describe las primeras horas como una situación marcada por la presencia de miles de jóvenes, mujeres y niños caminando por las calles de la ciudad, mientras los vecinos asistían con preocupación a unos acontecimientos que alteraron la vida cotidiana de Ceuta.
Valdivia define la situación como una «crisis política internacional»
El obispo sostiene que lo sucedido no puede entenderse únicamente como una «crisis migratoria», sino como una «crisis política internacional» acompañada de un «drama humano» cuyas consecuencias, a su juicio, todavía no han podido evaluarse por completo.
Valdivia considera que la Iglesia debía responder tanto desde la asistencia material como desde el acompañamiento espiritual, especialmente en unos días en los que la ciudad celebraba las fiestas patronales en honor a Santa María de África. Según explica, la participación de los fieles en los actos religiosos aumentó durante esos días y la celebración de los cultos se convirtió en un punto de encuentro para muchos ceutíes.
Reconoce el miedo de la población y pide reconstruir la confianza
Preguntado por la actuación de la Iglesia, Valdivia afirma que la institución «ha expresado su madurez» ante una situación que define como «sin precedentes». Al mismo tiempo, recuerda que es la segunda entrada masiva de inmigrantes que vive Ceuta desde la crisis de mayo de 2021.
El administrador apostólico reconoce que entre la población existen sentimientos de «rabia» y «miedo» y admite que muchos ciudadanos se sienten vulnerables ante este tipo de episodios. En ese contexto, señala que corresponde a las administraciones garantizar la seguridad pública, mientras que la Iglesia debe contribuir a reconstruir la confianza, acompañar a quienes han sufrido la incertidumbre y favorecer una convivencia pacífica.
Asimismo, sostiene que resulta necesario trabajar para encontrar una salida digna para las personas que han entrado ilegalmente en la ciudad, al tiempo que defiende el respeto mutuo entre todos los habitantes de Ceuta.
Agradece el respaldo de León XIV
Finalmente, Valdivia agradece las palabras pronunciadas por el papa León XIV durante el rezo del Ángelus sobre la situación que atraviesa Ceuta. El administrador apostólico considera que ese mensaje ha supuesto un respaldo para la diócesis y afirma que ha servido para reforzar el llamamiento de la Iglesia a promover la paz, la estabilidad y la justicia mientras la ciudad continúa afrontando las consecuencias de la reciente «crisis migratoria».
La crisis sigue abierta en ambos lados de la frontera
Aunque la mayor parte de los inmigrantes que entraron en Ceuta ya ha abandonado la ciudad, las consecuencias de la crisis distan de haberse resuelto. Según los datos del Ministerio del Interior, «unas 70.000 personas han salido ya de la ciudad autónoma», pero Ceuta continúa afrontando una fuerte presión sobre sus servicios de acogida, especialmente por la presencia de menores extranjeros no acompañados.
El Gobierno ceutí cifra actualmente en 1.017 los menores tutelados por la Ciudad Autónoma y reconoce que el sistema de protección atraviesa una situación de «extraordinaria presión», lo que ha obligado a habilitar nuevos recursos mientras el Ejecutivo busca una solución para su redistribución entre las comunidades autónomas.
Al otro lado de la frontera, Marruecos ha comenzado a depurar responsabilidades por los cruces masivos del 30 de julio. Según la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), las autoridades del país han procesado a 86 personas en Tetuán y Nador por su presunta participación en los accesos clandestinos a Ceuta. Parte de los encausados ya ha recibido condenas de prisión por delitos relacionados con la organización de salidas irregulares y el uso de medios electrónicos para promoverlas.
Mientras continúa el debate sobre el reparto de los menores entre las comunidades autónomas, el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, será recibido por Felipe VI y trasladará también la situación de la ciudad a una reunión extraordinaria de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior del Parlamento Europeo (LIBE), donde la «crisis migratoria» en la frontera sur volverá a ocupar un lugar central.