El papa León XIV ha nombrado este jueves a Mons. Brendan John Cahill, hasta ahora obispo de Victoria, en Texas, nuevo obispo de Joliet, en Illinois. El prelado estadounidense, de 62 años, deja la diócesis texana después de once años al frente de ella y llega a una sede situada en el área metropolitana de Chicago.
El nombramiento fue anunciado este 17 de septiembre por la Santa Sede y comunicado en Estados Unidos por el nuncio apostólico, Mons. Gabriele Caccia. Cahill había sido nombrado obispo de Victoria por Francisco el 23 de abril de 2015 y recibió la consagración episcopal el 29 de junio del mismo año.
De Florida a la formación sacerdotal en Houston
Brendan John Cahill nació el 28 de noviembre de 1963 en Coral Gables, Florida, dentro del territorio de la archidiócesis de Miami. Cursó estudios de Psicología y obtuvo el Master of Divinity en la Universidad de Saint Thomas de Houston, en colaboración con el seminario Saint Mary.
Fue ordenado sacerdote el 19 de mayo de 1990 para la archidiócesis de Galveston-Houston. Sus primeros destinos fueron como vicario parroquial en Saint Frances Cabrini, en Houston, entre 1990 y 1992, y Christ the Good Shepherd, en Spring, entre 1992 y 1994.
Posteriormente obtuvo un máster en Estudios Afroamericanos en la Universidad Xavier de Nueva Orleans y se trasladó a Roma, donde cursó la licenciatura y el doctorado en Teología Dogmática en la Pontificia Universidad Gregoriana.
Una década como rector del seminario
Buena parte de su ministerio antes del episcopado estuvo vinculada a la formación sacerdotal. Formó parte del claustro del seminario Saint Mary de Houston entre 1998 y 2001 y ejerció como rector entre 2001 y 2010.
En 2010 asumió la dirección del Secretariado para la Formación del Clero y los Servicios de Capellanía de Galveston-Houston. Más tarde fue vicario para el Clero, presidió el organismo encargado del personal sacerdotal y formó parte del consejo presbiteral.
Francisco lo eligió el 23 de abril de 2015 como obispo de Victoria. Fue consagrado el 29 de junio siguiente y desde entonces ha permanecido al frente de la diócesis del sureste de Texas.
Una de las voces de la USCCB en materia de inmigración
Además de su gobierno diocesano, Cahill ha adquirido en los últimos años una presencia relevante dentro de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB). Actualmente preside su Comité de Migración, responsabilidad desde la que ha intervenido repetidamente en el debate sobre la política migratoria de la Administración Trump.
En enero pidió junto a Mons. A. Elias Zaidan que la Administración prolongara el Estatus de Protección Temporal (TPS) para los haitianos residentes en Estados Unidos. Tras imponerse en junio la decisión gubernamental de terminar las protecciones temporales para haitianos y sirios, Cahill sostuvo que retirar el estatus legal a cientos de miles de personas cuando el regreso a sus países no resulta seguro generaba una «crisis moral» y afirmó que el país no podía «cerrar los ojos ante semejante injusticia».
También ha reclamado límites a las operaciones de control migratorio en iglesias y otros lugares de culto. En febrero firmó, junto al arzobispo Alexander Sample, una carta al Congreso en la que ambos prelados pidieron evitar actuaciones migratorias en esos espacios salvo circunstancias excepcionales y garantizar el acceso a servicios religiosos y pastorales para los detenidos. El documento reconocía al mismo tiempo la dificultad de la labor de las fuerzas encargadas de hacer cumplir la ley y la necesidad de una reforma del sistema migratorio.
En junio, Cahill pidió además a la Cámara de Representantes que rechazara un proyecto de ley contra las bandas criminales por considerar excesivamente amplia su definición de asociación con estos grupos. Entre sus objeciones advirtió que la norma podía alcanzar incluso a sacerdotes y religiosas extranjeros que, en el ejercicio de labores religiosas o humanitarias, prestaran ayuda a determinadas personas.
Su posición, sin embargo, no equivale a negar el derecho del Estado a aplicar sus leyes migratorias. Las intervenciones públicas del Comité que preside han combinado las críticas a determinadas medidas con el reconocimiento de la responsabilidad de las autoridades en el control migratorio y la aplicación de la ley. En julio, Cahill y Mons. Daniel Garcia insistieron tanto en la dignidad de los inmigrantes como en el rechazo de la denigración de los agentes encargados de hacer cumplir las normas.
Impulsó el proceso sinodal en Victoria
Otro elemento de su episcopado en Texas ha sido su implicación en el Sínodo sobre la Sinodalidad convocado por Francisco. La diócesis de Victoria desarrolló el proceso bajo el lema «Una Iglesia que escucha» y organizó sesiones de escucha en la mayoría de sus parroquias y en distintos grupos diocesanos.
Varias de las sesiones se realizaron directamente con Cahill. El propio obispo explicó el proceso como una oportunidad para que los fieles escucharan las experiencias de los demás y discernieran la voluntad de Dios. Las aportaciones recogidas en Victoria fueron incorporadas posteriormente a la síntesis de la Región X, formada por las diócesis de Texas, Oklahoma y Arkansas.
León XIV envía así a Joliet a un obispo con una larga experiencia en formación sacerdotal y once años de gobierno diocesano, pero también con un perfil público reconocible dentro del episcopado estadounidense: activo en el proceso sinodal y, especialmente, en la respuesta de la USCCB a la política migratoria de Washington. Su traslado deja vacante la diócesis de Victoria, a la espera del nombramiento de un nuevo obispo.