El custodio de Tierra Santa: «La cruz no se explica con palabras, se atraviesa»

El custodio de Tierra Santa: «La cruz no se explica con palabras, se atraviesa»

El custodio de Tierra Santa, fray Francesco Ielpo, ha recordado en el monasterio de Santo Toribio de Liébana (Cantabria) que la esperanza cristiana no consiste en la promesa de una vida sin sufrimiento, sino en la certeza de que Cristo está presente también en medio de la prueba. «La cruz no se explica con palabras. La cruz se atraviesa», afirmó durante la celebración de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

El franciscano pronunció estas palabras este lunes 14 de septiembre durante la Misa que acompañó el hermanamiento entre el Santo Sepulcro de Jerusalén y el Santuario de Santo Toribio de Liébana, presidida por el obispo de Santander, Arturo Ros. El monasterio cántabro custodia el Lignum Crucis, considerado el mayor fragmento conservado de la Cruz de Cristo.

«Dos lugares unidos por un mismo misterio»

Ielpo presentó el vínculo entre Jerusalén y Liébana desde una perspectiva esencialmente espiritual: ambos lugares, explicó, están unidos por «un mismo misterio», el de la Cruz y el de «un amor que llega hasta el final».

Partiendo de las lecturas de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el custodio se detuvo en la imagen bíblica del desierto como lugar de prueba, allí donde desaparecen las seguridades humanas y el hombre debe decidir dónde deposita su confianza.

«La tentación es siempre la misma: confiar en Dios o confiar únicamente en nosotros mismos», señaló.

El franciscano recordó después el episodio de la serpiente de bronce levantada por Moisés en el desierto y las palabras de Cristo sobre la necesidad de que el Hijo del Hombre sea elevado.

Ante la aparente contradicción de que un instrumento de suplicio pueda convertirse en signo de salvación, Ielpo señaló que es precisamente en esa paradoja donde se manifiesta el modo de actuar de Dios.

«No nos muestra solamente hasta qué punto el hombre es capaz de hacer sufrir, nos muestra sobre todo hasta dónde Dios es capaz de amar», afirmó.

«No exaltamos el dolor, la violencia, la muerte»

El custodio precisó así el significado cristiano de la Exaltación de la Santa Cruz: «No exaltamos el dolor, la violencia, la muerte. Exaltamos el amor que, en medio del dolor y de la muerte, permanece fiel hasta el final».

La diferencia entre la lógica humana y la de Cristo, añadió, se manifiesta precisamente ante el sufrimiento: «Nosotros querríamos vencer eliminando el sufrimiento. Cristo vence atravesándolo».

De ahí, explicó, nace la esperanza cristiana. La Cruz no promete al hombre una existencia en la que desaparezca el dolor, sino la certeza de que ninguna circunstancia queda fuera de la presencia de Dios.

«La cruz no se explica con palabras. La cruz se atraviesa y es atravesándola con Cristo como descubrimos que también el lugar de la prueba puede convertirse en el lugar donde Dios se manifiesta como amor», sostuvo.

Tierra Santa y su «largo desierto»

Ielpo trasladó después su reflexión a la situación que atraviesa actualmente Tierra Santa, que describió como un «largo desierto hecho de guerra, miedo, violencia, sufrimiento y falta de perspectivas».

Ante quienes preguntan dónde encontrar esperanza en estas circunstancias, el custodio señaló que el cristianismo no ofrece «explicaciones fáciles», sino que dirige la mirada hacia el Gólgota.

«Dios no ha abandonado al hombre en el Gólgota. Dios entró en la herida de la humanidad y a pocos pasos del Gólgota hay un sepulcro vacío», afirmó.

Por eso, continuó, «la cruz es esperanza», porque contiene ya la esperanza de la Resurrección.

El hermanamiento entre el Santo Sepulcro y Santo Toribio adquiere así, según Ielpo, un significado que supera el vínculo institucional entre ambos santuarios: los dos están llamados a «custodiar y anunciar el significado de la cruz».

Desde Jerusalén, explicó, el Gólgota continúa proclamando al mundo el amor de Dios; y desde Liébana, el Lignum Crucis recuerda que ese amor «llegó hasta la cruz».

«Este es el camino de nuestra fe: del desierto a la confianza, de la tentación al abandono en Dios. De la cruz a la vida, de la herida a la esperanza. Porque la cruz nos dice que hemos sido amados sin medida, amados hasta el final», concluyó.

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