El cardenal Raymond Leo Burke ha explicado la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la necesidad del sacerdocio y la realidad del combate contra el demonio en la segunda parte de su entrevista con Shawn Ryan, publicada este jueves 10 de septiembre. Ante la pregunta directa de si la Eucaristía es únicamente un símbolo, el purpurado respondió sin matices: «Es el Cuerpo y la Sangre de Cristo».
El episodio, dedicado al Nuevo Testamento, continúa la conversación publicada esta semana en The Shawn Ryan Show, uno de los pódcast de entrevistas de mayor audiencia de Estados Unidos. Burke aprovechó las preguntas de Ryan para exponer de manera sencilla algunas de las enseñanzas centrales de la fe católica y, al abordar el combate espiritual, aseguró que actualmente existe «mucha actividad demoníaca», una impresión que atribuyó a sus conversaciones con otros obispos y con sacerdotes exorcistas.
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«Es el Cuerpo y la Sangre de Cristo»
Al hablar de la Última Cena, Burke recordó las palabras de Cristo sobre el pan y el vino —«Este es mi Cuerpo» y «Este es el cáliz de mi Sangre»— y explicó que allí anticipó sacramentalmente el sacrificio que consumaría en el Calvario. La Eucaristía permite así recibir a Cristo «Cuerpo, Sangre, alma y divinidad».
Ryan quiso saber entonces si los católicos consideran la Eucaristía un símbolo o el verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo. «Es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Es el Cuerpo y la Sangre de Cristo», insistió Burke.
El cardenal explicó además la transubstanciación: aunque permanecen las apariencias del pan, «la sustancia misma del pan se transforma en el Cuerpo de Cristo». De ahí, añadió, procede la reverencia de la Iglesia hacia las especies consagradas y la adoración eucarística fuera de la Misa.
Asimismo, Burke vinculó directamente la Eucaristía con el sacerdocio. Cristo no solo dijo a los Apóstoles «Haced esto en memoria mía», sino que quiso dejar ministros que continuaran ofreciendo la Eucaristía «hasta el último día» para alimentar a los fieles con su Cuerpo y su Sangre.
Por ello, rechazó que una comunidad pueda sustituir al sacerdote para celebrar la Eucaristía. «Cristo quiso que fuera de esta manera: que hubiera un hombre consagrado que ofreciera la Sagrada Eucaristía por nosotros», afirmó. «La Sagrada Eucaristía y el sacerdocio están inseparablemente unidos».
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«Hay mucha actividad demoníaca»
Otro de los momentos más contundentes del episodio llegó cuando Ryan preguntó cómo puede una persona corriente combatir a los demonios.
«Solo en Cristo», respondió Burke. «Solo Cristo tiene el poder de repeler a los demonios, de expulsarlos, de alejarlos de nosotros».
También los exorcismos, señaló, se realizan en nombre de Cristo. «El sacerdote nunca dice: “Yo”. No. Es Cristo quien expulsa a los demonios». Por eso advirtió contra cualquier intento de convertir el combate espiritual en una lucha basada en las propias capacidades: «Si pretendemos luchar contra el demonio por nuestra cuenta, seremos derrotados».
Ryan le preguntó si encontraba con frecuencia casos relacionados con la acción demoníaca. «Más de lo que me gustaría», respondió el cardenal.
«Parece que en el tiempo presente —y lo sé por hablar con hermanos obispos y con exorcistas— hay mucha actividad demoníaca», añadió.
Burke advirtió, sin embargo, contra la idea de que la victoria de Cristo haya convertido a Satanás en una realidad de la que ya no sea necesario preocuparse. «Satanás nunca está más contento que cuando pensamos que no está ahí, porque entonces realmente puede hacer daño», afirmó.
Además, sostuvo que esta realidad exige discernimiento también dentro de la propia Iglesia: «Tristemente, en el mundo de hoy, e incluso algunas veces en la Iglesia, vemos cosas que son diabólicas y que son tan malas que solo podrían proceder del propio maligno».
Frente a ello, Burke señaló la oración y la vida sacramental: «Si rezamos, si nos fortalecemos con los sacramentos, si tomamos todas las precauciones respecto al maligno, podemos estar seguros de que Nuestro Señor no permitirá que tenga poder sobre nosotros».
El Rosario como «oración evangélica»
El cardenal mencionó asimismo a san Miguel Arcángel, a san José —«terror de los demonios»— y a la Virgen María como intercesores en el combate espiritual. «Estas son maneras en las que nos armamos», señaló.
Ryan le pidió entonces que explicara cómo comenzar a rezar el Rosario a alguien que nunca lo hubiera hecho. Burke lo definió como «una oración evangélica» y recordó que las palabras iniciales del Ave María proceden de la Escritura: del saludo del arcángel Gabriel y de las palabras de santa Isabel.
El Rosario, explicó, une esas oraciones a la contemplación de los misterios de la vida de Cristo y de la Virgen. Además, las cuentas ayudan a mantener la atención mientras se reza y se meditan los misterios.
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Burke también se detuvo en la Resurrección de Cristo, que presentó como un acontecimiento histórico respaldado por el testimonio de los cuatro Evangelios, el sepulcro vacío, las apariciones del Resucitado y la transformación de los Apóstoles. Asimismo, al explicar la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, insistió en que Cristo no vino a abolir la Antigua Alianza, sino a llevarla a su cumplimiento.
Sobre la Virgen, el cardenal la presentó como la «nueva Eva» junto a Cristo, el «nuevo Adán». María, afirmó Burke, «restaura la dignidad de la mujer» y la devuelve «a su lugar en el plan de Dios».