El presidente de la Pontificia Academia para la Vida contempla el apoyo católico a una «ley imperfecta» sobre el suicidio asistido

El presidente de la Pontificia Academia para la Vida contempla el apoyo católico a una «ley imperfecta» sobre el suicidio asistido

El presidente de la Pontificia Academia para la Vida, monseñor Renzo Pegoraro, ha planteado que los católicos podrían dar su asentimiento a una eventual «ley imperfecta» sobre el suicidio asistido si con ella se evitara la aprobación en Italia de normas «más permisivas y libertarias». Al mismo tiempo, ha afirmado que «no existe ningún derecho a la ayuda al suicidio» y que los profesionales sanitarios nunca deben provocar la muerte ni colaborar con el suicidio.

Pegoraro, nombrado presidente de la Academia por León XIV en mayo de 2025, se ha pronunciado en una entrevista con Avvenire después de que el Consejo Regional del Véneto aprobara una norma para regular el procedimiento de acceso al suicidio médicamente asistido.

La posibilidad de una «ley imperfecta»

Preguntado sobre la necesidad de una legislación nacional sobre el final de la vida, Pegoraro señaló que el Parlamento italiano debe estudiar la cuestión y que la aprobación de una nueva ley no puede darse por descontada.

El presidente de la Academia recordó que Italia cuenta ya con la ley 219/2017 sobre consentimiento informado y disposiciones anticipadas de tratamiento y con la legislación sobre cuidados paliativos. A su juicio, estas normas permiten afrontar buena parte de las situaciones de los enfermos graves.

Es en este contexto donde Pegoraro plantea la posibilidad de que los católicos puedan respaldar una eventual regulación nacional que consideren menos perjudicial que otras alternativas.

«Por parte católica, se trata, en definitiva, de valorar si estaremos ante una “ley imperfecta”, a la que sería, no obstante, moral dar el propio asentimiento, teniendo en cuenta que en el Parlamento podrían aprobarse rápidamente leyes más permisivas y libertarias, mucho más lesivas para la dignidad del enfermo y el valor de la vida», afirmó.

Pegoraro añadió que una eventual legislación nacional debería mantenerse dentro de los límites fijados por el Tribunal Constitucional italiano.

«No existe ningún derecho a la ayuda al suicidio»

En la misma respuesta, el presidente de la Pontificia Academia para la Vida sostuvo que el ordenamiento italiano no reconoce un derecho a recibir ayuda para suicidarse.

«No existe ningún derecho a la ayuda al suicidio. Existe, en Italia, la obligación del Estado de hacerse cargo [del enfermo], y también de respetar la voluntad del individuo de no recibir tratamientos», afirmó.

Pegoraro recordó que la ayuda al suicidio continúa siendo un delito en Italia. La sentencia 242/2019 del Tribunal Constitucional estableció determinados supuestos en los que esa conducta no resulta punible y reclamó la intervención del legislador sobre la materia.

A juicio del prelado, corresponde al legislador nacional abordar una cuestión de esta naturaleza, mientras que las regiones únicamente pueden regular los procedimientos derivados del marco establecido por el Tribunal Constitucional.

Críticas a la ley aprobada en el Véneto

Pegoraro se mostró crítico con la rapidez con la que se ha tramitado la nueva norma del Véneto, su región de origen.

«Creo que, en el caso del Véneto, habría sido necesario tomarse todavía más tiempo y escuchar a las numerosas realidades territoriales al servicio de los enfermos y del buen funcionamiento de la red de cuidados paliativos», señaló.

«Las prisas nunca son buenas consejeras. Sobre todo cuando se interviene sobre una norma acerca del sentido mismo de la vida», añadió.

El presidente de la Academia valoró, sin embargo, que la norma contemple la obligación de ofrecer un itinerario de cuidados paliativos y apoyo psicológico y la posibilidad de informar al solicitante sobre entidades que tienen estatutariamente como finalidad la protección de la vida.

Pegoraro sostuvo que algunas personas que habían solicitado en el Véneto acceder al suicidio asistido terminaron optando por continuar afrontando su enfermedad después de recibir acompañamiento, información sobre el sistema sanitario y cuidados paliativos.

«La petición de adelantar el final de los propios días —aunque no siempre— es una petición de una vida cuidada, de eliminación del dolor, o nace del temor de tener que ser una carga para los demás. Es una petición de no ser dejados solos», explicó.

«La medicina verdadera, cuando ya no puede curar, continúa siempre cuidando»

Pegoraro rechazó que provocar la muerte pueda incorporarse a la finalidad propia de la medicina.

«Ninguna concepción de la ciencia médica podrá jamás contemplarla como ciencia al servicio de la muerte», afirmó.

El prelado distinguió el suicidio asistido de la renuncia a tratamientos inútiles o desproporcionados. Recordó que el paciente puede rechazar o suspender tratamientos y ser acompañado mediante sedación profunda cuando esta resulte necesaria.

«La medicina verdadera, cuando ya no puede curar, continúa siempre cuidando», señaló.

Pegoraro advirtió también de que los enfermos graves pueden resultar especialmente vulnerables en una sociedad en la que considera que el valor de la vida está disminuyendo y reclamó dedicarles «tiempo, recursos y afecto».

«Menos armas y más cuidados paliativos»

El presidente de la Academia defendió que Italia garantice efectivamente a todos los ciudadanos el acceso a los cuidados paliativos y aporte los recursos económicos necesarios para ello.

«Una buena ley sobre cuidados paliativos, en Italia, ya existe y reconoce un derecho explícito a beneficiarse de ellos. Pero quien se presenta como defensor de la vida también debe encontrar el dinero para aplicarlos. Menos armas y más cuidados paliativos, diría», afirmó.

Pegoraro insistió finalmente en la obligación de los profesionales sanitarios de acompañar al enfermo hasta el final de su vida sin provocar su muerte.

«Para el Magisterio de la Iglesia, todo profesional sanitario debería comprometerse siempre a salvar la vida, a acompañar el último tramo de la existencia y nunca a provocar la muerte o colaborar con el suicidio», señaló.

«El suicidio siempre se ha intentado prevenir, nunca apoyar», añadió.

Pegoraro pidió que el Parlamento italiano mantenga una discusión «profunda y seria» sobre la cuestión y cerró su reflexión recordando una frase del criminólogo Nigel Walker: «La legislación de una generación puede convertirse en la moral de la siguiente».

«¿Qué “moral” queremos construir para los jóvenes del mañana?», concluyó.

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