Un monasterio para mil años: una comunidad de carmelitas tradicionales levanta un nuevo convento tras su crecimiento vocacional en Estados Unidos

Un monasterio para mil años: una comunidad de carmelitas tradicionales levanta un nuevo convento tras su crecimiento vocacional en Estados Unidos
Foto: Haley Rossi

El crecimiento de las vocaciones ha llevado a una comunidad de carmelitas descalzas de Fairfield, en Pensilvania (Estados Unidos), a levantar un nuevo monasterio siguiendo técnicas tradicionales de construcción y concebido para permanecer en pie durante generaciones. Las religiosas, que mantienen una observancia tradicional de la vida carmelitana, aspiran a que el edificio pueda «durar mil años».

Las hermanas del Carmelo de Jesús, María y José se habían quedado sin espacio suficiente en el monasterio de la década de 1940 en el que vivían anteriormente. Ante la llegada de nuevas vocaciones, emprendieron un proyecto que recupera la cantería y la carpintería tradicionales y cuyo presupuesto alcanza los 100 millones de dólares, según ha explicado Catherine Bauer, responsable de comunicación y desarrollo de la comunidad, a EWTN News.

Las obras comenzaron hace más de una década y actualmente se encuentran aproximadamente al 20%. Hasta ahora, las religiosas han conseguido recaudar unos 22 millones de dólares.

Una comunidad tradicional que se quedó sin espacio

Las carmelitas llegaron a la diócesis de Harrisburg en 2009 procedentes del Carmelo de Valparaiso, en Nebraska, y se instalaron inicialmente en un antiguo monasterio de Elysburg. El crecimiento posterior de la comunidad hizo que aquellas instalaciones resultaran insuficientes.

La propia historia del Carmelo relata que la falta de espacio llegó a obligarlas a transformar dependencias destinadas al trabajo, las comidas y la recreación en habitaciones para alojar a las nuevas postulantes.

Con autorización del entonces obispo de Harrisburg, Ronald Gainer, la comunidad adquirió en 2012 unos terrenos en Fairfield, en el condado de Adams. Allí comenzó a tomar forma el nuevo monasterio, cuya primera piedra fue colocada en 2016 y al que se trasladaron las religiosas fundadoras en 2018.

La comunidad sigue una observancia inspirada directamente en la reforma de santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, con clausura estricta, hábito carmelita completo, ayuno, oración mental y una vida marcada por la austeridad. Las religiosas mantienen además las Constituciones tradicionales de la Orden y celebran principalmente la liturgia según los libros anteriores a la reforma litúrgica.

Piedra y madera para un monasterio concebido para siglos

La construcción busca apartarse de buena parte de los procedimientos habituales de la arquitectura contemporánea. Las religiosas han optado por técnicas artesanales de cantería y entramado de madera y procuran recurrir a materiales naturales y de procedencia local.

«Se trata más del trabajo en piedra, de la autenticidad de construir desde cero sin clavos, sin pegamento y sin electricidad recorriendo el edificio», explica Bauer. También se han proyectado sistemas de agua y fontanería basados, en la medida de lo posible, en métodos tradicionales.

El conjunto tendrá unas dimensiones relativamente contenidas, pero está concebido como un monasterio capaz de sostener la vida de la comunidad durante generaciones. Contará con capilla, refectorio, noviciado, dependencias para las religiosas profesas, vivienda para el capellán y los espacios necesarios para la vida de clausura.

Parte de la piedra y de la madera empleadas procede de la zona. Las religiosas cultivan además sus terrenos, mantienen animales y realizan distintos trabajos manuales dentro de una concepción del Carmelo que busca recuperar también elementos de autosuficiencia.

La elevada inversión inicial responde precisamente a la voluntad de construir para el largo plazo. «La idea es que, durante los próximos doce o quince años que llevará construirlo, una vez terminado, este edificio requiera poco o ningún mantenimiento para las generaciones futuras», señala Bauer.

De este modo, la comunidad espera evitar que dentro de unas décadas sea necesario sustituir continuamente cubiertas, paredes y sistemas constructivos. El objetivo que resume el proyecto es especialmente ambicioso: levantar ahora un monasterio capaz de servir a las carmelitas durante los próximos mil años.

Un altar histórico recuperado para el Carmelo

La apuesta por la tradición no se limita a la estructura del edificio. La comunidad está recuperando también elementos procedentes de antiguos edificios católicos para incorporarlos al nuevo monasterio.

Uno de ellos es un altar de mármol que perteneció originalmente al seminario Saint Charles Borromeo. Fue instalado en el oratorio del Carmelo, dedicado en 2024, y durante aquella ceremonia se produjo una coincidencia particular: el obispo emérito Ronald Gainer reveló que décadas antes había celebrado precisamente en ese altar su primera Misa.

«Estamos intentando salvar muchas de estas cosas», explica Bauer sobre la recuperación de altares, vidrieras y otros objetos destinados al culto. El oratorio servirá como capilla provisional mientras continúa la construcción del templo definitivo.

«Su misión es rezar por los sacerdotes y por la Iglesia»

El proyecto permitirá mantener la clausura de las religiosas y, al mismo tiempo, disponer de espacios desde los que los fieles puedan asistir a Misa, recibir los sacramentos y acudir a rezar sin interferir en la vida contemplativa de la comunidad.

Bauer explica que el monasterio está pensado para convertirse en «un faro de luz» para la zona y en «una fuente de gracia, consuelo y santidad», aunque las religiosas permanezcan ocultas del mundo detrás de la clausura.

La comunidad sitúa en el centro de esa vida contemplativa la oración por la Iglesia y, de manera particular, por los sacerdotes. «El carisma carmelita es rezar por los sacerdotes», afirma Bauer. «Esa es toda su misión: rezar por los sacerdotes y por la Iglesia».

«Ellas son el corazón de la Iglesia», añade. «Son las que mantienen la sangre circulando por el resto del cuerpo de la Iglesia».

Ayuda a Infovaticana a seguir informando