Veintitrés años después, La Pasión de Cristo vuelve a la gran pantalla —del 10 al 17 de septiembre— como antesala del acontecimiento que el cine religioso lleva dos décadas esperando: The Resurrection of the Christ, cuya primera parte se estrenará en mayo. Con ese motivo, Mel Gibson ha recibido a Raymond Arroyo en Toronto, donde ultima el montaje de la película, y le ha concedido una entrevista extensa, honda y con no pocos destellos de humor. El Gibson que aparece es el de siempre: un hombre de fe, consciente de que su obra más importante no fue solo una película.
«Quise que fuera lo más real posible»
Gibson defiende hoy, con la misma serenidad de entonces, el realismo con que retrató el sacrificio del Calvario: «Las representaciones anteriores estaban edulcoradas: lo hacían parecer fácil, y no lo fue. Yo quería que fuera lo más real posible, para que la gente pudiera entrar en ese camino, que es durísimo».
¿Y la crudeza que tantos le afearon? Su respuesta es catequesis pura: «Quería dar una idea de la magnitud del sacrificio. No fue algo a medias. Fue todo, hasta la última gota. No hubo reservas: fue el Cordero entregado por completo».
Los agoreros anunciaron que la película traería violencia y división. Ocurrió exactamente lo contrario. Lo que trajo fueron conversiones, algunas espectaculares:
«He visto cartas de conversiones. Hubo gente que, después de verla, fue a confesar delitos graves que llevaba años callando. Es increíble el poder que tuvo».
Y un poder que no caduca: Gibson cuenta que hace unos días una joven de diecinueve años vio la película por primera vez. «La dejó sin palabras. Le dije: «Esta película es más vieja que tú, y todavía te ha hecho esto». Salió conmovida y, de algún modo, cambiada».
Caviezel, el actor que se vació; María, la humildad junto a la Cruz
Sobre Jim Caviezel, Gibson revela qué buscaba y qué encontró: «Alguien capaz de vaciarse de sí mismo y pedir ser llenado por otra cosa. Y lo hizo. A diario. Se convirtió en una especie de vaso».
Especialmente hermoso es su retrato de la Virgen, a la que nadie había mostrado así en el cine, acompañando a su Hijo paso a paso hasta el Calvario:
«Era una criatura de humildad. No quería llamar la atención; siempre estaba detrás. Hablaba cuando tenía que hablar. Fue como una madre para todos los apóstoles. Su gran tesoro era la humildad. Pensad lo que es dar a luz a alguien y verlo padecer así delante de ti… y aceptarlo. Y no solo aceptarlo: perdonar. Se ha dicho que habría muerto de dolor de no haber sido sostenida por la gracia».
Gibson confirma que las visiones de la beata Ana Catalina Emmerich iluminaron su manera de retratar a la Dolorosa.
«Lo verdaderamente asombroso es que volvió a la vida»
¿Por qué contar lo que viene después, si muchos consideran la Pasión el clímax del Evangelio? Gibson corrige la premisa con precisión de teólogo: «No es el clímax. Es una parte, un acontecimiento inmenso, sí. Pero lo verdaderamente asombroso es que alguien vuelva a la vida por su propio poder después de una muerte pública, y se muestre de nuevo públicamente. Y no lo vieron solo los apóstoles: lo vieron cientos de personas, y fueron testigos, y lo proclamaron».
El proyecto le ha costado veinte años, diez de ellos solo de escritura: «Es como un rompecabezas en el que primero tienes que crear las piezas y luego encajarlas». La película recorrerá los grandes hitos de la historia de la salvación —Abraham, Moisés, David— como profecía cumplida en una sola persona: «Si lees la Septuaginta, los libros antiguos, todo es profecía crística. Y todo se cumple en un solo hombre. ¿Qué probabilidades hay de eso? Más fácil sería ganar la lotería. Y nadie gana la lotería».
Hay una novedad que dará que hablar: esta vez no habrá arameo ni latín. La Resurrección está rodada en inglés. Gibson lo justifica: «Con la Pasión podía hacerse, porque todos conocían la historia y el foco eran doce horas. Pero la Resurrección es un acontecimiento imposible de abarcar del todo, que exige mucho más del espectador. Me parecía absurdo obligar a la gente a leer subtítulos mientras se enfrenta a conceptos tan hondos. Esta vez los acompañamos en su propia lengua».
«No hay casualidades»
Arroyo le pregunta si el momento del estreno es providencial. La respuesta de Gibson resume toda su visión del mundo: «No hay accidentes en ninguna parte, así que sí. Yo pensaba que llegaba tarde, veintitrés años después. Probablemente llega justo a tiempo. No es mi calendario».
También reivindica el cine como experiencia comunitaria, casi litúrgica: «Es bueno que vuelva a las salas. Se convierten en testigos de algo al mismo tiempo, comparten algo. ¿Cómo era aquello? «Donde dos o más se reúnen en mi nombre…»».
¿Le ha cambiado espiritualmente hacer estas películas? «Necesariamente. Nadie juega en ese arenal sin acabar con arena encima. Tienes que buscar el corazón del asunto, encontrar granos de verdad que resuenen en ti y que, con suerte, resonarán en quienes la vean».
El consejo de su padre: «Preocuparse es falta de fe»
El cuestionario final regala momentos deliciosos. Sobre sus enemigos, que no le han faltado: «No puedes despreciar a nadie. Todos tendremos enemigos, y pueden ser brutales y despiadados. Pero si no perdonas, el que sufre eres tú. Así de simple».
Y el mejor consejo que recibió en su vida se lo dio su padre:
«Me dijo: «Te preocupas demasiado». Yo creía que eso era bueno, y me contestó: «No, es pecado. Porque demuestra una clara falta de fe en la Providencia y en Dios». Él no se preocupaba por casi nada».
El cierre es de manual de Ejercicios. Arroyo le pregunta qué ocurre cuando todo termine, y Gibson responde sin pensarlo dos veces: «Cuatro cosas. Ya sabes cuáles: muerte, juicio, cielo, infierno. Así que hay que prepararse». Los novísimos, recitados de memoria en plena promoción de Hollywood. No es poca cosa.
Queda un guiño para los fieles de la primera hora: solo un actor de La Pasión repite en la Resurrección. Gibson no suelta el nombre —«lo dejamos en suspense, pero es bueno»—. Mientras se despeja la incógnita, la cita es doble: La Pasión de Cristo en cines del 10 al 17 de septiembre, con un adelanto exclusivo de la Resurrección incluido, y la primera parte de The Resurrection of the Christ en mayo. Veinte años después, Gibson vuelve a apostarlo todo a la misma carta: que la historia más grande jamás contada sigue convirtiendo corazones.