El obispo de Barbastro-Monzón, Mons. Ángel Javier Pérez Pueyo, ha asegurado que pondría su cargo a disposición antes que firmar un acuerdo que implique renunciar a que la imagen original de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad permanezca en su antigua ermita. El prelado ha hecho pública este lunes 31 de agosto una extensa carta ante el regreso temporal de la talla al templo el próximo 5 de septiembre, coincidiendo con la 47.ª Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe.
«Tened por seguro que vuestro pastor nunca firmaría ese improbable expolio a vuestra dignidad. Pondría en tal caso mi cargo a disposición por lealtad a nuestro pueblo», afirma Pérez Pueyo, que sostiene que la imagen debe regresar definitivamente al lugar en el que fue venerada durante siglos antes de su traslado al nuevo santuario hace más de cincuenta años.
El obispo asegura además que la diócesis ha renunciado a cualquier compensación económica y que no reclama «el gobierno del nuevo templo, ni sus bienes, ni sus cuentas, ni las entidades o empresas vinculadas a su gestión».
En cambio, revela que ha pedido al papa León XIV que Torreciudad sea reconocido como santuario internacional dependiente directamente de la Santa Sede, de modo que sea Roma quien supervise su realidad económica y pastoral.
«Pero hay una sola cosa que esta Diócesis no puede entregar, a la que unos hijos no pueden renunciar: a su Madre, a Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad», sostiene.
La Virgen volverá a la antigua ermita el 5 de septiembre
El comunicado se publica pocos días antes de que la imagen original regrese temporalmente a la antigua ermita de Torreciudad, en la provincia de Huesca, Aragón.
Será el próximo sábado 5 de septiembre, durante la 47.ª Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe. Pérez Pueyo presenta la jornada como un acontecimiento especialmente significativo para la historia de la diócesis.
«Después de más de cincuenta años, nuestra Madre retorna a casa», escribe.
El obispo recuerda que la imagen fue venerada allí durante siglos y que a esa ermita acudieron también José Escrivá y Dolores Albás con su hijo Josemaría Escrivá para pedir por su vida cuando era niño.
Pérez Pueyo anima a los fieles a acudir con sus familias y anuncia que ese día reafirmará públicamente su compromiso de defender la permanencia de la imagen en su emplazamiento histórico.
La diócesis cuestiona cómo salió la imagen de la ermita
El obispo introduce además un argumento sobre las circunstancias en las que la talla abandonó la antigua ermita.
Según explica, durante los últimos años la diócesis ha recopilado documentación histórica y jurídica que, a su juicio, impide interpretar aquel traslado como una renuncia voluntaria a la custodia de la imagen o a su emplazamiento originario.
«Su salida autorizada, acorde a derecho, no nos consta en los archivos ni del Cabildo ni de la Diócesis», afirma Pérez Pueyo.
El prelado insiste también en distinguir entre el comisariado pontificio establecido para Torreciudad y el gobierno de la propia diócesis.
Francisco dispuso el 9 de octubre de 2024 un comisariado pontificio plenipotenciario para el complejo de Torreciudad, responsabilidad encomendada a Mons. Alejandro Arellano Cedillo, decano del Tribunal de la Rota Romana.
«Ese comisariado recae sobre Torreciudad; no sobre la Diócesis de Barbastro-Monzón. Esta Iglesia particular no ha sido comisariada», subraya ahora Pérez Pueyo.
Las palabras que le dirigió Francisco
El comunicado vuelve también sobre el respaldo que, según Pérez Pueyo, recibió personalmente del papa Francisco durante el conflicto.
El obispo asegura que Francisco conoció la cuestión durante la visita ad limina de diciembre de 2021. Posteriormente, en un manuscrito fechado el 13 de julio de 2023, el Pontífice le habría escrito de su puño y letra: «No cedás».
Pérez Pueyo relata asimismo que el 18 de septiembre de 2024 Francisco volvió a preguntarle personalmente en la plaza de San Pedro: «Ángel, ¿bajaron ya la Virgen?».
Finalmente, recuerda otro manuscrito de Francisco, fechado el 13 de octubre de 2024, en el que, según el obispo, el Papa le advirtió de «las intrigas mafiosas que están en curso» alrededor del conflicto.
Pérez Pueyo ya había hecho públicas estas palabras durante una homilía pronunciada en septiembre de 2025. Ahora asegura que aquellas indicaciones «pesan» sobre su conciencia como obispo y pastor de Barbastro-Monzón.
«La firmeza no es enemiga de la comunión»
Pérez Pueyo recurre en su carta a la figura bíblica de Eleazar, narrada en el segundo libro de los Macabeos, para explicar su negativa a aceptar una solución que considere contraria a los derechos de la diócesis sobre la imagen.
El obispo critica también la evolución del comisariado pontificio, que, según su valoración, habría terminado funcionando «como una especie de mediación» entre las partes.
Al mismo tiempo, reconoce expresamente el trabajo desarrollado durante cinco décadas en el nuevo templo de Torreciudad.
«Bendigo y agradezco todo el bien espiritual que, durante cincuenta años, se ha realizado en el templo de Torreciudad: las confesiones, las conversiones, las familias, las vocaciones y la devoción mariana de peregrinos llegados de tantos lugares del mundo», escribe.
Y añade: «Deseo que el Opus Dei pueda desarrollar allí su carisma y su misión. Deseo que Torreciudad sea un gran foco universal de evangelización mariana».
Pérez Pueyo considera compatible esa continuidad con la dependencia directa del santuario de la Santa Sede y con el regreso de la imagen a la antigua ermita.
«La firmeza no es enemiga de la comunión. […] La paz de la Iglesia no puede levantarse sobre el silencio de un pueblo al que se pide que renuncie a su propia memoria», concluye antes de convocar a sus diocesanos para la jornada del 5 de septiembre.
Comunicado íntegro del obispo de Barbastro-Monzón
Con motivo del regreso de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad a su ermita-santuario
Hijos del Alto Aragón Oriental:
Me dirijo a todos vosotros como pastor de esta grey de Barbastro-Monzón, tierra de enorme dignidad bañada por la sangre de mártires y con la huella profunda de tantos santos que la han habitado.
Hay días en que la historia de un pueblo parece detenerse para recordar quién es y de dónde viene. El próximo 5 de septiembre será uno de esos días. Con motivo de la 47.ª Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe, la imagen original de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad volverá a cruzar el umbral de su ermita-santuario. Después de más de cincuenta años, nuestra Madre retorna a casa.
Vuelve al lugar donde durante más de mil años la visitaron generaciones enteras de esta tierra. Vuelve donde nuestros mayores pudieron mirarla de cerca, tocarla, besarla, vestirla, cantarle, sacarla en procesión y confiarle las cosechas y las enfermedades, los hijos, las lágrimas y la esperanza. Vuelve donde también José Escrivá y Dolores Albás llevaron a su pequeño hijo Josemaría para implorar por su vida. Vuelve al hogar que este pueblo custodió durante siglos y cuya imagen supo proteger incluso a riesgo de la propia vida en tiempos de persecución y guerra.
No estamos ante un traslado más ni ante una simple jornada de celebración. Hay algo mucho más hondo. Un pueblo vuelve a encontrarse con una parte de su propia historia, y una Madre vuelve al lugar donde sus hijos aprendieron durante siglos a llamarla Madre. Por eso este día pertenece a la memoria de nuestra Diócesis y a la fe sencilla de tantas generaciones que nos precedieron.
Desde esa memoria nace también la petición que esta Iglesia particular ha sostenido con paciencia y firmeza: que Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad permanezca en su ermita-santuario, su casa milenaria. No pedimos privilegios. Pedimos que la Madre permanezca en su casa de siempre, donde siempre estuvo durante más de mil años hasta llevársela hace cincuenta.
Para que nadie pueda confundir esta petición con intereses de otra naturaleza, la Diócesis ha renunciado a todo lo demás. Hemos renunciado a cualquier compensación económica. No reclamamos el gobierno del nuevo templo, ni sus bienes, ni sus cuentas, ni las entidades o empresas vinculadas a su gestión. Hemos pedido al Santo Padre León XIV que Torreciudad pueda ser reconocido como santuario internacional dependiente directamente de la Santa Sede, y que sea la propia Santa Sede quien supervise su realidad económica y pastoral. Pero hay una sola cosa que esta Diócesis no puede entregar, a la que unos hijos no pueden renunciar: a su Madre, a Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad.
Nuestra Madre debe volver a su casa
También debo recordar algo que pertenece a la verdad de estos hechos. El 9 de octubre de 2024, el papa Francisco dispuso un comisariado pontificio plenipotenciario para el complejo de Torreciudad. Ese comisariado recae sobre Torreciudad; no sobre la Diócesis de Barbastro-Monzón. Esta Iglesia particular no ha sido comisariada y conserva intacta la responsabilidad pastoral que le corresponde sobre la fe de su pueblo, su piedad popular y la memoria que le ha sido confiada.
Durante estos últimos años la Diócesis ha reunido documentación histórica y jurídica que, a nuestro juicio, impide considerar la salida de la imagen de su ermita como una renuncia voluntaria de este pueblo a su custodia y a su lugar originario. Antes del actual templo, antes de las controversias y antes de cualquiera de nosotros, durante más de un milenio esta imagen estuvo unida a esta tierra y a su ermita. Y su salida autorizada, acorde a derecho, no nos consta en los archivos ni del Cabildo ni de la Diócesis.
El papa Francisco conoció personalmente esta cuestión. Durante la visita ad Limina de diciembre de 2021 acogió nuestra preocupación por la piedad popular y por el arraigo eclesial de Torreciudad. Más tarde, en un manuscrito fechado el 13 de julio de 2023, me escribió de su puño y letra: «No cedás». Y el 18 de septiembre de 2024, al encontrarme con él en la plaza de San Pedro, volvió a preguntarme directamente: «Ángel, ¿bajaron ya la Virgen?». Pocas semanas después, en otro manuscrito fechado el 13 de octubre de 2024, me advirtió expresamente de «las intrigas mafiosas que están en curso» alrededor de este asunto, tal y como advertí en la homilía de nuestra catedral precisamente ahora hace un año.
Esas palabras pesan sobre mi conciencia de obispo y pastor de este pueblo de Barbastro-Monzón. Sobre todo cuando lo que está en juego toca la dignidad de un pueblo pequeño y humilde, que quizá no tenga poder, pero tiene memoria; que quizá no tenga influencia, pero tiene historia; y cuya dignidad no vale menos por ser pequeño.
Por eso he pensado tantas veces en el anciano Eleazar. El segundo libro de los Macabeos cuenta que, a sus noventa años, quisieron ofrecerle una salida aparentemente prudente: bastaba con fingir. Podía salvar la vida y evitar el sufrimiento. Pero Eleazar comprendió que aquella apariencia dejaría a los jóvenes un ejemplo de cobardía y prefirió morir antes que manchar su vejez y deshonrar la fe recibida (cf. 2 Mac 6, 18-31).
Hay momentos en que un pastor debe preguntarse no qué le resulta más cómodo, sino qué ejemplo dejará a su pueblo. Yo no puedo firmar, aprobar ni consentir una fórmula que prive a este pueblo de Barbastro-Monzón de su propia Madre, o que la convierta en alguien extraño que haga algunas visitas a sus hijos desde casa ajena.
He contemplado en estos meses cómo el comisariado plenipotenciario sobre el complejo de Torreciudad se transformaba en una especie de mediación entre ellos y la diócesis, como si este pueblo que esperaba justicia tuviese que aceptar renuncias en vez de defender sus derechos, que originó precisamente la comisión de Torreciudad. La firmeza no es enemiga de la comunión. Bendigo y agradezco todo el bien espiritual que, durante cincuenta años, se ha realizado en el templo de Torreciudad: las confesiones, las conversiones, las familias, las vocaciones y la devoción mariana de peregrinos llegados de tantos lugares del mundo. Deseo que ese bien continúe y crezca. Deseo que el Opus Dei pueda desarrollar allí su carisma y su misión. Deseo que Torreciudad sea un gran foco universal de evangelización mariana. Precisamente por eso hemos pedido que el nuevo santuario dependa directamente de la Santa Sede.
Pero la comunión no implica ceder a la dignidad. La caridad no obliga a llamar justo a lo injusto. La paz de la Iglesia no puede levantarse sobre el silencio de un pueblo al que se pide que renuncie a su propia memoria.
El próximo 5 de septiembre Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad volverá por un día a su ermita-santuario. Os animo a venir con vuestros hijos y con vuestros mayores. Venid como acudieron durante más de mil años desde todos los rincones de esta diócesis hasta aquella pequeña ermita para tocar a la Virgen, besarla y confiarle la vida. Ese día estaremos juntos, como Iglesia diocesana, alrededor de Nuestra Madre en su casa. Nuestras manos volverán a tocarla y nuestros labios a besarla. Y nuestra presencia serena y orante expresará, sin necesidad de levantar la voz, que un pueblo puede ser pequeño, pero no carece de memoria, de dignidad ni de Madre.
Ese mismo día, delante de todos vosotros, reafirmaré mi compromiso con el pueblo de Barbastro-Monzón de honrar la memoria y dignidad de estos mil años de historia, y también la de nuestro vecino que durante la guerra civil protegió a Nuestra Madre para que no fuese destruida y posteriormente volvió a dejarla en su casa. Ese compromiso me lleva en conciencia a no poder privar a nuestra diócesis de su Madre tan querida, y tened por seguro que vuestro pastor nunca firmaría ese improbable expolio a vuestra dignidad. Pondría en tal caso mi cargo a disposición por lealtad a nuestro pueblo.
Como el anciano Eleazar, prefiero dejar un ejemplo de fidelidad a nuestra historia y nuestra memoria, que traicionar aquello que uno tiene el deber de custodiar.
La verdad puede padecer, pero no perece
Me encomiendo a Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad y a vuestras oraciones, para que el Señor me conceda estar a la altura de esta tierra martirial y de enorme dignidad de la que tengo el honor de ser pastor.
Ángel Javier Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón