Leyendo recientemente la bellísima biografía de San Francisco de Asís escrita por G. K. Chesterton pensaba en cómo hemos podido aguantar el nefasto pontificado de Francisco. Cabe la posibilidad de que el Señor lo enviase para probarnos en la fe y abrirnos los ojos, porque realmente el número y tenor de sus muestras de una fe ajena a la católica han sido horrorosos.
A raíz de la lectura, me gustaría comentar aquí cómo el primer papa en imponerse el nombre del santo de Asís manipuló su figura hasta hacerla irreconocible, promoviendo todo lo contrario de lo que el santo de Asís aportó, por gracia de Dios, a la Iglesia.
El hecho de que ya se impusiera el nombre hace que no podamos ver como improvisado cómo manipuló la obra del Santo después en repetidas ocasiones, sino que hace caer en la cuenta de que fue algo programático. Esto, en una persona de la zafiedad del papa argentino, me convence aún más de algo que me ronda la cabeza hace tiempo: de la obra de una inteligencia preternatural, superior a la humana, detrás de la Iglesia sinodal, la que quiere acabar con la tradición, vaciar a la Iglesia de su contenido sobrenatural y convertirla en una entidad antropocéntrica y antropólatra que sigue los dictados de moda del mundo. Y con esto no quiero insinuar nada, sino afirmar lo que ya todos sabemos: que Satán ataca a la Iglesia, aunque se nos ha prometido que las puertas del infierno no prevalecerán. Pero Satán también ataca y tienta a cada una de las almas de los bautizados, desde los más simples hasta los más altos jerarcas, para alejarnos de Dios y llevarnos a la perdición eterna. Y muchos caen, creyendo incluso hacer un bien a la Iglesia y a las almas.
Me gustaría fijar la atención en tres aspectos en los que el papa Bergoglio manipuló la figura de San Francisco con fines engañosos para los bautizados:
1.-La encíclica Laudato Si
Laudato Si apareció en mayo de 2015, a sólo dos años del inicio del pontificado de Francisco. Así la resumiría en 2022 Christopher Rice, del Movimiento Laudato Si: “Laudato Si es una encíclica del papa Francisco que se centra en el cuidado del entorno natural y de todas las personas, así como en cuestiones más amplias de la relación entre Dios, los seres humanos y la tierra. El subtítulo de la encíclica, “El cuidado de nuestra casa común”, refuerza estos temas clave (…). Laudato Si se dirige “a cada persona que habita en este planeta” (LS 3). Por lo tanto, se ofrece como parte de un diálogo continuo dentro de la Iglesia Católica y entre los católicos y el mundo en general”.
El documento hace referencia a la “conversión ecológica”, al supuesto “cambio climático” originado por el ser humano, al “desarrollo”, al “ambiente sostenible”, al “clamor de la tierra” y a los “oligopolios”. Muestra claramente un pontificado preocupado por la problemática ecologista que se ha convertido en un “dogma contemporáneo”, un movimiento revolucionario liderado por declarados enemigos de la Iglesia como Bill Gates, Mark Zuckerberg, George Soros, Gidom Bromborge y Daniel Rosenfeld, entre otros. Obsérvese el común denominador en los apellidos. Los beneficios económicos del ecologismo son incalculables.
La anticistiana agenda 2030, de la que el catastrofismo climático forma parte, ha sido plenamente asumida y promovida por la Santa Sede desde inicios del pontificado de Francisco, como también podemos observar penosamente en el apoyo a las invasiones islámicas de toda Europa.
En julio de 2022, monseñor Gabriele Giordano Caccia, Observador Permanente de la Santa Sede ante la ONU, entregó al secretario general de la misma una copia de la encíclica en nombre y representación del Estado de la Ciudad del Vaticano, afirmando que éste se adhiere a la Convención Marco de la ONU sobre el cambio climático.
Son incontables las jornadas, movimientos y hasta “años” dedicados a esta encíclica y al nuevo dogma ecologista en la iglesia sinodal.
Sin embargo, la Iglesia debería aquí aplicarse el dicho de “zapatero, a tus zapatos”, pues son muchos los científicos de diversas nacionalidades liderados por la Fundación Clintel que han desmentido ya todo el “andamiaje” montado para crear un “terrorismo climático” infundado, como le llaman. Estos más de dos mil científicos especializados han declarado en documento público que “no hay ninguna emergencia climática”. Otros autores e investigadores se han sumado a este rechazo debido a las declaraciones inexactas y sin ningún tipo de pruebas científicas enunciadas en Laudate Si y su continuación, Laudate Deum, donde se afirma que el supuesto “daño climático” ha sido producido por el ser humano.
En realidad, la iglesia sinodal, desde Laudato Si, no trata sobre ecología, sino sobre ecologismo, una ideología nefasta y anticristiana, que implica la regulación de la población. Paradójicamente, se da esta aprobación tácita del control de la población junto a la obsesión sobre la dignidad infinita del ser humano, otro tema cada vez más recurrente en la iglesia sinodal, con un enfoque ajeno al de la tradición eclesial. El evidente desplazamiento de Dios del centro de la vida y el mensaje de la Iglesia hacia el ser humano no hace más que confirmar la grave crisis de fe en la que nos encontramos y de la que habló muy claramente Benedicto XVI; una iglesia cuyos mensajes y acciones se basan en el antropocentrismo (cuando no antropolatría) y el naturalismo (o el inmanentismo; el silenciamiento de cualquier atisbo de sobrenaturalidad) actualmente dominante en la jerarquía eclesiástica, que ocupa el espacio que la fe, extinguida, ha dejado.
Con Laudato Si comenzó ya Francisco a manipular y caricaturizar la figura y el mensaje de San Francisco de Asís, presentándole como el modelo por excelencia del “cuidado de la creación” y de una “ecología integral”.
El título mismo de la encíclica proviene del Cántico de las criaturas, que llevó al Poverello de Asís a reconocer que Dios es Padre de todo lo creado. Así reza una de sus estrofas:
Alabado seas, mi Señor,en todas tus criaturas,especialmente en el Señor hermano sol,por quien nos das el día y nos iluminas.
Por tanto, es el Señor quien es alabado en todas sus criaturas, y no las criaturas mismas dotadas de rasgos personalistas que no poseen. Tras algún desastre natural, el papa Francisco llegó a afirmar en televisión que la tierra “pataleaba”. Nada que ver, obviamente, entre San Francisco de Asís alabando a su Señor y todo un Sumo Pontífice de la Iglesia Católica promoviendo el ecologismo y el “cuidado de la casa común”, concepto totalmente ajeno a la tradición eclesial, que ha hablado siempre, como San Francisco, de la “creación” y las “criaturas” de Dios.
El 4 de octubre de 2023 el papa Francisco publicó la segunda parte de Laudato Si, Laudate Deum. En esta exhortación, el pontífice consideraba que la ecología integral y la problemática medioambiental son un verdadero “problema social global” relacionado con la dignidad de la vida humana. Consideraba firmemente que el presunto cambio climático de origen antrópico es “uno de los principales desafíos a los que se enfrenta la comunidad mundial”.
2.-El diálogo con el Islam
La misma palabra de “diálogo”, talismán de la iglesia sinodal para introducir el relativismo y la duda en la fe católica ya es muy peligrosa per se. Pero en la cuestión del diálogo con el Islam, el papa argentino nos engañó vendiéndonos que su viaje a Emiratos Árabes en 2019 para reunirse con el gran imán de Al Azhar era análogo a la visita de San Francisco de Asís al sultán de Egipto para dialogar con él.
Veamos. San Francisco de Asís tuvo desde el principio de su fundación de una orden de hermanos mendicantes como una de sus prioridades la predicación a los infieles (esto es, a los musulmanes) para su conversión. No solamente a los paganos, sino también a los musulmanes. En el capítulo de 1219 se decidió enviar a algunos frailes a tierras infieles del norte de África. Francisco, por su parte, había partido hacia Oriente. Es una historia muy bien documentada. Durante largos meses, Francisco permaneció entre los cruzados, donde su apostolado tuvo al principio resultados maravillosos. Se le consideraba inspirado por Dios. En el campamento, se propuso nada menos que ir a visitar a los propios infieles. La mayoría de los guerreros estallaron en carcajadas: hablar de caridad y fraternidad a esos moros, que acababan de anunciar que, por cada cabeza de cristiano cortada, el afortunado vencedor recibiría un besante de oro, era una locura y una provocación. El autoritario cardenal Pèlage, que acababa de llegar con los refuerzos, no ocultó a Francisco que esa era también su opinión. No se atrevió a prohibirle la empresa, sabiendo que gozaba de buena reputación en Roma, pero rechazó abiertamente cualquier responsabilidad.
El poverello de Asís se llevó consigo a otro fraile y se dirigió hacia las líneas enemigas entonando los versículos del Salmo XXII: «Aunque atraviese un valle de tinieblas, no temeré ningún mal, porque Tú vas conmigo». Por supuesto, en cuanto vieron a los dos frailes, los musulmanes se abalanzaron sobre ellos, asestándoles fuertes golpes. «¡Sultán! ¡Sultán!», gritaba Francisco con todas sus fuerzas. Los guardias creyeron que se trataba de emisarios y, debidamente encadenados, los llevaron a su campamento. Ante lo cual, al ser interrogado, el buen santo respondió con toda sencillez que quería ver al sultán para explicarle la doctrina de Cristo.
Curioso y algo escéptico, al sultán de Egipto no le desagradaba discutir con un erudito cristiano sobre los méritos comparados del Corán y el Evangelio. Por lo tanto, ordenó que le presentaran a esos enviados inesperados. Para demostrar al sultán la deslumbrante superioridad de su Dios, Francisco propuso someterse a una prueba: «¡Que enciendan una gran hoguera! Los tres sacerdotes y yo entraremos en ella, y, por lo que suceda, te darás cuenta por ti mismo de cuál de las dos religiones es la más santa, la más verdadera». Al sultán le costó mucho convencerlo de que, como jefe de los creyentes del Islam, le resultaba difícil bautizarse, y lo hizo acompañar de vuelta al campamento de los cruzados con el mayor de los respetos.
Así fue el diálogo de San Francisco de Asís con el Sultán de Egipto. El papa Bergoglio, Francisco I, en cambio, firmó un “documento sobre la fraternidad humana, por la paz mundial y la convivencia común”, que comenzaba diciendo: “En el nombre de Dios que ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos, para poblar la tierra y difundir en ella los valores del bien, la caridad y la paz (…)”.
La primera pregunta que surge es ¿a qué Dios se están refiriendo? ¿Están diciendo que el Dios de los católicos y el de los musulmanes es el mismo, un dios de toda la especie humana?
El suceso y la mentira ya fueron destapadas en su momento; pero no está de más recordarlo, para quien pudiera no haberse enterado o lo haya olvidado. Más que nada porque el “diálogo” en la manera en que Francisco y León lo predican y lo ejercen no tiene nada que ver con la manera en cómo el catolicismo ha tolerado otras falsas religiones históricamente.
3.-La encíclica Fratelli Tutti
Esta encíclica fue el resultado en 2020 de la citada reunión del año anterior entre el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar, y vio la luz el 3 de octubre de 2020, en la víspera de la memoria de San Francisco de Asís. Una de las varias muestras del malvado sentido del humor bergogliano, a costa de la Iglesia. La encíclica apareció titulada en italiano y no en latín, tal como ordenaba la norma de la Iglesia (hasta que León XIV lo cambió).
El papa confirmó que la encíclica estaba inspirada por el encuentro de febrero de 2019 con el Gran Imán Ahmad al-Tayyed en Abu Dhabi, y también inspirada en San Francisco de Asís, así como en numerosos líderes no católicos, entre otros, Martin Luther King, Desmond Tutu y Mahatma Gandhi.
En Fratelli Tutti, conocida en diversos círculos católicos como tutti frutti, básicamente, el papa propone un mundo ideal de fraternidad relativista y panteísta donde todas las religiones y creencias están al mismo nivel, donde todos los países pueden formar parte de una “familia humana más amplia”.
Basta ver qué dijeron de ella desde la logia del Gran Oriente en España para comprender lo que transmite esta encíclica tan apegada al espíritu del concilio y sus frutos sinodales: “Hace ahora 300 años se produjo el nacimiento de la Masonería Moderna. El gran principio de esta escuela iniciática no ha cambiado en tres siglos: la construcción de una fraternidad universal donde todos los seres humanos se llamen hermanos unos a otros más allá de sus credos concretos, de sus ideologías, del color de su piel, etc. Este sueño fraternal chocó con el integrismo religioso que, en el caso de la Iglesia Católica, propició durísimos textos de condena a la tolerancia de la Masonería en el siglo XIX. La última encíclica del Papa Francisco demuestra lo lejos que está la actual Iglesia de sus antiguas posiciones. En “Fratelli Tutti”, el papa abraza la fraternidad universal, el gran principio de la masonería moderna”.
De nuevo, la única inspiración de San Francisco de Asís parece ser el título, basado en una manipulación: «Fratelli tutti» («Hermanos todos») es la frase que usaba san Francisco de Asís para dirigirse a sus hermanos y hermanas y proponerles una vida basada en el Evangelio. Está tomado de sus Admoniciones (en concreto, Admoniciones, 6, 1: FF 155). San Francisco de Asís estaba hablando a sus hermanos franciscanos, y por eso decía “Fratelli tutti”: «Contemplemos, hermanos todos, al buen Pastor, que sufrió la pasión de la cruz para salvar a sus ovejas. Las ovejas del Señor le siguieron en la tribulación y en la persecución y en la humillación, en el hambre y en la sed, en la debilidad y en la tentación, y en todo lo demás»
Es obvio que San Francisco de Asís no se refería a ninguna supuesta fraternidad universal.
A veces uno se pregunta cómo hemos podido soportar el pontificado de Francisco, tan anticatólico como fue. Tal vez fue por la sorpresa e incredulidad ante tal atrevimiento, tal desobediencia a Dios, tal desprecio a la Iglesia. Los no católicos y los anti-católicos lo vieron enseguida mucho más claro que nosotros, y le aplaudieron, hasta que se cansaron y le ignoraron. Basta recurrir a las citadas palabras desde la logia del Gran Oriente ante la publicación de Fratelli Tutti: “La última encíclica del Papa Francisco demuestra lo lejos que está la actual Iglesia de sus antiguas posiciones”.
En realidad, no es la Iglesia Católica la que está lejos de sus antiguas posiciones; es la iglesia sinodal que pretenden implantar la que trata con todas sus fuerzas de hacer tabula rasa y acabar con la Iglesia de Cristo, borrando todo lo que durante dos mil años la Iglesia creyó, rezó y predicó.