El cardenal Goh advierte que «las doctrinas esenciales de la fe» no deben confundirse con «las prácticas culturales»

El cardenal Goh advierte que «las doctrinas esenciales de la fe» no deben confundirse con «las prácticas culturales»

El cardenal William Goh, arzobispo de Singapur, ha pedido a los católicos que distingan entre la Sagrada Tradición de la Iglesia y las costumbres, disciplinas y devociones desarrolladas en diferentes culturas, y ha advertido de que algunos terminan tratando estas últimas como «la norma absoluta» de cómo deben vivirse la fe y la vida cristiana.

En su homilía de este martes 25 de agosto, titulada Stand Firm by Keeping the Tradition and Traditions («Permanecer firmes conservando la Tradición y las tradiciones»), el purpurado partió de la exhortación de san Pablo a los tesalonicenses: «Manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta». Goh explicó que esa transmisión se refiere ante todo a las verdades fundamentales de la fe recibidas de los Apóstoles.

Lo que «no puede ser objeto de compromiso»

El cardenal recordó las palabras de san Pablo a los corintios sobre aquello que había recibido y transmitido «como de primera importancia»: que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, fue sepultado y resucitó al tercer día.

Goh señaló asimismo la institución de la Eucaristía como otro ejemplo de esta transmisión apostólica, citando el relato de la Última Cena y el mandato de Cristo: «Haced esto en memoria mía».

Entre los elementos fundamentales de la Iglesia mencionó también el Credo, los sacramentos, las instituciones de la Iglesia, la infalibilidad papal y el Orden sagrado.

«Estas cosas no pueden ser objeto de compromiso, porque definen cómo se entiende la Iglesia a sí misma», afirmó.

Frente a ellas, Goh situó otras «tradiciones menores que no son estrictamente esenciales para la fe de la Iglesia», surgidas a lo largo de la historia y susceptibles de adoptar formas distintas según las circunstancias.

Tradiciones que dependen de la cultura y el contexto

Entre estas prácticas, el arzobispo de Singapur mencionó la penitencia de los viernes, la abstinencia de carne, determinadas fiestas eclesiales, celebraciones de santos y expresiones de piedad popular.

El cardenal no rechazó estas costumbres, sino que subrayó que pueden ayudar a los fieles a vivir concretamente su fe sin poseer por ello el mismo rango que aquello recibido de los Apóstoles.

«No todas estas tradiciones tienen que ser observadas por todos, ya que dependen de la cultura, el contexto, la devoción y la relevancia», explicó.

La distinción señalada por Goh está recogida también en el Catecismo de la Iglesia Católica, que en su número 83 diferencia la Tradición apostólica de las «tradiciones teológicas, disciplinares, litúrgicas o devocionales» nacidas posteriormente en las Iglesias locales. Estas últimas, precisa el Catecismo, pueden ser «mantenidas, modificadas o también abandonadas bajo la guía del Magisterio de la Iglesia».

«Intentan imponer estas tradiciones culturales y personales»

Goh advirtió de las consecuencias de equiparar ambos tipos de tradición.

«Desgraciadamente, algunos no distinguen entre Tradición y tradiciones, considerando estas últimas tan importantes como la primera», señaló.

Según el cardenal, esa confusión lleva a no diferenciar «entre las doctrinas esenciales de la fe y las prácticas culturales desarrolladas en distintas sociedades».

En algunos casos, añadió, se da un paso más y se intenta «imponer estas tradiciones culturales y personales a los demás, tratándolas como la norma absoluta» para determinar cómo deben vivirse la fe y la vida cristiana.

Goh puso como ejemplo las devociones populares relacionadas con determinados santos o con apariciones marianas y cristológicas.

El arzobispo mencionó expresamente Filipinas e Hispanoamérica, donde la religiosidad católica ha incorporado expresiones propias de las culturas locales, y recordó que también existen tradiciones de este tipo en los países europeos de antigua tradición católica.

Lejos de negar su valor, Goh reconoció que estas formas de religiosidad ayudan a encarnar la fe en una determinada sociedad. Su advertencia se dirigió a convertirlas en modelos obligatorios fuera del contexto en el que surgieron.

«Aunque esa religiosidad popular ayuda a concretar localmente la fe, no se debería intentar exportar o imponer esas devociones a otro país», afirmó.

«Justicia, misericordia y fidelidad»

El cardenal relacionó esta distinción con el Evangelio del día, en el que Cristo recrimina a los escribas y fariseos que paguen escrupulosamente el diezmo de «la menta, el eneldo y el comino» mientras descuidan «lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad».

Goh explicó que la Ley mosaica había sido dada para ordenar la vida del pueblo de Israel, regular el culto y orientar su relación con Dios y con los demás. Posteriormente se desarrollaron disposiciones secundarias destinadas a aplicar sus principios a situaciones concretas.

El problema, según el cardenal, aparece cuando estas reglas terminan recibiendo la misma importancia que los fines para los que fueron establecidas.

«En último término, todas las leyes existen para guiar nuestra relación con Dios y con nuestros semejantes, ayudándonos a vivir justamente y, más allá de la justicia, con misericordia y compasión hacia los pobres, los que sufren y los débiles», señaló.

Ayuno, abstinencia y observancia exterior

Goh aplicó el mismo principio a las prácticas externas de la vida religiosa, partiendo de las palabras de Cristo contra quienes limpian el exterior de la copa mientras dejan impuro su interior.

«La observancia externa de prácticas culturales e higiénicas es buena cuando sirve como expresión del corazón interior, pero no siempre sucede así», afirmó.

El cardenal mencionó expresamente la penitencia de los viernes, la abstinencia, el ayuno y el ayuno eucarístico de una hora. Advirtió de que estas disciplinas pueden perder su finalidad cuando la atención del fiel queda reducida al cumplimiento exterior.

«Algunos se obsesionan con el número de días u horas necesarios para que una devoción sea “válida”, actuando como si Dios estuviera preocupado principalmente por las cosas externas», explicó.

«Lo que más importa a Dios es el interior de nuestros corazones: nuestra sinceridad, nuestra devoción y nuestro amor por Él», añadió.

«Seamos fieles a la Sagrada Tradición de la Iglesia»

El arzobispo de Singapur concluyó su homilía volviendo a la distinción entre el depósito de la fe transmitido desde los Apóstoles y las distintas formas en las que la Iglesia lo ha expresado y vivido a lo largo de los siglos.

«Seamos fieles a la Sagrada Tradición de la Iglesia —el depósito de la fe transmitido desde el tiempo de los Apóstoles— y apreciemos las tradiciones que la Iglesia ha desarrollado a lo largo de los siglos para hacer concreta y real la fe en nuestras vidas», afirmó.

Goh insistió así en conservar ambas realidades en su debido orden: la Tradición apostólica como fundamento que no puede ser objeto de compromiso y las tradiciones eclesiales y devocionales como formas que pueden ayudar a vivir esa fe en circunstancias culturales determinadas.

El cardenal terminó dirigiendo la atención hacia Jesucristo y hacia Dios Padre, pidiendo que aquello recibido por los cristianos los fortalezca «en todo lo bueno que hacemos o decimos».

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