Scola advierte del riesgo de convertir la sinodalidad en un «parlamento»: «La fuente es la comunión»

Scola advierte del riesgo de convertir la sinodalidad en un «parlamento»: «La fuente es la comunión»

El cardenal Angelo Scola, arzobispo emérito de Milán y antiguo patriarca de Venecia, ha advertido del riesgo de que la sinodalidad termine convertida en una dinámica parlamentaria si se separa de la comunión eclesial que debe sostenerla. El purpurado italiano defendió la utilidad del método sinodal, pero subrayó que este no constituye por sí mismo el fundamento de la vida de la Iglesia: «La fuente de la sinodalidad es la comunión».

Scola realizó estas consideraciones en una entrevista concedida a monseñor Willy Volonté, rector del Colegio Diocesano de Breganzona, publicada con motivo del lanzamiento de una edición de Communio para la Suiza italiana. La revista teológica internacional fue fundada en 1972 por Hans Urs von Balthasar, Henri de Lubac y Joseph Ratzinger, y la nueva edición será presentada el próximo 23 de agosto en el Meeting de Rímini.

El riesgo de una sinodalidad parlamentaria

Preguntado expresamente por el peligro de que la sinodalidad se transforme en un proceso parlamentario en lugar de ser expresión de la comunión de la Iglesia, Scola reconoció que ese riesgo existe.

«Es correcto», respondió el cardenal. Sin embargo, descartó que la solución consista en abandonar el método sinodal. «La sinodalidad es un método que abarca todas las posibilidades que puede expresar. Este aspecto no debe eliminarse, sino presentarse de manera que encuentre una propuesta fascinante y sustancial», explicó.

El antiguo arzobispo de Milán situó así la cuestión no tanto en los mecanismos de participación como en el principio del que estos deben proceder.

«Hoy en la Iglesia se habla mucho —y con razón— de sinodalidad, entendida como método, como camino», afirmó. Pero inmediatamente introdujo la distinción que vertebra su reflexión: «La fuente de la sinodalidad es la comunión: la comunión vivida es el agua de manantial que el método sinodal debe canalizar para que resulte fecundo en la construcción de una Iglesia de comunión».

La advertencia de Scola llega cuando el proceso iniciado con el Sínodo sobre la Sinodalidad ha entrado en su fase de aplicación en las diócesis y continuará durante los próximos años.

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El método no puede sustituir a la comunión

Scola insistió en que el elemento sinodal debe encontrar un espacio creciente en la vida de la Iglesia, pero siempre subordinado a la realidad eclesial que pretende expresar.

«Es importante que el elemento sinodal sea cada vez más destacado en la Iglesia, para que el intento de dar forma a la acción comunitaria se convierta en una manera verdaderamente eficaz de realizar la vida cristiana», señaló.

La distinción resulta central en sus declaraciones: la sinodalidad aparece como un método o camino, mientras que la comunión constituye la realidad previa que le proporciona sentido. De esta forma, la multiplicación de consultas, reuniones o mecanismos participativos no garantizaría por sí sola una mayor comunión eclesial.

La cuestión ha cobrado especial relevancia a medida que las diócesis comienzan a trasladar a la práctica las conclusiones del proceso sinodal. Hace apenas unos días, el obispo de Oslo, Fredrik Hansen, establecía una distinción semejante al anunciar el primer sínodo diocesano de su Iglesia particular: «Un sínodo diocesano no es una asamblea democrática», afirmó, al tiempo que excluyó de cualquier votación las cuestiones relativas a la doctrina, la fe y la moral.

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Scola reclama una vida cristiana más creativa

El cardenal abordó también los obstáculos que, a su juicio, dificultan actualmente una vivencia más plena de la fe. Entre ellos señaló una concepción de la vida cristiana que, pese a mantener propuestas generosas, puede terminar siendo «pasiva» y «poco creativa».

Scola considera necesario recuperar la capacidad de desarrollar la creatividad que nace de la propia experiencia cristiana y superar determinados intentos que calificó de poco eficaces para sostener el proyecto cristiano.

En ese contexto sitúa también la misión de la nueva edición de Communio. Preguntado por la contribución que la revista puede realizar a una auténtica experiencia de comunión, respondió de manera tajante: «En la medida de lo posible, debe hacerlo. Porque si no lo hace, no tiene futuro».

La experiencia de Communio junto a Ratzinger, Balthasar y de Lubac

La entrevista permitió asimismo a Scola recordar sus primeros años en torno a Communio y su relación con los grandes teólogos que impulsaron la publicación.

«No éramos nada comparados con de Lubac, Balthasar y Ratzinger», reconoció el cardenal al recordar el «gran respeto» que los jóvenes colaboradores italianos sentían por los tres fundadores.

Según Scola, aquella experiencia no nació simplemente de un proyecto editorial o académico, sino de relaciones personales y de un fuerte deseo de comunicar una determinada reflexión sobre la Iglesia. Los jóvenes italianos, explicó, tenían «capacidad de adhesión» y la voluntad de sacar a la luz ideas que, de otro modo, podían no llegar al público.

Desde sus primeras ediciones alemana e italiana, Communio fue extendiéndose posteriormente a otros países. La nueva edición para la Suiza italiana, publicada con Edizioni Cantagalli, contará con un consejo editorial integrado por teólogos y académicos del ámbito católico de lengua italiana.

Al recordar aquella experiencia, Scola volvió sobre la misma cuestión que atraviesa sus reflexiones acerca de la sinodalidad. Ante la pregunta de si la comunión se alcanza mediante la unidad o mediante la diversidad, rechazó quedarse únicamente en las diferencias y pidió dirigir la atención hacia ese «más» que puede ofrecer la communio.

Para el cardenal, la experiencia de la revista constituye precisamente un ejemplo de esa búsqueda: una diversidad de voces que no convierte la Iglesia en un parlamento de posiciones enfrentadas, sino que encuentra su punto de partida y su finalidad en la comunión.

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