«Haréis odiosa a la Iglesia»: el día en que el abad del Valle de los Caídos atacó al Opus Dei

«Haréis odiosa a la Iglesia»: el día en que el abad del Valle de los Caídos atacó al Opus Dei

Una nota de la Dirección General de Seguridad al ministro de la Gobernación y un boletín confidencial de Exteriores, que InfoVaticana publica hoy por primera vez, reconstruyen las cuarenta y ocho horas de noviembre de 1965 en que fray Justo Pérez de Urbel, padre del Valle de los Caídos, dijo en voz alta lo que la Falange murmuraba del Opus Dei, y la maquinaria del Estado corrió a sofocar el incendio.

El 4 de noviembre de 1965, con el Concilio Vaticano II en su recta final, el Servicio de Información de la Dirección General de Seguridad registró la nota número 8372, dirigida al ministro de la Gobernación, Camilo Alonso Vega. El asunto, mecanografiado en mayúsculas: «Declaraciones de Fray Justo Pérez de Urbel». El texto es breve y urgente: «se sabe que la prensa extranjera de hoy está recibiendo de sus corresponsales la noticia» de que el diario Información de Alicante ha publicado ese mismo día unas declaraciones del abad del Valle de los Caídos «atacando vivamente al Opus Dei». La DGS adjunta los teletipos de France Presse y promete remitir el periódico «en cuanto se reciba». El detalle no es menor: el Estado se enteró de lo que publicaba un diario alicantino a través de París.

Ninguno de los dos documentos consta citado hasta hoy en la bibliografía sobre el Valle de los Caídos ni en las historias del Opus Dei: InfoVaticana los publica por primera vez.

Los cables adjuntos recogen la sustancia del ataque. «Roma ha advertido al Opus Dei: si no os limitáis a ser un instituto religioso haréis odiosa a la Iglesia», afirma el abad según France Presse. Y sigue: «El Opus Dei intenta ocupar los puestos importantes y trata de inculcar en ellos el espíritu de Cristo. Pero, al actuar así, esta organización no puede evitar hacer política». El abad remata: «Aun cuando revestidos de los ideales del Opus Dei, jamás podrán ser completamente puros ni conseguir la aprobación unánime de la Nación. En caso de fracaso —como recientemente ha ocurrido en los problemas de la Agricultura—, es mucho peor, pues la gente cree que esta Organización no tiende más que hacia los objetivos temporales».

Quien hablaba no era un clérigo cualquiera. Fray Justo Pérez de Urbel, benedictino de Silos, medievalista, consejero nacional del Movimiento y procurador en Cortes, era desde 1958 el primer abad mitrado de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Y era, además, un viejo conocido de la Obra: los propios relatos oficiales del Opus Dei recuerdan que en 1942 visitó a Escrivá en el centro de Diego de León y que fue el encargado de enseñar Liturgia a los tres primeros fieles de la Obra ordenados sacerdotes, entre ellos Álvaro del Portillo. El ataque venía de dentro de la familia.

France Presse midió al instante el alcance político: las declaraciones habían causado «cierta sensación en los medios gubernamentales de Madrid» y corrían «el riesgo de reanimar la hostilidad latente entre Ministros falangistas y Ministros miembros del Opus Dei». Y consignaba el dato que más dolía en el Consejo: la decisión de publicar procedía del director del diario, «sin consultar con el Ministro de Información de Madrid», donde el incidente había provocado «cierta consternación». La lectura estructural es inevitable. Información no era un periódico cualquiera, sino cabecera de la Cadena de Prensa del Movimiento, dirigida entonces por Timoteo Esteban Vega, periodista de carrera en la casa: un diario de la Falange disparó contra el Opus puenteando al ministerio de Fraga.

El segundo documento lleva fecha del 6 de noviembre y sello de «Confidencial». Es un boletín de la Oficina de Información Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores que recoge el despacho de la agencia Relignews firmado por el corresponsal del Daily Telegraph en Madrid. Para entonces fray Justo ya se había desdicho: «Mis palabras no han tenido la intención que el periódico las ha dado», y «yo siempre he tenido gran afecto hacia el fundador del Opus Dei». El boletín, sin embargo, registra antes un dato demoledor para la rectificación: el director del diario no solo había publicado las declaraciones, sino que «además las tiene registradas en cinta magnetofónica».

Sigue la joya del expediente. El analista anónimo de Exteriores, entrecomillando él mismo la palabra, anota: «Hay, no obstante, una ligera punzada en la consiguiente «rectificación» del padre Justo», cuando el abad añade que los miembros del Opus Dei y de la Acción Católica «no se equivocan en nada excepto en sus actividades civiles». Es decir: se retractó de todo menos de la tesis.

El boletín remata con dos apuntes de Estado. Primero: no se espera la renuncia del abad, «pues tiene simpatías hacia la Falange y a favor del Régimen, y la política general del Gobierno es no correr el riesgo de fricción entre las varias corrientes de opinión dentro de la Iglesia». Segundo: «en círculos allegados al Opus Dei se niega que se haya recibido ninguna «amonestación» del Vaticano», frente a la versión atribuida al abad: «Roma ha amonestado al Opus Dei, diciendo: si ustedes no se conforman con ser una organización religiosa y nada más que eso, ustedes harán a la Iglesia odiosa».

Los documentos no resuelven si la advertencia romana existió; consignan la atribución y el desmentido. Lo que sí era materia viva en Roma por aquellas fechas era la incomodidad de la Obra con su piel de instituto secular: las gestiones de 1962 para cambiar de estatuto habían sido desestimadas, y la cuestión no se cerraría hasta la prelatura personal de 1982.

La segunda oleada de France Presse recogió la defensa institucional de siempre: los argumentos del abad son «los habituales de los enemigos del Opus Dei»; la Obra insiste «sobre el carácter únicamente religioso de sus actividades»; y si algunos de sus miembros ocupan puestos importantes, «es debido al gran número de sus adheridos y al nivel elevado de su capacidad intelectual».

Fray Justo renunció a la abadía en septiembre de 1966, oficialmente por motivos de salud. Alonso Vega, el ministro que recibió la nota, había asistido siete años antes a su bendición abacial. El expediente quedó archivado. La cinta magnetofónica, que se sepa, nunca apareció.

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