Más de 2.300 peregrinos han recorrido este fin de semana los cien kilómetros que separan Rawson de la Basílica de Nuestra Señora de Luján en la XVII Peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad, la gran marcha penitencial del catolicismo tradicional argentino inspirada en Chartres. Tres días de misa tradicional, rosario, confesiones y adoración bajo el lema «He ahí a tu madre» (Jn 19, 27), y un nuevo récord de participación que confirma el crecimiento imparable de las peregrinaciones tradicionales en todo el mundo.
La columna partió en la mañana del viernes 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Virgen, desde la iglesia de la Inmaculada Concepción de Rawson, en plena pampa bonaerense. Los peregrinos habían comenzado a llegar al pueblo desde la víspera y durante la madrugada, y a las 8:30 la marcha se puso en camino hacia el santuario de la patrona de Argentina, organizada en capítulos, con la Santa Misa celebrada cada día en la forma tradicional del rito romano en altares de campaña, el rezo del rosario, la adoración nocturna al Santísimo y sacerdotes escuchando confesiones a lo largo de todo el recorrido. La organización procura garantizar un sacerdote por cada cien peregrinos, «porque no puede faltar la confesión: es fundamental para que haya realmente una conversión», como explicaba a Infocatólica Nicolás Stier, uno de los fundadores de la marcha.
«He ahí a tu madre»
El lema de esta decimoséptima edición remite a las palabras de Cristo en la Cruz al confiar su Madre al discípulo amado. Los organizadores quisieron que los tres días de camino profundizaran en la maternidad espiritual de María, presentada como guía y consuelo de los peregrinos desde la Encarnación hasta el Calvario. Como cada año, cientos de peregrinos aprovecharon la marcha para hacer o renovar la consagración al Corazón Inmaculado de María según san Luis María Grignion de Montfort y recibir la imposición del escapulario.
El perfil de los caminantes vuelve a desmentir a quienes presentan la liturgia tradicional como cosa de nostálgicos: la mayoría de los peregrinos tiene entre 18 y 30 años, y los capítulos de familia —que caminan la mitad de las etapas con niños pequeños y cochecitos— se han consolidado como el semillero de la peregrinación. El último día, como es habitual, la columna se engrosó con familiares y amigos llegados para la recta final hasta la basílica.
De cuatro peregrinos a más de 2.300
Las cifras de esta edición confirman una progresión sostenida que ya es historia del catolicismo hispanoamericano. La aventura comenzó en 2010, cuando cuatro amigos —contagiados por la experiencia de Chartres— se pusieron en camino y llegaron a Luján siendo apenas dieciocho. De ahí se pasó a 50, a 100, a 200; en 2023 fueron 1.600 los inscritos; en 2024 se rozaron los 2.000, ya con capítulos llegados de México; en 2025 partieron de Rawson más de 2.200 peregrinos, y este año la salida superó los 2.300, un centenar más que en la edición anterior. «Siempre crecemos. Poco y despacio, pero crecemos. Al menos, un cinco o un diez por ciento por año», resume Stier, que atribuye el fenómeno a una sola causa: «Este crecimiento se explica por los frutos que genera en las almas. Si no, no tiene explicación. «Por los frutos los conoceréis»».
Sin misa en la basílica, un año más
La peregrinación culminó este domingo 17 ante el santuario nacional de Luján con la adoración al Santísimo Sacramento y el rezo del rosario. Un año más, sin embargo, la misa de clausura no pudo celebrarse dentro de la basílica: la prohibición decretada por el obispo de Mercedes-Luján tras Traditionis custodes sigue vigente, y la misa final hubo de rezarse fuera del templo antes del último tramo a pie hasta el santuario.
«Pareciera que hay lugar para «todos, todos, todos», pero no para la misa tradicional», lamentaba Stier en vísperas de la partida, en una entrevista de Javier Navascués publicada en InfoCatólica. El fundador de la peregrinación aseguraba que el combate por la liberación de la liturgia tradicional «es, ante todo, espiritual»: «Rezamos para que Dios ilumine los corazones de quienes están hoy al frente de la Iglesia. Pedimos que se den cuenta o, al menos, acepten que queremos vivir la liturgia tradicional en todo su esplendor, como se vivió siempre».
Lejos de frenar la convocatoria, las restricciones parecen haberla fortalecido. «Los jóvenes buscan esto. Lo descubrieron y es algo que no va a parar», decía Stier en la misma entrevista, parafraseando al arzobispo Cordileone. «A pesar de todos los esfuerzos del modernismo para enterrar la liturgia tradicional, está más viva que nunca y vuelve con más fervor y frutos de santidad en las almas».
De Chartres a Covadonga: una cristiandad que camina
Luján no camina sola. La marcha argentina es la hija mayor americana de la peregrinación de Pentecostés de París a Chartres, organizada por Notre-Dame de Chrétienté desde 1983, que en su última edición volvió a rozar los 20.000 inscritos y a colgar el cartel de completo. Y el modelo no deja de multiplicarse: hace apenas tres semanas, la VI Peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad-España llevó de Oviedo a Covadonga a 1.700 peregrinos —doscientos más que el año pasado, nuevo récord—, con 52 sacerdotes, 21 seminaristas y cuarenta capítulos, once de ellos extranjeros, bajo el lema «Por la fe conquistaron reinos».
Entre ambas orillas la colaboración es ya estrecha y fraterna: los organizadores argentinos y españoles comparten experiencia y gestiones, este verano caminaron peregrinos argentinos en Covadonga, un capítulo argentino llevó su pendón nacional por los caminos de la peregrinación italiana, y hay voluntarios argentinos colaborando incluso con la marcha inglesa. A la red se van sumando iniciativas en Reino Unido, Portugal e Italia, mientras germinan proyectos en México, Ecuador y Paraguay. «Es muy esperanzador ver cómo somos cada vez más peregrinaciones tradicionales», celebra Stier, para quien esta floración simultánea de marchas bajo distintas advocaciones marianas —Chartres, Covadonga, Luján— expresa una misma realidad: «Nuestra Señora es la misma persona que se apareció en cada país bajo una distinta advocación. Es la misma Iglesia encarnada en la sociedad y la realidad de cada lugar».
Este año acompañaron a los peregrinos argentinos, entre otros, el padre Augustin-Marie Aubry, prior de la Fraternidad San Vicente Ferrer (Chémeré, Francia), y el padre Antonius Mamsery, superior de los Misioneros de la Santa Cruz de Tanzania, señal del alcance ya universal de la convocatoria.
Los peregrinos de Luján ya tienen una intención concreta para el año que viene: volver a celebrar la misa de clausura dentro de la basílica, y que León XIV devuelva a la Misa tradicional la libertad que le arrebató Traditionis custodes.