Los nuevos consultores de Vida Consagrada: continuidad sinodal, canonistas y expertos en abusos

Los nuevos consultores de Vida Consagrada: continuidad sinodal, canonistas y expertos en abusos

El Santo Padre ha nombrado esta semana un grupo de nuevos consultores del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Quince religiosos y especialistas de perfiles muy distintos: canonistas, superiores mayores, psicólogos, académicos y responsables de formación. La lista, como suele ocurrir en Roma, dice bastante más cuando se mira quiénes son los elegidos que cuando se limita uno a reproducir sus cargos.

Entre los nombrados figuran Su Excelencia Monseñor Alfonso Vincenzo Amarante, C.SS.R., rector de la Pontificia Universidad Lateranense de Roma; el salesiano Kevin Otieno Mwandha, vicerrector de la Universidad Pontificia Salesiana; el benedictino Ignasi M. Fossas i Colet, abad presidente de la Congregación Sublacense-Casinense; los jesuitas Damián Guillermo Astigueta y Flavien Zolabi Mambueni; el claretiano Maurizio Bevilacqua; el dominico Benjamin James Earl; los hermanos maristas Antoine Kazindu y Emili Turú Rofes; las superioras generales Chiara Lorenzato y Maria Nirmalini; y las religiosas María Rosaura González Casas, Mary Lembo, Patricia Murray y Maria do Disterro Rocha Santos.

No parece una lista improvisada. Hay líneas bastante reconocibles.

Canonistas y hombres de gobierno

Uno de los perfiles más sólidos es el del dominico Benjamin James Earl, antiguo procurador general de la Orden de Predicadores ante la Santa Sede y actualmente coordinador de la revisión de las Constituciones de las monjas dominicas.

Su incorporación tiene bastante lógica. Earl conoce el Derecho propio de las órdenes religiosas, los procedimientos romanos y el tipo de problemas que acaban sobre la mesa del dicasterio cuando una comunidad entra en crisis. No aparece, además, como un personaje particularmente dado a las batallas ideológicas de los últimos años. Su perfil es más de canonista que de activista eclesial.

También jurídico es el del jesuita argentino Damián Guillermo Astigueta, decano de Derecho Canónico de la Universidad Gregoriana y especialista en Derecho penal, abusos y ejercicio de la autoridad.

Y en el terreno del gobierno efectivo aparece Ignasi M. Fossas, monje de Montserrat y abad presidente de la Congregación Sublacense-Casinense.

InfoVaticana ya informó en julio de 2025 de su intervención en varios monasterios benedictinos de Flandes, incluida la suspensión temporal de la vida comunitaria en la abadía de Keizersberg y la apertura de una visita canónica. Fossas no llega, por tanto, solo con títulos académicos, sino con experiencia en decisiones poco cómodas.

Hay además un detalle que no es menor. Al hablar de sinodalidad en el ámbito benedictino, Fossas ha recordado que un monasterio no es una democracia parlamentaria y que la escucha comunitaria no elimina la autoridad del abad. En tiempos en los que el término «sinodalidad» sirve casi para todo, la precisión se agradece.

Psicología, abusos y nuevas categorías de autoridad

Otra de las líneas más claras de la lista es la presencia de especialistas en abusos, vulnerabilidad y relaciones de poder.

La religiosa mexicana María Rosaura González Casas, subdirectora del Instituto de Psicología de la Gregoriana, lleva años trabajando sobre abuso espiritual, abuso sexual, vulnerabilidad y ejercicio de la autoridad en la vida religiosa femenina.

En noviembre de 2025 participó en un seminario de la Unión Internacional de Superioras Generales y de la Unión de Superiores Generales sobre el abuso de mujeres adultas y el denominado «falso misticismo», uno de esos conceptos que han ido ganando terreno en los últimos años para describir situaciones en las que el lenguaje espiritual se utiliza como instrumento de manipulación.

También entra en el dicasterio Mary Lembo, religiosa togolesa que ha investigado específicamente los abusos sexuales cometidos por sacerdotes contra religiosas africanas.

Y junto a ellas aparece Astigueta, canonista especializado en delitos y abusos.

La señal es bastante clara: Roma quiere seguir prestando mucha atención a los abusos dentro de la vida consagrada, no solo a los delitos sexuales contra menores, sino también a las relaciones de dependencia, conciencia y autoridad entre adultos.

El problema estará en el equilibrio. La vida religiosa necesita mecanismos eficaces para perseguir abusos reales, pero necesita también conservar palabras que durante siglos fueron perfectamente comprensibles: autoridad, obediencia, disciplina, superior, regla. Si cada conflicto interno termina reinterpretado con categorías terapéuticas, el remedio puede acabar afectando a la naturaleza misma de la vida consagrada.

Patricia Murray, la cuota más claramente sinodal

Si hay un nombre que destaca por su cercanía al universo sinodal del pontificado de Francisco es Patricia Murray.

La religiosa irlandesa fue durante años secretaria de la Unión Internacional de Superioras Generales y una de las figuras más visibles de la vida religiosa femenina en los procesos sinodales.

La propia UISG ha recogido intervenciones suyas en las que habla de «inclusión radical», liderazgo sinodal y mayor presencia de las mujeres en las estructuras eclesiales. También celebró la apertura a las mujeres de los ministerios instituidos de lector, acólito y catequista y expresó su deseo de que las mujeres pudieran predicar con mayor frecuencia.

No hay base para afirmar que Murray haya defendido expresamente el sacerdocio femenino. Pero tampoco hace falta forzar la interpretación: su trayectoria la sitúa con claridad en el sector que durante los últimos años ha impulsado la sinodalidad, el liderazgo femenino y una mayor participación de las mujeres en los organismos de decisión.

Su elección es, probablemente, el signo más evidente de continuidad con una de las prioridades del pontificado anterior.

Emili Turú y la reforma de las estructuras

El español Emili Turú Rofes, antiguo superior general de los Hermanos Maristas, aporta otro tipo de perfil.

Actualmente dirige Faith and Praxis for Global Leadership, una organización dedicada al acompañamiento de congregaciones religiosas en procesos de liderazgo y transformación institucional.

El asunto no es menor. Buena parte de la vida religiosa occidental está envejecida, con pocas vocaciones y con estructuras pensadas para congregaciones mucho más numerosas. Sobran edificios, faltan religiosos y no siempre queda claro quién gobernará dentro de diez o quince años comunidades que hace medio siglo tenían cientos de miembros.

En ese contexto han proliferado los discursos sobre nuevos modelos de liderazgo, redistribución del poder, gobernanza y transformación de estructuras. Turú lleva años trabajando precisamente ahí.

La pregunta es qué se entiende por «transformar». Puede significar adaptar prudentemente una estructura para garantizar la continuidad de un carisma. O puede significar importar al gobierno religioso el lenguaje de consultoras, liderazgo horizontal y teoría organizacional hasta que resulte difícil reconocer la vieja figura del superior religioso. El tiempo dirá qué enfoque pesa más.

Brasil y la vida religiosa de acento social

También ha sido nombrada Maria do Disterro Rocha Santos, presidenta desde 2025 de la Conferencia de Religiosos de Brasil.

Su elección merece atención por la institución que dirige. La CRB forma parte de un ecosistema eclesial brasileño donde tienen mucho peso la sinodalidad, el compromiso social, la defensa de los derechos humanos y la intervención pública de religiosos y religiosas.

En julio de 2026, ya bajo su presidencia, la organización publicó una carta ante el proceso electoral brasileño en la que llamaba a promover el «discernimiento ético y democrático».

Eso no permite atribuir a Rocha Santos posiciones concretas sobre aborto, moral sexual o sacerdocio femenino. Conviene no confundir la orientación general de una institución con las posiciones personales de quien la preside. Pero sí permite ubicar el ambiente eclesial del que procede.

Los perfiles académicos

Otros nombres parecen responder más claramente a necesidades académicas.

Alfonso Vincenzo Amarante, rector de la Lateranense, es teólogo moral y un hombre plenamente integrado en las estructuras universitarias de la Santa Sede. Fue promovido por Francisco y León XIV sigue contando con él.

Maurizio Bevilacqua, director del Claretianum, se dedica específicamente a la teología de la vida consagrada y ha trabajado sobre cuestiones como la evolución de esta forma de vida después del Vaticano II, la sinodalidad o la llamada «conversión ecológica».

Kevin Otieno Mwandha, salesiano keniano y vicerrector de la Universidad Pontificia Salesiana, aporta experiencia académica y formativa.

El jesuita Flavien Zolabi Mambueni, rector del instituto teológico de la Compañía de Jesús en Abiyán, combina formación espiritual y psicología.

Las superioras generales Chiara Lorenzato y Maria Nirmalini aportan experiencia directa de gobierno femenino de congregaciones activas, mientras que el marista ruandés Antoine Kazindu procede fundamentalmente del ámbito de la formación y el acompañamiento.

Por ahora, ninguno de estos últimos destaca por haber protagonizado grandes controversias doctrinales o morales.

Una lista bastante reveladora

Vista en conjunto, la lista tiene más interés del que podría parecer a primera vista.

Hay canonistas y hombres de gobierno con experiencia real, como Earl o Fossas. Hay una presencia notable de especialistas en abusos y psicología. Hay figuras claramente identificadas con la sinodalidad del pontificado de Francisco, como Patricia Murray. Y hay expertos en transformación de estructuras religiosas, un asunto que va a ser cada vez más importante a medida que sigan disminuyendo las vocaciones en Europa y Norteamérica.

No es una lista uniformemente progresista ni una rectificación del rumbo anterior. Más bien parece una combinación de continuidad y pragmatismo.

León XIV tendrá que afrontar un problema que no se resuelve con organigramas. Muchas congregaciones no necesitan únicamente reorganizar sus estructuras; necesitan vocaciones. No necesitan solo nuevas teorías de liderazgo; necesitan religiosos dispuestos a obedecer, rezar, vivir en comunidad y perseverar.

Los nombramientos permiten ver algunas de las herramientas con las que Roma quiere afrontar esa crisis. Falta saber para qué las utilizará.

Y todo ello en un dicasterio que sigue ofreciendo una de esas peculiares fórmulas romanas del pontificado anterior: una religiosa al frente como prefecta y un cardenal como proprefecto, por si acaso.

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