El cardenal Júlio Duarte Langa, obispo emérito de Xai-Xai (Mozambique), falleció este 3 de agosto a los 98 años en el Hospital Central de Maputo, según informó Vatican News. El purpurado fue el segundo cardenal en la historia de la Iglesia en Mozambique y dedicó gran parte de su ministerio episcopal a acompañar a la población durante la guerra civil que marcó al país y en situaciones de epidemias y desastres naturales.
Con su fallecimiento, el Colegio Cardenalicio queda integrado por 240 cardenales, de los cuales 116 son electores y 124 no electores.
Un episcopado marcado por la guerra civil
Nacido el 27 de octubre de 1927 en Mangunze, Júlio Duarte Langa cursó sus estudios eclesiásticos en los seminarios de Magude y Namaacha, pertenecientes entonces a la archidiócesis de Lourenço Marques, hoy Maputo. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1957 y comenzó su ministerio como vicario parroquial y posteriormente párroco en la misión de Malaisse. Más adelante desempeñó responsabilidades como consultor diocesano, miembro del consejo presbiteral y vicario general.
El 31 de mayo de 1976 san Pablo VI lo nombró obispo de João Belo, diócesis que el 1 de octubre de ese mismo año pasó a llamarse Xai-Xai. Recibió la ordenación episcopal el 24 de octubre de 1976 y permaneció al frente de esa Iglesia particular durante 28 años, hasta su jubilación en junio de 2004.
Su ministerio episcopal coincidió con uno de los periodos más difíciles de la historia reciente de Mozambique, marcado por la guerra civil y sus consecuencias sociales. Durante esos años impulsó la vida pastoral de la diócesis y prestó especial atención a las comunidades afectadas por el conflicto, así como por epidemias y desastres naturales.
Cardenal desde 2015
El papa Francisco lo creó cardenal en el consistorio del 14 de febrero de 2015, asignándole el título de San Gabriele dell’Addolorata. Su nombramiento lo convirtió en el segundo cardenal de la historia de Mozambique.
Además de su labor pastoral, Duarte Langa destacó por su conocimiento de las lenguas locales. Participó en la edición de la traducción de los textos del Concilio Vaticano II a las principales lenguas de Mozambique, contribuyendo a su difusión entre las comunidades católicas del país.