El estudio de la Historia en la Universidad pública española: reflexión sobre un caso concreto de presentismo acientífico de historia medieval de la Iglesia

Por: Pilar Abellán M.

El estudio de la Historia en la Universidad pública española: reflexión sobre un caso concreto de presentismo acientífico de historia medieval de la Iglesia

Entre los meses de febrero de 2024 y septiembre de 2025, InfoVaticana me hizo el inmenso favor de publicar por entregas la investigación que estaba llevando a cabo sobre la vida y obra monástica del monje jerónimo fray Lope de Olmedo (1370 – 1433).

Esta investigación estuvo matriculada durante tres cursos (2020 – 2023) en un proyecto de doctorado en Historia Medieval en la facultad de Historia de la Universitat de Barcelona, donde había obtenido la licenciatura y la suficiencia investigadora allá por el año 2002. 

Fue un tiempo en que pude comprobar cómo la deriva ideologizada del estudio de la historia sólo había empeorado en 20 años, con estudios muy tendenciosos financiados con dinero público, vacíos de contenido, con un desconocimiento total de la lógica propia de la Iglesia y un presentismo escandaloso y totalmente acientífico. El proyecto no llegó a término en forma de tesis doctoral, pero valió la pena el tiempo, esfuerzo y recursos materiales dedicados a rescatar a fray Lope de Olmedo del olvido y la tergiversación interesada, y los resultados de la investigación verán pronto la luz, Dios mediante, articulados a partir de las citadas publicaciones en este portal.

Pero de lo que quisiera tratar en este texto hoy es de un episodio que tuvo lugar durante uno de los tres cursos de doctorado en la UB; la lectura del libro de Pío Moa “Galería de charlatanes” me ha animado a ponerlo por escrito. 

Algunas de las profesoras implicadas en el doctorado estaban inmersas en un proyecto internacional de investigación sobre la observancia franciscana, construyendo un atlas europeo que pudiera ubicar los conventos franciscanos de la estricta observancia – el movimiento reformista de vuelta a los orígenes que tuvo lugar en la baja Edad Media – y realizando fichas concretas de cada uno de ellos, con su cronología y particularidades básicas. Como doctoranda, fui convocada a una reunión en la que se me propuso realizar las fichas individuales de algunos de estos conventos. Un tiempo después, se me convocó de nuevo para dejar de lado la primera idea e investigar solamente a partir de bibliografía – no fuentes primarias – sobre la figura de los conventets en conventos de clarisas en la Corona de Aragón. Los conventets eran pequeños conventos de frailes (ése es su significado en catalán) ubicados en el recinto de conventos de clarisas, destinados a servir sacramentalmente a las monjas.

Se me propuso el estudio de cuatro conventets concretos: los ubicados en el Monasterio de Pedralbes en Barcelona, y los de Manresa, Balaguer y Girona. La premisa de las que partían las directoras era intentar demostrar que quien ostentaba el poder en esos conventos era la abadesa, por encima de los frailes, y que, tras la reforma observante, los frailes habían abandonado esa cura monialis (atención espiritual y sacramental a las monjas).

Tras la sorpresa inicial de que se me asignara trabajar sobre una cuestión que no tenía nada que ver con mi tema de estudio, con lo que ello implicaba de horas que no iba a poder dedicar a mi proyecto de tesis, comencé a indagar sobre la cuestión.

La lectura de la bibliografía, con sus hechos y datos, puso enseguida de manifiesto cuán alejada de la lógica eclesial estaba la hipótesis de trabajo de las directoras del proyecto y cuán condicionada por sus posicionamientos ideológicos presentistas, feministas y acientíficos

Tras meses de trabajo y acopio de información, contacté con mi directora de tesis para preguntarle cuándo y cómo debía presentar los resultados de la investigación y, para mi sorpresa, ella había olvidado por completo la asignación que me habían dado, ¡en dos reuniones distintas! de llevar a cabo tal investigación. Y se le ocurrió que podía preparar un artículo destinado a ser una ponencia para presentar en un congreso internacional sobre observancia franciscana que iba a celebrarse en Asís en breve. Presenté en el congreso los resultados de la investigación y el texto preparado fue publicado en las actas de tal congreso

El artículo, de obligada breve extensión, venía a demostrar que la hipótesis de partida era incorrecta, y demostraba que las monjas clarisas sólo fundaban conventos allí donde ya existía un convento franciscano masculino o, como mínimo, que estaba proyectado que se fundase. Pero las conclusiones de mi artículo no eran resultado de nuevos descubrimientos tras la consulta de documentación inédita pues, como he dicho, sólo me basé en bibliografía ya existente. Los datos ya estaban expuestos en otros estudios, pero forzados a adaptarse a relatos ideológicos construidos a priori. Y la única conclusión posible era que en ningún caso parecía haber existido una pretensión de fundación femenina sin que hubiera presencia de comunidad masculina previa o proyectada

Presentaré brevemente los cuatro casos de estudio de los conventets de Pedralbes, Manresa, Balaguer y Gerona para que cada uno pueda comprobar por sí mismo estas afirmaciones. El principal problema es el fondo de la cuestión, la perspectiva, el enfoque del historiador, a la cual adapta los hechos, aunque para ello tenga que forzar, tergiversar e incluso, ocultar; y no a la inversa, como debiera hacer. La manera académica de tratar cuestiones relacionadas con la Iglesia Católica parece partir no ya sólo de una gran ignorancia sobre el funcionamiento básico de las órdenes religiosas, sino también de hipótesis planteadas a partir de una mentalidad totalmente ajena a la de las personas que se pretende estudiar. La única manera de comprender correctamente al sujeto que estudia es desde la perspectiva del mismo. Cuando el investigador se acerca a un personaje de otra época sin cuestionar sus ideas propias y sus posibles prejuicios, corre el peligro de no comprender nada, como afirma Joseph Pearce en su muy recomendable obra “A través de los ojos de Shakespeare”. 

Por eso, cuando el investigador se aproxima a unas monjas del siglo XIII, debe primero intentar comprender la lógica de pensamiento y actuación de ese colectivo. Sólo entonces puede comprender que no es posible que a una congregación femenina se le ocurriera fundar en el siglo XIII un convento sin tener en cuenta la existencia en la proximidad de una comunidad masculina con su mismo carisma religioso que pudiera celebrar los sacramentos para ellas. Afirmaciones sobre una pretendida autonomía de las monjas en términos de independencia y empoderamiento y no necesidad de los varones son sencillamente ridículas y presentistas.

Concluyo esta primera parte con una esclarecedora anécdota al respecto: en la segunda reunión a la que fui convocada y en la que oí por primera vez hablar de la figura de los conventets, exclamé sin pensar que Dios quisiera que en la pequeña comunidad contemplativa de vírgenes consagradas de la que formo parte pudiéramos también disfrutar de un conventet. A lo que la directora de mi tesis doctoral respondió inmediatamente que lo que era necesario era más bien que las mujeres pudiéramos celebrar la Misa. A esta respuesta siguió una breve argumentación por mi parte sobre por qué las mujeres no pueden celebrar Misa, en la que no me extendí cuando comprendí su disponibilidad a la escucha, en un lenguaje corporal muy elocuente de brazos y piernas cruzados. 

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