Por Randall Smith
¿Cuántos de estos podés identificar? Marcionistas, montanistas, sabelianos, donatistas, cuartodecimanos, neumatómacos, Apolinarios, monofisitas, nestorianos, valdenses. Todos estos son grupos que se separaron de la Iglesia, insistiendo en que ellos eran la verdadera Iglesia mientras que los demás eran, de alguna manera, menos puros o menos fieles. Incluso si pudieras identificar a algunos o a todos ellos, ¿dónde están ahora? En su momento, acogieron a miles. Hoy en día, son solo nombres que casi nadie conoce.
Muchos de ellos tenían argumentos y quejas interesantes. Los donatistas, por ejemplo, tenían un código moral riguroso y se oponían comprensiblemente a los obispos que habían sido traditores, «traidores», que habían entregado cosas sagradas a las autoridades romanas durante las persecuciones. Los monofisitas rechazaban la noción de que en Cristo hubiera dos naturalezas, divina y humana, creyendo que estaban defendiendo la enseñanza del Concilio de Éfeso de que Cristo no era dos personas, sino «una physis del Verbo encarnado». Del mismo modo, Martín Lutero tenía razón al quejarse de la corrupción en la Iglesia, del mal uso de las indulgencias (muchas de ellas para construir San Pedro en Roma), y tenía razón al defender la prioridad de la gracia.
La gran ironía de la historia no es solo que el número de luteranos está disminuyendo, sino que incluso aquellos que continúan asistiendo a los servicios luteranos casi no tienen en cuenta los escritos de Lutero. Muchos grupos protestantes que dejaron el seno católico proclamando sola Scriptura, «solo la Escritura», no tienen hoy más consideración por la autoridad moral de las Escrituras que los secularistas. ¿Cristo insiste en que no haya divorcio? No hay problema. San Pablo condena los actos sexuales entre personas del mismo sexo. Bueno, eso era antes; esto es ahora. Para algunos grupos, lo único que queda es su odio hacia los católicos. Estas cosas no siempre siguen una lógica evidente.
Así también, por ejemplo, aquí hay un grupo extraño. Proclaman fidelidad al Papa, y luego lo desobedecen gravemente. Ponen mucho énfasis en una interpretación estrecha de «No hay salvación fuera de la Iglesia», y luego se desentienden de la excomunión.
Este grupo dice que no se siente cómodo con ciertas enseñanzas del Concilio Vaticano II. La historia de la Iglesia está llena de grupos que aceptaron todos los concilios de la Iglesia hasta el que no les gustó, después del cual decidieron seguir su propio camino. Algunos aceptan los primeros cuatro concilios ecuménicos (incluso los luteranos y calvinistas lo hacen), algunos los primeros siete, otros los primeros trece. Abandonar el barco después de un concilio ha sido un recurso bastante habitual.
Pero para aquellos que piensan que el Concilio Vaticano II fue infiel a la enseñanza de «no hay salvación fuera de la Iglesia», existe esto:
«Este Sagrado Concilio dirige su atención en primer lugar a los fieles católicos. Basándose en la Sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo es el único Mediador y el camino de salvación, presente a nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia. Él mismo, al inculcar con palabras explícitas la necesidad de la fe y del bautismo, confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como por una puerta.» (Lumen Gentium 14)
Sí, el Concilio también enseñó (como creo que la mayoría de la gente ha creído durante mucho tiempo) que hay varias formas de estar «incorporado» al «Cuerpo de Cristo». Los catecúmenos, por ejemplo, «que, movidos por el Espíritu Santo, solicitan con voluntad explícita ser incorporados a la Iglesia, se unen a ella por ese mismo deseo». Así también, «la Iglesia se reconoce unida por muchas razones con quienes, estando bautizados, se honran con el nombre de cristianos». E incluso «aquellos que aún no han recibido el Evangelio están ordenados al Pueblo de Dios de diversas maneras».
Pero el Concilio también fue muy claro sobre esto: «Por lo cual no podrían salvarse aquellos hombres que, conociendo que la Iglesia católica fue instituida por Dios a través de Jesucristo como necesaria, se negasen a entrar o a permanecer en ella.» Entonces, ¿conocer y afirmar que la Iglesia Católica es necesaria, pero negarse a entrar o permanecer en ella pone en peligro la salvación de las almas?
Uno pensaría que un grupo que acepta el principio de «no hay salvación fuera de la Iglesia» y justifica sus acciones porque se preocupa por la salvación de las almas estaría, según sus propios principios, muy incómodo incentivando a esas almas a permanecer fuera de la Iglesia. En cierto punto, podríamos tener que concluir que esto tiene menos que ver con argumentos teológicos razonados y más con «quiero lo que quiero» y «¡mi tribu es mejor que tu tribu!».
Los obispos de la FSSPX han apelado su excomunión. ¿Pero apelado ante quién? ¿Ante el Papa León, que ya decidió el caso? Esto sería como apelar una decisión de la Corte Suprema ante la propia Corte Suprema y luego decir: no tengo que pagar la multa porque mi caso está en apelación.
Esto no es un juego legalista. La salvación de las almas está en juego. Y yo no confiaría la mía a clérigos que se desentienden de la excomunión como si se espantaran una mosca. Nadie justifica los problemas en la Iglesia. ¿Es esta una situación de emergencia? Al menos no tenemos tres pretendientes al papado como ocurrió entre 1409 y 1414. Al menos el papado no está bajo el control político de Francia como durante el papado de Aviñón.
Podría seguir. Siempre hay problemas en la Iglesia, muchos peores que los de ahora. A lo largo de la historia, los grupos que se mantuvieron fieles al ser silenciados o disciplinados por sus superiores eclesiales finalmente fueron validados por su testimonio y fidelidad. Los grupos que eligen la desobediencia y el cisma rara vez sobreviven más de una o dos generaciones.
Los eruditos del Renacimiento como Erasmo y Moro vieron los problemas de la Iglesia tan claramente como Lutero y Calvino. Pero se mantuvieron fieles. No presumieron en su arrogancia iniciar su propia iglesia. Santo Tomás Moro fue martirizado por esa fidelidad. Ellos sabían mejor que nadie que el camino al Infierno estaba empedrado de buenas intenciones y causas santurronas.
Sobre el autor:
Randall Smith ocupa la Cátedra Dotada J. Michael Miller de Teología en la Universidad de St. Thomas en Houston. Sus libros incluyen Bonaventure’s Journey of the Soul into God: Context and Commentary, From Here to Eternity: Reflections on Death, Immortality, and the Resurrection of the Body, Aquinas, Bonaventure, and the Scholastic Culture of Medieval Paris: Preaching, Prologues, and Biblical Commentary, Reading the Sermons of Thomas Aquinas: A Beginner’s Guide. Su próximo libro, Mapping Bonaventure’s Itinerarium: Context and Commentary, saldrá a la venta a través de Emmaus Press este verano. Sus artículos se pueden encontrar aquí: http://t4.stthom.edu/users/smith/portfolio/