Una religiosa vinculada a la Facultad Eclesiástica de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, en Chile, ha calificado de «tortura» que una mujer escuche los latidos del hijo que pretende abortar. La hermana dominica Licarayén Torres cuestionó así el proyecto «Escucha su corazón», presentado en el Congreso chileno para reforzar la información que reciben las mujeres antes de someterse a un aborto dentro de las tres causales permitidas por la ley.
Torres, estudiante de Ciencias Religiosas y Estudios Pastorales, difundió su posición mediante un vídeo que se viralizó en las redes sociales. Su intervención resulta especialmente significativa porque no procede de una dirigente feminista ni de una organización abortista, sino de una religiosa.
Un proyecto para escuchar la actividad cardíaca
La iniciativa fue presentada por diputados del Partido Nacional Libertario, del Partido Republicano y de Renovación Nacional, formaciones situadas en la derecha chilena.
La moción propone modificar el Código Sanitario para que, antes de manifestar por escrito su voluntad de abortar, la mujer sea informada de la existencia de actividad cardíaca embrionaria o fetal y pueda escucharla cuando sea clínicamente detectable.
El proyecto establece además que, si la mujer se niega a escuchar los latidos, el médico quedaría legalmente impedido de practicar el aborto. Este punto ha concentrado buena parte de las críticas políticas y mediáticas contra la propuesta.
Sus promotores sostienen que la iniciativa busca garantizar que la decisión se adopte con toda la información disponible y hacer perceptible una realidad biológica que suele quedar oculta tras el lenguaje técnico empleado para referirse al aborto.
El aborto en Chile: de la prohibición a las tres causales
Para comprender la polémica es necesario recordar que Chile mantuvo una prohibición general del aborto desde 1989 hasta 2017.
Ese año, durante el segundo Gobierno de Michelle Bachelet (partido socialista), se aprobó la Ley 21.030, que despenalizó la práctica en tres supuestos: peligro para la vida de la madre, patología fetal de carácter letal y embarazo causado por una violación.
En los embarazos derivados de una violación, el aborto puede realizarse hasta las doce semanas. Cuando la víctima es menor de 14 años, el plazo se amplía hasta las catorce. La ley exige que la mujer manifieste previamente, de forma expresa y por escrito, su voluntad de interrumpir el embarazo.
La legislación de 2017 no cerró el debate. Los sectores de izquierda han seguido impulsando la ampliación del aborto libre, mientras que los partidos provida han promovido iniciativas destinadas a reforzar la protección del concebido y la información que se entrega a la mujer.
Una religiosa llama «tortura» a escuchar los latidos
«Me atrevo a grabar este vídeo para compartir un poco sobre el debate público de estos días», señaló Torres al comienzo de la grabación difundida en Instagram.
La religiosa recordó que el aborto en Chile no es libre, sino que está permitido únicamente bajo las tres causales contempladas por la ley. Sin embargo, presentó la obligación de escuchar los latidos como una forma de violencia contra la mujer.
«El aborto en Chile no es libre, está sometido bajo las tres causales que ustedes conocen bien. La pregunta que me surge es si es necesario torturar a las mujeres de esta manera. Y lo hago a partir de mi rol de mujer, de religiosa y de seguidora de Jesús y su Evangelio», afirmó.
Torres planteó después si la propuesta podía considerarse compatible con el cristianismo.
«¿Es cristiano, es evangélico hacer pasar a las mujeres por esta obligación que pretenden imponer algunos diputados?», preguntó.
La religiosa trasladó posteriormente el debate hacia otras situaciones de vulnerabilidad infantil.
«Yo preferiría preguntarle, si algún diputado puede ver este vídeo, y utilizando el mismo lenguaje que han utilizado, ¿de qué manera podríamos hoy escuchar el grito de los inocentes en las escuelas, en las calles, en los contextos de vulnerabilidad de nuestro país?», sostuvo.
La protección del nacido y del no nacido
Torres pidió a los parlamentarios que atendieran también «el grito de los inocentes en las escuelas, en las calles, en los contextos de vulnerabilidad» y que promovieran leyes para proteger a los niños y jóvenes.
La defensa de los menores que sufren pobreza, abandono o violencia no es incompatible con la protección de la vida antes del nacimiento. La doctrina católica presenta ambas obligaciones como parte de una misma defensa de la dignidad humana, desde la concepción hasta la muerte natural.
La religiosa concluyó precisamente con una apelación a proteger la vida «desde el inicio, pero también hasta el final».
«Me gustaría pedirles que con la misma urgencia propongan leyes que promuevan la justicia y la paz referidas a los niños, niñas y jóvenes de nuestros territorios. Si hay que escuchar el grito de los inocentes, hagámoslo desde el inicio, pero también hasta el final de la vida», declaró.
Sus palabras fueron pronunciadas, sin embargo, para rechazar una medida que pretende que la mujer conozca la existencia de actividad cardíaca en el hijo antes de decidir el aborto.
Antecedentes en otros países
La propuesta chilena tiene precedentes en otros países.
En Hungría, una regulación aprobada en 2022 exige que el médico acredite que ha mostrado a la mujer una señal claramente identificable de las funciones vitales del feto antes de realizar el aborto.
En España, Vox propuso en 2023 que las mujeres que quisieran abortar pudieran escuchar el latido fetal y acceder a una ecografía en cuatro dimensiones. La iniciativa provocó una fuerte controversia política en Castilla y León y finalmente quedó limitada a los casos en los que la mujer lo solicitara voluntariamente.
En Estados Unidos, varios estados han aprobado requisitos relacionados con ecografías y pruebas de actividad cardíaca antes del aborto. Otros han promulgado las denominadas «leyes del latido», que restringen la práctica una vez detectada la actividad cardíaca embrionaria o fetal.
Estas medidas han sido presentadas por sus promotores como instrumentos para garantizar que la decisión se adopte con toda la información disponible. Sus detractores, en cambio, sostienen que añaden presión emocional sobre la mujer.