Comunión, conversión y sus contradicciones

Comunión, conversión y sus contradicciones
Vice President JD Vance [Official White House Portrait, March 25, 2026, by Emily J. Higgins (via Wikipedia)]

Por Michael Pakaluk

Cuando las memorias de J.D. Vance sobre su camino de regreso al cristianismo, Communion: Finding My Way Back to Faith, se describen con un alto nivel de generalidad, vemos inmediatamente que se trata de un libro de la mayor importancia. Acá tenemos a un líder en el escenario mundial que comprende, y no tiene miedo de decir, que el cristianismo ha sido la fuente de unidad social para la civilización europea —es decir, occidental—, y también para esa nación que llamamos los Estados Unidos, e incluso para los vecindarios y las familias.

A él le gusta decir que las únicas dos realidades que nos unen por encima de las disparidades de riqueza, raza y credo son las fuerzas armadas y la Iglesia. Los vínculos económicos —los acuerdos comerciales y las relaciones comerciales— son insuficientes. También lo son las construcciones procedimentales del «orden internacional» y los derechos humanos.

Más bien, estos sistemas corren el riesgo de disolver las unidades subsidiarias; y cuando se vuelven “globales”, solo sirven para unir a las élites de varios países, volviéndolas incapaces incluso de comprender las preocupaciones de los trabajadores y trabajadoras comunes.

Ahora agreguemos que este perceptivo líder mundial adoptó el catolicismo como la realización del cristianismo que considera mejor. No creo que los comentaristas que anticipaban un “momento católico” pensaran que pudiera tomar esta forma.

Trabajando también con un alto nivel de generalidad, podemos decir que Vance se convierte al catolicismo debido a un trascendental descuidado. Algunos vieron al cristianismo como la fuente de la Belleza (Kenneth Clark). Otros, como la fuente del conocimiento, la ciencia y nuestra comprensión de la Verdad (Pierre Duhem). Otros más, por su fomento de la santidad, las virtudes y el Bien (Tom Holland). Pero Vance lo ve correctamente como el pegamento que puede hacernos, a través de nuestras diferencias, de varias maneras Uno.

En esto sigue de cerca al Vaticano II, que en Gaudium et spes enseñó que la Iglesia, “por su relación con Cristo, [es] una señal sacramental y un instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano”. (n. 42, citando Lumen gentium n. 1)

Pero esto es a un alto nivel de generalidad. El libro son unas memorias y comienza, de nuevo, con las raíces hillbilly de Vance en los Apalaches, con historias de Mamaw y sus pedazos vulgares de sabiduría y armas. Es cierto que el libro está intercalado con minidocumentos de políticas sobre la doctrina social católica —inmigración y otros temas que uno esperaría de un posible candidato presidencial— que no siempre son muy precisos ni están bien fundamentados. Pero lo que mantiene el libro en movimiento son las anécdotas y el tono de un testimonio de un avivamiento en una carpa.

Por lo tanto, en última instancia, debe ser evaluado por ese testimonio y, como memorias de un católico, si testifica bien del catolicismo.

El hombre que da testimonio es atractivo y de buen corazón. Muestra un conocimiento real de sí mismo sobre la inutilidad de sus ambiciones cuando era joven. Quiere, por encima de todo, ser un buen padre. Pone el ser un buen padre por encima de su carrera. Ve que ser un buen padre significa cuidar el carácter de sus hijos por encima de todo.

Aunque tiene altos títulos académicos, quiere mantenerse unido a los trabajadores comunes, como su papá, que era soldador. Se esfuerza por no considerarse mejor que ellos, por considerar que el trabajo de ellos tiene la misma dignidad que el suyo.

Tiene un amor generoso por el pluralismo religioso distintivo de los Estados Unidos. En esto, es como un protestante tradicional de la década de 1950. Es un católico que ama a Charlie Kirk, y que también puede llevarse bien con los cristianos progresistas para apoyar al movimiento obrero. Ama la religión cívica estadounidense genéricamente cristiana de la década de 1950.

Pero cuando considero el libro como la historia de un converso católico, encuentro múltiples deficiencias y un capítulo muy inquietante y escandaloso, que en conjunto hacen de este un libro que no puedo recomendar a los jóvenes ni a los que están indagando. Es una lástima, porque estas deficiencias podrían haberse reparado fácilmente.

El capítulo escandaloso se titula “Mi año favorito”, que describe cómo él y Usha vivieron juntos sin casarse en Cincinnati, compraron dos perros y vivieron como las élites seculares que a Vance le encanta criticar:

Fue un año muy bueno: una pareja joven, locamente enamorada, planeando una boda sin hijos y con pocas responsabilidades. Hicimos viajes en auto por toda la región. Aprendimos a cocinar. Descubrimos nuestro restaurante favorito en el centro de Cincinnati y íbamos allí todo el tiempo porque no teníamos otra cosa que hacer.

Está implícitando que el sexo es mejor que el matrimonio, el pecado mejor que la castidad, el noviazgo mejor que la unión de una sola carne, tener perros mejor que tener hijos. Está recomendando implícitamente a los jóvenes que pospongan el casamiento para que ellos también puedan disfrutar de su “año favorito”. A esto hay que sumarle que aún no estaba bautizado, por lo que también: ser pagano puede ser mejor que estar unido a Cristo. San Pablo dio un testimonio diferente: “Considero estas cosas como estiércol”. (Fil 3, 8)

Como dije, una reparación es fácil: imitar a C.S. Lewis cuando confesó que no le gustaban los niños, y decir algo como: “Entiendo que mi apego a ese año es desordenado; rezo por la gracia de lamentar el mal del pecado y mi pobreza al estar separado de Cristo”.

En un momento dado, con una autorrevelación no reconocida, Vance cita a un sacerdote que le dice: “estás demasiado invertido emocionalmente en Usha”. Me preguntaba si ese sacerdote tendría en su mente: “Si alguno viene a mí y no odia a su propia… mujer… no puede ser mi discípulo”. (Lucas 14, 26) No hay discusiones en el libro sobre las dificultades en los matrimonios con “disparidad de culto”.

Vance comete graves errores sobre la Presencia Real. (173) Dice que vive sin importarle si el Cielo y el Infierno existen. (252-3) Se refiere a la liturgia del Viernes Santo en San Pedro como una “Misa”. (200-201) Niega que el cristianismo prometa la victoria sobre la muerte física. (172) Dice que la Iglesia misma está dispersa y dividida. (283)

Estas no son minucias porque un libro que aspira a la comunión no puede alcanzarla a través de errores sobre los misterios mismos —la Eucaristía, la unidad de la Iglesia, las Últimas Cosas— que constituyen la comunión.

Sobre el autor:

Michael Pakaluk, especialista en Aristóteles y ordinario de la Academia Pontificia de Santo Tomás de Aquino, es profesor de Economía Política en la Busch School of Business de la Universidad Católica de América. Vive en Hyattsville, MD, con su esposa Catherine, también profesora en la Busch School, y sus hijos. Su colección de ensayos, The Shock of Holiness (Ignatius Press), ya está disponible. Su libro sobre la amistad cristiana, The Company We Keep, está disponible por Scepter Press. Fue colaborador de Natural Law: Five Views, publicado por Zondervan el pasado mayo, y su libro de los Evangelios más reciente salió con Regnery Gateway en marzo, Be Good Bankers: The Economic Interpretation of Matthew’s Gospel. Podés seguirlo en Substack en Michael Pakaluk.

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