León XIV clausura la Peregrinación Eucarística Nacional y recuerda las raíces católicas de Estados Unidos

León XIV clausura la Peregrinación Eucarística Nacional y recuerda las raíces católicas de Estados Unidos

La Peregrinación Eucarística Nacional de Estados Unidos concluyó este domingo en Filadelfia tras recorrer durante más de un mes 18 diócesis de la costa este del país, una iniciativa organizada con motivo del 250.º aniversario de la independencia estadounidense que reunió a miles de fieles en procesiones, adoraciones eucarísticas y celebraciones litúrgicas. La Misa de clausura, celebrada en la Catedral Basílica de San Pedro y San Pablo, estuvo precedida por un videomensaje del papa León XIV.

El Pontífice felicitó a los organizadores y a los participantes por una peregrinación que, bajo el lema One Nation Under God, recorrió buena parte de las trece colonias originales rezando «por la unidad, la renovación y la sanación» del país. «Al participar en esta peregrinación eucarística, continuáis este gran legado de fe», afirmó.

El Papa recuerda la primera Misa celebrada por españoles

En su mensaje, León XIV quiso destacar que la historia cristiana de Estados Unidos comenzó antes de la independencia de 1776. Recordó que la peregrinación se inició en San Agustín, Florida, donde el 8 de septiembre de 1583, festividad de la Natividad de la Virgen María, exploradores y colonos españoles celebraron una Misa de acción de gracias tras su llegada y compartieron posteriormente un banquete con la tribu indígena de los Seloy.

«Este acontecimiento histórico, junto con muchos otros, testimonia el sólido, aunque en gran medida desconocido, patrimonio eucarístico de los Estados Unidos», afirmó. «Este patrimonio, lejos de ser olvidado, debe seguir siendo fuente de renovación y de unidad».

Un legado de santos alimentado por la Eucaristía

El Santo Padre recordó que esa herencia espiritual ha dado abundantes frutos mediante el testimonio de los mártires de Nueva York y Georgia, así como de santos como Kateri Tekakwitha, Isabel Ana Seton, Katharine Drexel y Juan Neumann. También mencionó al venerable Fulton Sheen, de quien afirmó que «pronto será beatificado».

Asimismo, recordó que la peregrinación estuvo encomendada a santa Francisca Javier Cabrini, fundadora de las Misioneras del Sagrado Corazón y primera ciudadana estadounidense canonizada. Días antes de la conclusión del recorrido, León XIV había venerado en Pavía una reliquia del corazón de la santa, mientras los peregrinos visitaban el Santuario Nacional Madre Cabrini de Nueva York, donde reposan sus restos.

El Papa señaló que la intensa labor apostólica de estos santos no habría sido posible «sin la fuerza que obtenían cada día en los momentos de oración silenciosa ante el Sagrario» y, citando la encíclica Ecclesia de Eucharistia de san Juan Pablo II, recordó que la Eucaristía es «la posesión más preciosa que la Iglesia puede tener en su caminar por la historia».

Miles de fieles acompañaron al Santísimo

La peregrinación comenzó el pasado mes de mayo en San Agustín y llegó hasta Portland, Maine, antes de regresar hacia Filadelfia. Un grupo de nueve peregrinos permanentes acompañó al Santísimo Sacramento durante todo el recorrido, atravesando ciudades, pequeñas localidades, residencias de ancianos y santuarios.

Entre los momentos más significativos figuraron la procesión por el Freedom Trail de Boston, que reunió a cerca de 3.000 personas; el paso del Santísimo ante el Monumento a Washington; el cruce del río Delaware siguiendo el itinerario de George Washington en 1776; y las visitas a los santuarios de santa Katharine Drexel y san Juan Neumann durante las celebraciones finales en Filadelfia.

Los peregrinos también relataron numerosos encuentros con personas alejadas de la fe o no católicas, algunas de las cuales manifestaron su deseo de regresar a la Iglesia tras encontrarse con las procesiones eucarísticas.

Continuidad del proyecto

Al concluir su mensaje, León XIV animó a los participantes a regresar a sus hogares confiando en la providencia de Dios y a fortalecer la vida eucarística en sus familias, parroquias y comunidades.

Los organizadores han confirmado que la Peregrinación Eucarística Nacional continuará en 2027 con el objetivo de recorrer los cincuenta estados del país como preparación para el próximo Congreso Eucarístico Nacional, previsto para 2029.

Dejamos a continuación el mensaje completo de León XIV:

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Me alegra dirigirme a vosotros al concluir la Peregrinación Eucarística Nacional. Como sabéis, las peregrinaciones están profundamente arraigadas en la tradición judeocristiana y con frecuencia se realizan para conmemorar aniversarios significativos, reuniéndose la comunidad en oración. A la luz de ello, ha sido especialmente apropiado conmemorar el 250.º aniversario de los Estados Unidos de América con una peregrinación centrada en Nuestro Señor. Mientras recorríais muchas de las trece colonias originales, habéis rezado por la unidad, la renovación y la sanación del país bajo el lema «Una Nación bajo Dios» (One Nation Under God). Estas intenciones también están muy presentes en mi corazón. Por ello, expreso mi sincero agradecimiento a la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos y a todos los que han contribuido a organizar este acontecimiento, así como a quienes han participado en él de manera presencial o virtual.

Esta nación, unida «bajo Dios», ha estado impregnada de un sentido de la fe que reconoce la soberanía de Dios incluso antes de su constitución formal. Vuestra peregrinación comenzó en San Agustín, Florida, donde el 8 de septiembre de 1583, fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, los exploradores y colonos españoles celebraron una Misa de acción de gracias tras su llegada, seguida de un banquete compartido con la tribu local de los seloy. Este acontecimiento histórico, junto con muchos otros, testimonia el sólido, aunque en gran parte desconocido, patrimonio eucarístico de los Estados Unidos de América. Este patrimonio, lejos de ser olvidado, debe seguir siendo fuente tanto de renovación como de unidad.

Con la bendición de Dios Todopoderoso, este patrimonio ha seguido dando fruto al conducir a nuevas generaciones de católicos estadounidenses hacia Jesucristo. El Señor inspiró también a determinados hombres y mujeres para dar testimonio del Evangelio de manera radical. Pienso, por ejemplo, en los mártires de Nueva York y Georgia, en santa Kateri Tekakwitha, santa Elizabeth Ann Seton, santa Katharine Drexel, san Juan Neumann y el venerable Fulton Sheen, que pronto será beatificado. La ruta que habéis seguido lleva el nombre de otra santa, Francisca Javier Cabrini, fundadora de una congregación religiosa cuya misión fue atender las necesidades espirituales y materiales de los inmigrantes pobres. La intensa actividad apostólica de estos santos hombres y mujeres, y de tantos otros como ellos, no habría sido posible sin la fuerza que obtenían cada día de los momentos de oración silenciosa ante el sagrario.

Hermanos y hermanas, al participar en esta Peregrinación Eucarística continuáis este gran legado de fe. A lo largo del camino no han faltado la celebración de la Santa Misa, las procesiones eucarísticas y la adoración al Santísimo Sacramento, que os han proporcionado la fortaleza y el alimento necesarios para continuar vuestro recorrido. Quizá incluso vosotros mismos habéis experimentado el hambre del «pan vivo bajado del cielo» (Jn 6,51). En efecto, el verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre de Nuestro Señor Jesucristo son la vida de la Iglesia peregrina en la tierra. San Juan Pablo II lo expresó bellamente en su encíclica Ecclesia de Eucharistia: «La Eucaristía, como presencia salvadora de Cristo en la comunidad de los fieles y alimento espiritual para ellos, es lo más precioso que la Iglesia puede tener en su caminar por la historia» (n. 9). Mientras el país conmemora el aniversario de la fundación de su patria terrena, espero que esta experiencia como peregrinos os ayude también a fijar la mirada en la patria celestial (cf. Hb 11,16) y os recuerde igualmente que la Eucaristía es un don inestimable, nuestro sustento indispensable. Es precisamente mediante el reconocimiento y la acogida de este don como la Iglesia en los Estados Unidos encontrará la fuerza para continuar su servicio caritativo a la sociedad, especialmente en los ámbitos de la educación, la asistencia sanitaria y los servicios sociales básicos, al tiempo que prosigue su misión evangelizadora.

Al concluir esta peregrinación, os animo a poner vuestras vidas bajo la amorosa providencia de Dios al regresar a vuestros hogares, así como a cultivar una sólida vida eucarística en vuestras familias, entre vuestros amigos y en vuestras comunidades. Confiando en que la Peregrinación Eucarística dará abundantes frutos en los Estados Unidos de América, os encomiendo a todos a la maternal intercesión de la Inmaculada Virgen María.

Y que Dios Todopoderoso os bendiga a todos vosotros, el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo. Amén.

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