Por el P. Gerald E. Murray
La consagración/ordenación (los términos son intercambiables) canónicamente ilegal de cuatro nuevos obispos por parte de dos obispos de la Fraternidad San Pío X (FSSPX) —quienes a su vez fueron ordenados ilegalmente por el arzobispo Marcel Lefebvre hace 38 años— es una herida renovada en el Cuerpo Místico de Cristo. Este acto cismático de desobediencia, llevado a cabo en abierto desafío a la advertencia pública del Papa León XIV, dio como resultado que los seis obispos incurrieran en excomunión latae sententiae (automática).
Mientras afirman defender la fe tradicional de la Iglesia Católica, los obispos recién excomulgados descartan con audacia lo que la Iglesia Católica siempre enseñó a sus hijos, a saber, que la naturaleza jerárquica del catolicismo incluye la enseñanza dogmática de que el Papa es la Autoridad Suprema a quien todos los católicos deben obediencia. Esa obediencia, de más está decirlo, incluye el no ordenar obispos cuando el Papa prohíbe tales ordenaciones.
Dicho de forma sencilla, el Papa es el sucesor de Pedro, el Vicario de Cristo. Él gobierna la Iglesia. La obediencia a su decisión sobre quién puede o no recibir la ordenación episcopal es necesaria si uno desea permanecer como un católico fiel.
La Santa Sede instruyó a la FSSPX a principios de este año para que desistiera de llevar a cabo el 1 de julio la ordenación ilegal de cualquier nuevo obispo. La FSSPX rechazó esta instrucción. Este desafío al Papa León es un acto de grave desobediencia que la Santa Sede juzga como un acto cismático que implica “el rechazo de la sumisión al Sumo Pontífice” (canon 751) al realizar un acto prohibido por el derecho canónico, a saber, la ordenación de obispos sin mandato papal (canon 1387). Estas ordenaciones episcopales implican no simplemente la ausencia de un mandato papal, sino una clara desobediencia en desafío directo al Papa León.
En la víspera de las consagraciones ilegales, el Papa León le escribió al Superior General de la FSSPX, el P. Davide Pagliarani:
Con corazón paterno, y consciente de la responsabilidad que me ha confiado el Señor como Sucesor del Apóstol Pedro, me dirijo a usted y, a través de usted, a los obispos, sacerdotes, seminaristas y fieles vinculados a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X… [L]leno de afecto cristiano, le ruego y le pido con todo mi corazón: ¡por favor, den marcha atrás! Les insto a considerar atentamente el bien espiritual de los fieles, porque el acto cismático que están a punto de emprender los privaría de la recepción lícita y, en algunos casos, incluso válida de los Sacramentos, que ellos aman y buscan para su santificación.
El Papa tiene la autoridad para determinar qué constituye un acto cismático, y así lo hizo. La FSSPX no tiene autoridad para contradecir o ignorar este juicio papal.
El P. Pagliarani respondió: “Paradójicamente, en las circunstancias actuales, creemos que es nuestro deber hacer todo lo posible para remendar la túnica inconsútil de Cristo, desgarrada por fuerzas y presiones incompatibles con un espíritu verdaderamente católico”. ¡Paradójico en verdad! El Superior General de la FSSPX afirma de manera increíble que la FSSPX va a “remendar la túnica inconsútil de Cristo”.
No, lo que hace es desgarrar esa túnica al cometer lo que él sabe que la Santa Sede consideró un acto cismático. Esto se asemeja a un ejército que afirma que tiene que destruir una aldea ocupada por el enemigo para poder salvarla.
¿Por qué pasó esto? La FSSPX quiere seguir ordenando sacerdotes que celebren la Misa Tradicional en Latín mientras se niega a regresar a la plena comunión con el Papa y la Iglesia. La Fraternidad afirma que un estado de necesidad en la Iglesia les permite ordenar nuevos obispos libre de culpa. Necesitan algunos obispos más jóvenes, dicen, para poder seguir ordenando nuevos sacerdotes en los próximos años.
Si estuviera en plena comunión con la Iglesia, cualquier cantidad de obispos estaría dispuesta a ordenar a los seminaristas de la FSSPX. En cambio, la FSSPX profundizó su adopción de un peligroso espíritu separatista. Ordenar nuevos obispos contra la voluntad del Papa es una acción necesaria para proveer nuevos sacerdotes a la FSSPX solo si planea seguir operando al margen de la Santa Sede. Evidentemente, no prevén regresar a la plena comunión en el corto plazo.
A raíz de las ordenaciones episcopales cismáticas de 1988 por parte del arzobispo Lefebvre, la Santa Sede proveyó para la ordenación de sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, el Instituto de Cristo Rey y el Instituto del Buen Pastor, todos los cuales celebran la Misa Tradicional en Latín. La plena comunión con el Romano Pontífice, y la obediencia a él, no es una práctica discrecional que pueda ser dejada de lado por ningún grupo en la Iglesia, especialmente por un grupo que afirma públicamente, como lo hace la FSSPX, que es plenamente católico y se somete a la Suprema Autoridad de la Iglesia.
La FSSPX, a mi juicio, utilizó el anuncio del 2 de febrero de las ordenaciones episcopales del 1 de julio como una táctica, intentando obligar a la Santa Sede a aceptar permitir las ordenaciones con la esperanza de que la Santa Sede quisiera evitar un cisma a toda costa. La Santa Sede ofreció continuar las discusiones doctrinales con la FSSPX, pero solo si se retiraba la amenaza de las ordenaciones episcopales. La FSSPX no aceptó esto. Exigir una audiencia de la Santa Sede sin aceptar una condición muy razonable —“dejen de amenazar con un acto de grave desobediencia si el Papa León no les da lo que quieren”— no es, claramente, una manifestación de sumisión filial al sucesor de Pedro.
¿A dónde llevará todo esto? Cuanto más tiempo opere la FSSPX en desafío a la Santa Sede, más profundamente se arraigará un espíritu separatista entre la FSSPX y los religiosos y laicos que asisten a sus Misas. Esto conducirá a un mayor antagonismo hacia los católicos que cumplen con su deber de someterse a la autoridad papal.
Los obispos excomulgados de la FSSPX serán considerados por muchos simpatizantes como los únicos obispos confiablemente católicos. El Papa y los obispos en plena comunión con él probablemente serán considerados como obstáculos para promover la misión de la Iglesia. Este es el peligro que surge al apartarse de la debida sumisión que todo católico le debe al Sucesor de Pedro. Los católicos están llamados a vivir sub Petro, no contra Petrum.
La FSSPX afirma que los desórdenes doctrinales en la Iglesia justifican su desafío a la autoridad del Romano Pontífice. Esto me recuerda algo que dijo mi profesor de la universidad en un curso sobre la Historia Constitucional de la Europa Medieval: “Todo se reduce a esta pregunta: ¿quién carajo está a cargo acá?”. La FSSPX necesita preguntarse: ¿A quién puso Cristo a cargo de la Iglesia? ¿A Pedro y sus sucesores, o a alguien más?
Un aspecto esencial de esta historia es la manifiesta falta de confianza en la Divina Providencia por parte del arzobispo Lefebvre y sus seguidores. Recordemos que en 1988, la Santa Sede ofreció ordenar como obispo a un miembro de la FSSPX si el arzobispo Lefebvre aceptaba una reconciliación con la Santa Sede. Esta fue una concesión inusual, dado que una sociedad de sacerdotes como la FSSPX no requiere tener un miembro obispo para llevar a cabo las ordenaciones.
El arzobispo Lefebvre firmó un acuerdo pero se retractó al día siguiente. Más tarde dijo que le preocupaba que la Santa Sede le hubiera pedido que presentara más nombres de candidatos para la ordenación episcopal después de que él ya le hubiera informado a la Santa Sede quién pensaba que debía ser ordenado obispo. Él quería controlar quién sería el obispo que lo reemplazaría. No funciona así en la Iglesia Católica. El Papa toma la decisión porque es la Suprema Autoridad en la Iglesia.
Todos debemos confiar en la Providencia de Dios. Dom Hubert van Zeller escribió: “La palabra providencia… significa ‘ver de antemano’. [Dios] ve de antemano lo que es mejor para nosotros, y aceptamos lo que él envía”. La FSSPX manifestó una lamentable falta de confianza en el favor providencial de Dios que se muestra a quienes cumplen Su voluntad, lo cual incluye someterse a la autoridad divinamente establecida del Sucesor de Pedro.
Que el Señor traiga a los pastores descarriados de regreso a la plena comunión con una total obediencia al Vicario de Cristo.
Acerca del autor
El Rev. Gerald E. Murray, J.C.D., es abogado canónico y párroco de la Iglesia de San José en la ciudad de Nueva York. Su nuevo libro (con Diane Montagna), Calming the Storm: Navigating the Crises Facing the Catholic Church and Society, ya está disponible.