La comunidad armenia desplazada de Nagorno Karabaj ha expresado su profunda decepción por lo que considera la falta de una respuesta firme de la Santa Sede ante la destrucción del patrimonio cristiano en la región y la situación de los miles de armenios que tuvieron que abandonar sus hogares tras la ofensiva militar de Azerbaiyán en 2023.
En una entrevista concedida a The Pillar, Beglaryan Artak, antiguo defensor del pueblo y exministro de Estado de la autoproclamada República de Artsaj, aseguró que «Azerbaiyán ha logrado impedir que el Vaticano apoye la protección de nuestros derechos y, especialmente, de nuestro patrimonio cultural».
«Respetamos profundamente a la Iglesia católica, pero estamos decepcionados por su silencio respecto al patrimonio cultural y a los derechos del pueblo cristiano, porque hemos sido objeto de una limpieza étnica también por ser cristianos», afirmó.
Más de 6.000 monumentos cristianos bajo control de Azerbaiyán
Beglaryan, fundador y presidente de la organización Artsakh Union, dedicada a defender los derechos de los antiguos habitantes de Nagorno Karabaj, explicó que la región alberga más de 6.000 monumentos históricos, en su mayoría iglesias, monasterios y cementerios cristianos, lo que la convierte en una de las mayores concentraciones de patrimonio cristiano del mundo.
Entre ellos destaca el monasterio de Gandzasar, construido en el siglo XIII y considerado uno de los principales símbolos del cristianismo armenio.
Según denuncia, desde que Azerbaiyán recuperó el control del territorio varias iglesias han sido demolidas o vandalizadas. Además, acusa a las autoridades azeríes de intentar borrar la identidad armenia de estos templos presentándolos como pertenecientes a la antigua Albania del Cáucaso.
Malestar por la relación entre el Vaticano y Azerbaiyán
Las críticas también alcanzan la creciente relación institucional entre la Santa Sede y Azerbaiyán. En los últimos años, la Fundación Heydar Aliyev, presidida por Mehriban Aliyeva —esposa del presidente Ilham Aliyev—, ha financiado importantes proyectos de restauración del patrimonio artístico del Vaticano, valorados en cientos de millones de euros.
Esa colaboración ha sido recibida con inquietud por parte de numerosos armenios, especialmente después de que en 2020 la Santa Sede concediera a Mehriban Aliyeva la Orden de Pío IX, una de las máximas condecoraciones pontificias.
La diplomacia vaticana apuesta por mantener el diálogo
Desde la Curia Romana, un cardenal que habló bajo condición de anonimato defendió la tradicional prudencia diplomática de la Santa Sede.
«La filosofía de la Santa Sede es mantener abiertos los canales de diálogo con todos», explicó, señalando que el Vaticano mantiene relaciones tanto con Armenia como con Azerbaiyán con la esperanza de poder desempeñar un papel positivo cuando surjan oportunidades de mediación.
Esa estrategia se ha visto reflejada recientemente en la visita a Bakú del prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, el cardenal George Koovakad, quien fue recibido por el presidente Ilham Aliyev y trasladó las buenas relaciones existentes entre ambas partes. Durante el encuentro, el mandatario azerí invitó al papa León XIV a visitar el país.
Poco antes, el Pontífice había recibido en audiencia a Aram I, catholicos de la Gran Casa de Cilicia de la Iglesia Apostólica Armenia. Responsables del Patriarcado armenio señalaron que desean preservar las buenas relaciones ecuménicas con la Santa Sede y evitar que las diferencias sobre el conflicto del Cáucaso deterioren los vínculos entre ambas Iglesias.
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Un patrimonio en riesgo
Para los representantes de la comunidad armenia desplazada, la preocupación va más allá del conflicto político. Consideran que está en juego la conservación de uno de los conjuntos de patrimonio cristiano más antiguos del mundo y lamentan que la comunidad internacional, incluidas las principales instituciones cristianas, no haya reaccionado con mayor firmeza.
«No vimos ningún apoyo tangible del mundo cristiano, y ese apoyo debía venir, ante todo, de la Iglesia católica, que es la institución cristiana más grande e influyente del mundo. Por eso sentimos una profunda frustración por su actitud pasiva», concluyó Beglaryan.