La iglesia armenia de San Santiago, en Stepanakert (Azerbaiyán), ha sido completamente destruida, según ha denunciado la diócesis de Artsaj en un comunicado publicado el 12 de abril de 2026. Tal como informa Tribune Chrétienne, la destrucción del templo se atribuye a las autoridades de Azerbaiyán, en el contexto posterior a la toma total del territorio en 2023.
La diócesis, actualmente refugiada en Armenia tras el éxodo forzado de la población armenia, ha expresado su “profunda tristeza” por la pérdida de un lugar que fue durante años centro de la vida litúrgica de la comunidad cristiana local.
Un templo central en la vida sacramental
La iglesia de San Santiago era un punto de referencia espiritual para miles de fieles que se reunían cada domingo para la liturgia y la recepción de la Eucaristía.
Su destrucción supone, en palabras de la diócesis, no solo la desaparición de un edificio, sino la eliminación de un lugar donde se sostenía la vida sacramental de una comunidad que hoy se encuentra dispersa tras su salida forzada del territorio.
Acusaciones de destrucción sistemática del patrimonio cristiano
El comunicado enmarca este hecho dentro de una serie más amplia de ataques contra el patrimonio religioso cristiano en Nagorno-Karabaj. La diócesis denuncia la destrucción o profanación de otras iglesias en los últimos años y habla de un proceso llevado a cabo de forma “sistemática, deliberada y a nivel estatal”.
En ese sentido, califica la situación como un “genocidio cultural”, al considerar que existe una voluntad de eliminar toda huella de la presencia cristiana armenia en la región.
Exilio y desaparición de una presencia histórica
Desde septiembre de 2023, tras la recuperación total del territorio por parte de Azerbaiyán, la práctica totalidad de la población armenia ha abandonado la zona y se ha refugiado en Armenia.
Este desplazamiento ha puesto fin a una presencia cristiana que se remontaba a siglos atrás. Iglesias, monasterios y cementerios no eran solo lugares de culto, sino también signos visibles de una identidad profundamente arraigada en la historia del Cáucaso.
Llamamiento ante la falta de reacción internacional
La diócesis denuncia también la falta de respuesta por parte de los organismos internacionales, a los que acusa de permanecer indiferentes ante la destrucción del patrimonio religioso.
Según advierten sus responsables, la desaparición progresiva de estos templos no afecta únicamente al pueblo armenio, sino al conjunto del patrimonio cristiano. La pérdida de estos lugares plantea, además, interrogantes sobre la protección de los sitios religiosos en contextos de conflicto y sobre el respeto efectivo de la libertad religiosa.
Privados de sus iglesias, los fieles armenios viven hoy en el exilio, con dificultades añadidas para la transmisión de la fe, estrechamente vinculada en su tradición a los lugares consagrados.
La diócesis ha reiterado su intención de seguir reclamando justicia y ha llamado a la comunidad internacional a intervenir para frenar lo que considera una destrucción continuada del legado cristiano en la región.