El cardenal Gerhard Ludwig Müller ha defendido que el conflicto entre la Santa Sede y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) no debe confundirse con el debate sobre la liturgia tradicional. En una entrevista concedida a EWTN News In Depth, el prefecto emérito del Dicasterio para la Doctrina de la Fe sostuvo que el verdadero problema es la negativa de la Fraternidad a someter las futuras consagraciones episcopales a la autoridad del Romano Pontífice.
«Son dos cuestiones absolutamente diferentes. Una es una cuestión de la dogmática de la fe y la otra es una forma de la liturgia», afirmó el purpurado alemán.
Müller insistió así en una idea que ha defendido en repetidas ocasiones: el apego a la Misa tradicional en latín no puede identificarse con una actitud de ruptura con la Iglesia ni con el rechazo al Concilio Vaticano II.
«En este momento no veo posibilidades de que rectifiquen»
El cardenal se mostró pesimista respecto a la posibilidad de que la Fraternidad renuncie a las consagraciones episcopales previstas para el próximo 1 de julio en el seminario de Écône.
«En este momento no veo posibilidades de una conversión por su parte», respondió al ser preguntado por la situación creada tras el anuncio de la FSSPX.
Las declaraciones llegan después de que el propio Müller propusiera durante el consistorio extraordinario responder doctrinalmente a la profesión de fe remitida por la Fraternidad al papa León XIV y al Colegio Cardenalicio, además de estudiar la creación de una estructura inspirada en la antigua Comisión Ecclesia Dei para acoger a los sacerdotes y fieles que eventualmente abandonen la Fraternidad si se produce una ruptura formal con Roma.
«Las ordenaciones sin el Papa son contrarias a la voluntad de Dios»
Aunque diferenció claramente la cuestión litúrgica del conflicto doctrinal, Müller recordó que «Las ordenaciones sin el Papa son absolutamente imposibles; son contrarias a la voluntad de Dios».
El cardenal sostuvo que quienes procedan a ordenar obispos sin mandato pontificio incurrirán en excomunión y subrayó que no se trata de una apreciación subjetiva, sino de una consecuencia derivada de la naturaleza misma de la Iglesia y del ministerio episcopal.
La comparación con los donatistas
Durante la entrevista, Müller recurrió a uno de los grandes cismas de la Antigüedad para ilustrar la situación actual de la Fraternidad.
«Deberían aprender del ejemplo de los donatistas», afirmó.
El donatismo fue un cisma surgido en el norte de África durante el siglo IV que terminó rompiendo la comunión con la Iglesia y al que san Agustín dedicó buena parte de su ministerio episcopal. Müller recordó además que León XIV pertenece precisamente a la Orden de San Agustín, estableciendo así un paralelismo entre el santo que combatió aquel cisma y el Papa que afronta ahora la crisis con la FSSPX.
El purpurado añadió además que san Pío X —patrono de la Fraternidad— «rezará contra quienes abusan de su nombre». Con esa afirmación, contrapuso la figura del pontífice que defendió la autoridad del Romano Pontífice y combatió los errores doctrinales de su tiempo al camino emprendido ahora por la Fraternidad.
La liturgia no es el problema
Müller quiso dejar claro que el uso de la liturgia tradicional no constituye el origen del conflicto, afirmando que «muchas personas de buena voluntad prefieren la Misa tradicional en latín», diferenciando expresamente esa opción litúrgica de la negativa a reconocer la autoridad del Romano Pontífice.
Insistió en que el aprecio por la liturgia tradicional no puede convertirse en un argumento para justificar una ruptura de la comunión eclesial y volvió a criticar a los obispos que han restringido o prohibido su celebración, calificando esas decisiones de «autoritarias».
La respuesta de Roma y de la Fraternidad
Las declaraciones del prefecto emérito se producen pocos días antes de las consagraciones anunciadas por la FSSPX y después de que el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor Manuel Fernández, advirtiera que seguir adelante con ellas constituiría «un acto cismático».
El propio León XIV reconoció recientemente que estaba valorando realizar un último llamamiento a la Fraternidad antes de las consagraciones, aunque señaló que el principal obstáculo sigue siendo el rechazo de algunos elementos fundamentales del Concilio Vaticano II.
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Por su parte, la FSSPX mantiene que las futuras consagraciones no supondrán una ruptura de la comunión con Roma. El pasado 24 de junio remitió al Papa y al Colegio Cardenalicio una Declaración de fe católica de 28 páginas en la que reafirma su adhesión a la doctrina católica, la liturgia tradicional y su interpretación de las cuestiones doctrinales discutidas desde el Concilio Vaticano II.
«No deberían participar en las misas de sacerdotes y obispos cismáticos»
Preguntado por los fieles que habitualmente asisten a las celebraciones de la Fraternidad, Müller respondió que, si finalmente se consuman las consagraciones y se produce el cisma, «no deberían ir ni pueden participar en las misas de sacerdotes y obispos cismáticos».
El cardenal concluyó recordando que ser católico implica aceptar no solo los grandes dogmas de la fe —como la Trinidad, la Encarnación o la salvación en Jesucristo—, sino también la naturaleza sacramental de la Iglesia, que definió como «la presencia visible del Cuerpo de Jesucristo» y no simplemente como una institución para actividades religiosas o sociales.