Los obispos franceses convocan una novena por la vida ante el regreso de la ley de eutanasia al Parlamento

Los obispos franceses convocan una novena por la vida ante el regreso de la ley de eutanasia al Parlamento

La propuesta de ley que pretende legalizar la eutanasia y el suicidio asistido en Francia vuelve esta semana a la Asamblea Nacional para una tercera lectura parlamentaria. Ante la reapertura del debate, los obispos franceses han convocado una novena por la vida que se desarrollará entre el 22 y el 30 de junio, fecha prevista para la votación del texto, e invitan a los católicos a rezar para que se respete la dignidad de toda vida humana.

En un mensaje difundido con motivo del inicio de esta nueva fase legislativa, el episcopado francés recuerda que «no se cuida la vida poniéndole fin, sino acompañándola con atención hasta el final» y pide a los fieles que se unan espiritualmente en defensa de los enfermos, los ancianos y las personas más vulnerables.

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Francia reabre el debate sobre la eutanasia

La iniciativa legislativa que regresa ahora a la Asamblea Nacional contempla la legalización tanto de la eutanasia como del suicidio asistido, una posibilidad que hasta ahora ha suscitado una fuerte oposición por parte de la Iglesia católica y de numerosos profesionales sanitarios.

Desde el inicio de la tramitación parlamentaria, los obispos franceses han insistido en que la respuesta al sufrimiento no puede consistir en provocar deliberadamente la muerte del paciente, sino en ofrecer un acompañamiento humano, médico, espiritual y afectivo que responda verdaderamente a sus necesidades.

Los obispos se apoyan en las palabras de León XIV

En su mensaje, los obispos franceses evocan expresamente el reciente discurso pronunciado por León XIV ante las Cortes Generales de España. El Papa recordó entonces que «la defensa de la vida humana no es ni una cuestión parcial ni un interés confesional: es un objetivo de civilización».

El Pontífice añadió además que toda vida humana debe ser protegida desde la concepción hasta su final natural y afirmó que la grandeza moral de una nación se manifiesta en su capacidad para acompañar y proteger a quienes atraviesan situaciones de mayor fragilidad.

Para los obispos franceses, estas palabras adquieren una especial relevancia en el contexto actual, cuando el Parlamento se dispone a debatir nuevamente una ley que podría modificar profundamente la relación de la sociedad francesa con la enfermedad, la dependencia y la muerte.

Una novena para pedir la protección de toda vida humana

La iniciativa promovida por la Conferencia Episcopal Francesa propone nueve días consecutivos de oración con intenciones específicas dedicadas a los enfermos, los profesionales sanitarios, las familias, las personas solas y los propios parlamentarios encargados de votar la ley.

Los obispos invitan a acompañar cada intención con el rezo del Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria, pidiendo que el Espíritu Santo ilumine las conciencias durante los debates parlamentarios.

La primera intención está dirigida precisamente a los diputados franceses para que orienten sus decisiones «por el camino de la vida» y para que sea reconocida, protegida y respetada la dignidad de toda persona humana.

Más que una cuestión legislativa

Para la Iglesia en Francia, el debate abierto en torno a la eutanasia y al suicidio asistido trasciende el ámbito estrictamente jurídico. Lo que está en juego no es únicamente una modificación legal, sino la concepción misma de la persona humana y la forma en que una sociedad decide responder ante la enfermedad, la dependencia y el sufrimiento.

La reapertura del debate parlamentario llega además en un contexto europeo marcado por la expansión de las legislaciones favorables a la eutanasia. Mientras algunos gobiernos presentan estas medidas como nuevos derechos individuales, sus críticos advierten de que terminan alterando la misión fundamental de la medicina y debilitando la protección de las personas más vulnerables.

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Con esta novena, los obispos franceses buscan recordar que una sociedad verdaderamente humana se mide por su capacidad para cuidar, acompañar y proteger a quienes sufren, no por la facilidad con la que ofrece mecanismos para adelantar la muerte.

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